Opinión

El error de Mauricio Macri que Alberto Fernández no debería repetir

María Herminia Grande

Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Periodista y escritora.

martes 22 de octubre de 2019 - 3:08 pm

Columna publicada originalmente en Infobae

El debate presidencial del domingo pasado estuvo precedido por una enorme marcha- sus organizadores dicen “la clase media tomó la calle”- de adhesión a los “Sí, se puede” del candidato y presidente Mauricio Macri. Hasta aquí una lectura lineal. Guardo para mí que el grueso de los participantes se movilizaron contra lo que representa Cristina Fernández de Kirchner. Para esta porción de la ciudadanía, la ex Presidenta es sinónimo de corrupción.

El mal llamado debate viró hacia un ring sin sangre, pero lleno de grieta. Los uppercuts estuvieron llenos de corrupción y pasado. Macri con sus “ellos” recurrió al viejo manual de “Yo o el caos” y sus variantes. Alberto Fernández, tras bajar el tono de agresividad con el que se presentó en el primer debate, respondió en esta oportunidad con mayor serenidad pero golpe por golpe.

La semana pasada planteaba, tras el debate en Santa Fe, la ausencia del cómo. Cómo salir de una Argentina sumergida en tantas pobrezas. Después del debate del domingo último, me pregunto dónde está el “y”, ese nexo necesario para cualquier política post 27 que se quiera aplicar. El “y” es la letra posibilitadora de los consensos. Si nos quedamos sólo con lo expuesto a través de los dos debates, la conclusión es que la grieta goza de buena salud.

Tal el formato que hoy tienen los supuestos debates, es muy difícil que modifiquen sustancialmente el voto de los ciudadanos. Un ejemplo. Guillermo Vagni, de “Políticos en redes”, me contó que según sus mediciones Espert fue el candidato que más se lució, logrando lo que no había conseguido ningún candidato ajeno a la polarización: llegó a una audiencia mayor posicionándose mejor a las elecciones del domingo. La gente siguió el debate como un show en donde aparentemente el que se equivoca, se traba o se enoja, pierde.

Roberto Lavagna, quien no rindió a la hora de los debates, sí en ambos dejó planteado temas de fondo: el 40% de la pobreza y el desborde demográfico de los conurbanos.

El domingo también se festejó el “Día de la Madre” y según CAME las ventas cayeron un 13,3%, y donde más se evidenció es en el rubro artículos del hogar: -16,3%. Esto no es realismo mágico.

Terminado el debate, los más estrechos colaboradores de Fernández mencionan que “no habrá balotaje” y que el candidato se desembaraza a partir de ahora de la grieta: “Se la cedemos, les pertenece”. Consultados en cuanto a la transición, manifiestan que “no hay espacio para una transición desordenada, debe primar la cordura porque post 11/8 la macro y la microeconomía empeoraron mucho”.

Macri está convencido, luego de la multitud que fue tocando en primera persona después del 24 de agosto, cuando su gente salió a buscarlo, de que puede dar vuelta la mala elección de las PASO y pasar así a la cartelera grande de la historia argentina. Las multitudes, cuando no se está acostumbrado a ellas, pueden emborrachar tanto como el exceso de alcohol. Al igual que este último, hay que saber cómo vincularse, entenderlas y conducirlas. En caso de perder la elección, ¿está Mauricio Macri post 27, preparado y convencido de asumir el rol de dirigente político de la oposición? El rol de un político es igual de importante al de un pastor. Ambos son importantes, pero se diferencian en los tiempos. A un dirigente político sus seguidores le reclaman el cumplimiento de sus promesas aquí y ahora. A un religioso se le permite que la concreción se traslade a otra vida.

El ex presidente de la UCR José Corral me dijo: “Valoramos que el Presidente finalmente nos haya oído cuando le reclamábamos cercanía con la gente y más territorialidad, que evidentemente faltó en las PASO. Basta recordar los actos donde había que inscribirse previamente para poder entrar. También valoramos el acompañamiento de la clase media que se manifestó en la calle”.

Claramente Corral entiende que el curso acelerado de política del presidente Macri –que no es ni nueva ni vieja, es política- para tener chances debió practicarse previo a las PASO. A propósito del radicalismo y su relación con el PRO post 27, están quienes creen que la continuidad está asegurada pero con liderazgos colectivos plurales. Quienes sostienen esta tesis de alguna manera sienten que la realidad los obliga y dan como ejemplo la base firme de integración en Capital y provincia de Buenos Aires. En provincia, para controlar el Senado ambos se necesitan. Otros radicales no hablan de una UCR dividida pero admiten que tomarán caminos diferentes. Que habrá realineamientos, los cuales se vienen gestando, y el sustento lo definen como ideológico. Sobre la primera postura, surge una incógnita: ¿cómo lograría Cambiemos en un país presidencialista, ir hacia un formato real de coalición como el propuesto por este sector del radicalismo?

El contexto de zozobra internacional y de cercanía debe ser contemplado por el próximo Presidente especialmente. Si el turno es de Alberto Fernández, tiene la chance de mostrar al mundo un capitalismo con rostro humano para Latinoamérica. Ahora bien, así como Mauricio Macri ganó las elecciones y sólo se rodeó de sus amigos del Cardenal Newman -lo que considero es parte de su fracaso-, si Alberto Fernández no respeta en su gobierno la expresión de todo el peronismo que incluye al kirchnerismo corre riesgo, también, de equivocarse.

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