Opinión

La prensa canalla, la mentira y los equipos que siempre estuvieron

Pablo Avelluto

Periodista y editor que ocupa el cargo de Secretario de Gobierno de Cultura, en el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología y Cultura de la Nación Argentina.

Ni vaciamiento, ni desguace, ni desvalijamiento. Enterate cómo opera el periodismo militante en campaña

miércoles 9 de octubre de 2019 - 7:51 pm

Columna publicada originalmente en Medium.com

El 10 de diciembre de 2015 asumí el cargo de Ministro de Cultura de la Nación. O al menos, de lo que quedaba del Ministerio de Cultura de la Nación, tras haber sido convertido en un caos administrativo, sin registros confiables de Recursos Humanos, sin licitaciones, con una contabilidad oscura, endeudado en cientos de millones de pesos y plagado de trampas y encerronas.

Junto a un grupo de profesionales valiosos y valientes constituimos un equipo de trabajo en las primeras semanas que debió desactivar la serie de bombas de tiempo dejadas voluntaria o involuntariamente por nuestros antecesores. Entre las personas que se acercaron a colaborar, de manera ad-honorem, estuvo Carolina Azzi, cineasta independiente y directora de varios documentales, quien tomó a su cargo la tarea de evaluar el área audiovisual del Ministerio.

Una repartición fantasmal ocupaba una casa alquilada en Villa Crespo en la calle Vera. Alguna vez, durante la gestión anterior a la de Teresa Parodi, había recibido el grandilocuente nombre de CePIA, Centro de Producción e Investigación Audiovisual. Había sido dotado de equipos y una larga lista de empleados. En la casa de la calle Vera se suponía que debían trabajar diariamente más de 70 personas según los registros que constaban en el Ministerio. Hacia allí fue Azzi. La sorpresa fue grande a su llegada. Apenas un puñado de personas estaban en el inmueble. La razón era simple: hacía casi dos años que el tal CePIA llevaba produciendo poco y nada y sus empleados habían decidido de motu propio dejar de ir a trabajar, o apenas pasar por allí unas pocas horas. Apenas si se generaban dos microprogramas semanales para la Televisión Pública. Según informaron los responsables del CePIA a Azzi, uno de los últimos trabajos realizados allí había sido la producción y edición del cortometraje “Un concepto sudamericano” de Florencia Kirchner, aunque este material nunca pudo ser hallado ni aparece entre los materiales de la cineasta. Aquellos más de 70 sueldos se sumaban a la enorme masa de salarios con que el gobierno anterior había hecho crecer hasta lo inconmensurable el ya de por sí gigantesco gasto de todos los argentinos.

Una de las primeras medidas que tomamos fue la discontinuidad del CePIA junto a otros programas y, unos meses después, la cancelación del contrato de alquiler en Villa Crespo. Se reubicó a una pequeña cantidad de personas en áreas afines a su especialidad y se prescindió del resto. La propia Azzi se ocupó en los primeros días de 2016 de supervisar el traslado del equipamiento audiovisual desde el inmueble de la calle Vera a la sede del Ministerio de Cultura en la calle Alsina al 400, donde funcionaba entonces el área de Comunicación. Unas semanas después, ya organizada la planta ejecutiva de Cultura, Azzi dejó de colaborar con el Ministerio. Jamás cobró un sólo peso del Estado. Y por supuesto, jamás se quedó con nada que no le perteneciera.

En el contexto de los reclamos por parte de un sector minoritario de la Asociación de Trabajadores del Estado frente a los despidos, tiempo después comenzó a circular de manera marginal por las redes sociales y en algunos medios partidarios vinculados al kirchnerismo una noticia falsa según la cual Azzi se habría llevado aquel equipamiento con destino incierto. La “evidencia” era un papel en el cual constaba la lista de equipos que se habían retirado con su firma. Lo cual era perfectamente lógico, ya que era la manera de verificar que esos mismos equipos que salieron de un lugar fueron los que llegaron a su destino final en la sede de Cultura de la calle Alsina.

Esta denuncia falsa fue replicada por el periodista Alejandro Bercovich en un espacio en C5N en aquel momento. Ahora el tema ha vuelto de la mano del mismo Bercovich, en el mismo medio, acompañado de imágenes provenientes de las cámaras de seguridad del inmueble de la calle Vera donde se la ve a Azzi supervisando el retiro de los equipos, tal y como se hizo, y dando a entender que se trató de un “vaciamiento”, un “desguace” o incluso un “desvalijamiento”.

Por supuesto, las reacciones de un sinnúmero de trolls kirchneristas no se hicieron esperar y los comentarios de personas engañadas en su buena fe tampoco. Una mujer es vista retirando equipamiento de un lugar y un periodista alude al vínculo sentimental que la une a un funcionario. En la prensa canalla eso es suficiente para armar una denuncia. Con eso alcanza. A partir de allí se construyen una noticia falsa y una difamación. El periodista y el medio comparten un universo ideológico que repudia las ideas del funcionario y del gobierno que el funcionario integra. Vale todo. Todo sirve. Cualquier recurso es legítimo para hacer periodismo canalla. Exactamente igual a lo que se hacía durante la última dictadura militar. Bercovich hubiera pasado desapercibido entre aquellos que escribían acerca de la “campaña anti argentina”. Su procedimiento era exactamente el mismo: sobreinterpretar disfrazando la interpretación de información. Así se hacen todas las operaciones de prensa. No le falta ni le sobra nada. Los voceros mediáticos del kirchnerismo son lo que siempre han sido.

Desde luego, la verdad es otra. Todos los equipos están y estuvieron siempre donde deben estar, en la hoy Secretaría de Gobierno de Cultura de la Nación, patrimonializados e inventariados como corresponde y como no era práctica habitual en los años anteriores a 2016. Y son utilizados para difundir las actividades y los programas que llevamos adelante y de los que estamos orgullosos. La mentira, como decían las abuelas, tiene patas cortas. El machismo arcaico de Bercovich al referirse a una mujer como “la novia de” daría para otro texto, pero escribir sobre canallas y machistas es agotador y sería darle entidad intelectual a quien carece de ella.

Nota del autor: Este texto fue enviado al Canal C5N como pedido de Derecho a Réplica con relación al documental exhibido en el programa “Brotes Verdes”, que conduce el periodista Alejandro Bercovich el pasado martes 17 de septiembre. En el marco de ese programa se incurrió deliberadamente en un sinfín de falsedades, que fueron vertidas con una irresponsable despreocupación por la búsqueda de la verdad. Es sabido que la existencia de una prensa libre e independiente tiene una importancia fundamental para la vigencia del sistema democrático de gobierno y que posibilita que los ciudadanos puedan estar informados y puedan decidir sobre las cuestiones que los afecten. Sin embargo, ello no implica en modo alguno que no incurra en responsabilidad quien, con pleno conocimiento de la falsedad de lo que dice y con el único propósito de lograr el desprestigio y el descrédito de un tercero, lo ofenda y haga pública esa ofensa. Me siento agraviado por las falsedades vertidas en el programa mencionado y solicito que, a fin de que la población sea correctamente informada y en ejercicio del derecho que consagra el art. 14 punto 1º de la Convención Americana de Derechos Humanos, se haga pública la nota que acompaño a la presente, del mismo modo en que lo ha sido la información falsa, esto es, en el mismo programa “Brotes Verdes”. De igual modo, solicito que la carta sea leída sin cortes ni ediciones, a fin de poder ejercer correctamente mi derecho.

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