Opinión

Nada apoteótico

Luis Novaresio

Periodista argentino. Conductor de LNE, por A24, y de Radio La Red.

lunes 28 de octubre de 2019 - 2:43 pm

Columna publicada originalmente en Infobae

El 27 de octubre no ofreció ninguna apoteosis. Ni la que esperaba Mauricio Macri ni la de Alberto Fernandez. No fue la brillantez de un triunfo arrollador para el peronismo ni la remontada titánica del oficialismo. La ciudadanía consagró presidente a la oposición por un margen, acomodado para las reglas del balotaje argentino pero modesto para las aspiraciones K, y consolidó al presidente saliente como el líder de la oposición con un 40% de las voluntades. Sin estruendos extras para señalar.

Alberto Fernández acaba de tocar con sus manos el cielo de sus deseos diseñado por Cristina Kirchner y sostenido por el fracaso de toda la política económica de Cambiemos. Si Cristina parió a Macri en el sillón de Rivadavia, Macri es en enorme medida el progenitor de Alberto en la cabeza del ejecutivo. Alberto es presidente pero no a las atropelladas como pretendían sus seguidores y los dueños de la equivocación con deliberación, repetición y alevosía de los encuestadores. No son pocos los 8 puntos de diferencia respecto de Macri. No son los 10 o 15 que se especulaban hasta que aparecieron los datos sobre las 21 de ayer. De paso: a las 9 de la noche, ya se habían contabilizado casi las dos terceras partes de los sufragios poniendo más en duda lo que había ocurrido el 11 de agosto.

¿Ocho puntos lo hace menos presidente? Claro que no. Sí, un presidente con más obligación al diálogo y al respeto de la base de la democracia que es el gobierno de la mayoría pero con especial atención y respeto a las minorías. Y no sólo se habla de las necesidades de acuerdos parlamentarios. Especialmente se tiene aquí en cuenta la voluntad de consenso de ser un presidente para todos y no un líder solo de los propios.

Mauricio Macri tuvo su tercera muestra de apoyo ciudadano. Ganó las elecciones de 2015, se impuso en 2017 y en 2019, a pesar de la catastrófica situación económica que impuso con su gobierno, recibió 4 de cada 10 votos. No le alcanzó esta última vez. Pero no es poco ¿Por amor a él o por espanto al kirchnerismo? Poco importa. Hizo crecer el tradicional sufragio no peronista del 30 al 40 por ciento histórico a pesar de la inflación desbocada y el parate en el trabajo y la producción. ¿Es el líder de la oposición? Puede aspirar a serlo. Rodríguez Larreta (¡55% de los votos!) podría terciar en la disputa. ¿Vidal? No parece. Ni por su magro 38% contra el 52 de Kicillof ni por el achaque que le hacen los propios de no haber remontado en su territorio como sí ocurrió en Córdoba, Santa Fe y Mendoza. “Mariu se entregó antes”, se escuchó decir en la Rosada.

Por lo demás, no hay casi tercera fuerza. Lavagna, Espert, Centurión y la izquierda no movieron el amperímetro de la política argentina. Ganó la polarización azuzada por Durán Barba y Cristina.

La transición comienza con incógnitas. El presidente Macri y la gobernadora Vidal tuvieron discursos de reconocimiento de la derrota muy correctos. Sus pares del Frente de Todos no hablaron, en cambio, como presidente y gobernador electo de todos sino todavía como candidatos de un sector que quería oírlos quejosos y criticones de los que hoy gobiernan. Dio la impresión que Alberto y Axel sucumbieron al enojo y el adjetivo achacoso contra el PRO antes que a mostrarse como líderes de todos y todas en sus respectivos territorios. Habrá que dejar bajar la espuma del día electoral para verlos proceder desde la jornada de hoy.

En cualquier caso, la realidad negra de la economía y del humor social actual más la ausencia de apoteosis en los resultados, debería ubicarlos a todos, los nuevos oficialistas y opositores, en el reclamo constante de mayor serenidad discursiva y un sincero deseo de concertación con todos, bajo amenaza de parecernos a los vecinos continentales.

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