Sociedad

Impactante: así se ve una hamburguesa de McDonald’s tras diez años

Efectivamente, tal cual indica el mito, a diez años de compradas, la hamburguesa y las papas fritas parecen muy bien preservadas

viernes 1 de noviembre de 2019 - 11:38 am

¿Las hamburguesas de McDonald’s son imperecederas a partir de la cantidad de conservantes que tienen? Es uno de los mitos que circulan entre los consumidores de la cadena de comida rápida y parece que hoy podemos dar con una respuesta certera.

Quien decidió guardar por más de diez años una hamburguesa y unas papas fritas de este local es el islandés Hjortur Smarason, gerente de comunicaciones de una empresa especializada en turismo espacial. Ocurre que el 31 de octubre del 2009, Islandia decidió cerrar todos sus locales de McDonald’s y Hjortur compró uno de los últimos combos y lo conservó. Después de pasar un tiempo en su garaje, la comida fue trasladada al Museo Nacional de Islandia y después ubicada en un hotel en Reikiavik.

“Decidí comprar la última comida por su valor histórico, ya que McDonald’s estaban cerrando”, aseguró Hjortur en diálogo con la agencia AFP. Y agregó: “Había oído que la comida de McDonald’s nunca se descompone, así que sólo quería ver si era la verdad o no”.

Así se encuentran las hamburguesas y las papas fritas

Efectivamente, tal cual indica el mito, a diez años de compradas, la hamburguesa y las papas fritas parecen muy bien preservadas.

Los productos ahora se encuentran expuestos en el hostal Snotra House de la ciudad de Thykkvibaer (el sur de Islandia), protegidas por una vitrina especial. Según el propietario del establecimiento, Sigurdur Gylfason, gente del todo el mundo llega al hostal para ver la comida.

La palabra de McDonald’s

Sobre este mito, McDonald’s dijo en 2013 que “en un ambiente adecuado, nuestras hamburguesas, como la mayoría de los alimentos, podrían descomponerse”, contribuyendo a ellos la humedad.

Esa es la razón por la que, en condiciones de sequedad ambiental, “solo se secan”, sin que aparezca moho o bacterias, sostiene Bjorn Adalbjornsson, profesor de la Universidad de Islandia. Además, en este caso la comida está protegida por una vitrina, lo que ralentiza el proceso de descomposición.

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