Opinión

Todos los alimentos procesados tienen “sag” sal, azúcar y grasa

María Alejandra Rodríguez Zía

Médica Endocrinóloga

miércoles 18 de septiembre de 2019 - 2:21 pm

La industria alimentaria “depende de los tres pilares de la comida chatarra”: el azúcar, la grasa y la sal. Las “dosis” son elegidas con precisión para hacer feliz a los consumidores y que vuelvan a comprar los mismos productos.

Las sustancias de los alimentos se alteran químicamente y se adapta la cantidad de éstas según el país y la edad de los consumidores donde se comercializan.

La sal, al igual que el azúcar, también es refinada para potenciar su sabor y acelerar su metabolización, práctica que lleva más de dos décadas utilizándose para elaborar las papas fritas, y el principal ‘truco’ que las hace irresistibles”. Si se quita un poco de sal o azúcar o grasa de los alimentos procesados, ya no sabrán igual.

Un alimento procesado es aquel que no puede encontrarse en la naturaleza como tal, es decir un alimento que como su nombre lo indica ha seguido un proceso de transformación; puede ser a través de la cocción, el ahumado, la deshidratación el congelado, la conservación de cualquier manera o su cambio de sabor respecto de la adición siempre de productos químicos.

Por ejemplo, el más difundido que ha invadido el planeta y ha generado entre otras cosas la epidemia de obesidad, es el jarabe de maíz de alta fructosa, obviamente sacado del maíz. En su inicio el maíz nos aporta fructosa desde su composición natural pero al ser extraído un elemento en particular y concentrar transformado en jarabe es uno de los principales paradigmas que hoy conocemos como alimento procesado que desde ya es un gran adictivo.

Los alimentos procesados con este trío que más frecuentemente se consumen, podemos verlos a la entrada de los supermercados en las góndolas en exposición, se encuentra casi siempre paquete de papas fritas, con un enorme estudio previo hasta de los colores que tienen los paquetes. Este producto es una de las peores.

Luego siguen las galletitas saladas, las facturas y cualquier combinación en donde el harina Blanca mezclada con la sal, la grasa y el azúcar. La harina y el azúcar cumplen una misma función en nuestro cuerpo termina subiendo el azúcar en la sangre. Harina y azúcar de una manera indirecta se terminan desdoblando y generando glucosa alta en sangre.

Este Trío sin ninguna duda, está estudiado para que no podamos parar: una persona puede no poder parar de consumir en forma inconsciente y por el impacto en las papilas gustativas.

SAG y OBESIDAD

Las consecuencias en la salud por consumir la combinación de sal azúcar y grasa es la obesidad. A la medida que va aumentando el porcentaje de grasa en el cuerpo, especialmente la grasa visceral, la abdominal, va subiendo la presión: a más grasa abdominal más presión arterial.

Con el paso de los años, comiendo de esta manera, lentamente el proceso se va a generar la arteriosclerosis con un camino hacia el infarto cardiovascular y por supuesto también puede ser cerebral. En relación a esta misma evolución está la complicación de la diabetes tipo 2.

Estas son las patologías más diseminadas en el mundo occidental justamente por como se ha diseminado la forma de comer productos procesados con este trío con un estudio de alto nivel en producir la adicción de las personas.

No hay cuidado por la salud de las personas, pero si hay un gran cuidado en la bioquímica de estos alimentos para que sean efectivamente aditivos.
Debemos poner el énfasis en que la alimentación procesada con este trío, porque es la generadora de la principal falta de muerte en occidente.

COMO CONSUMIR MENOS SAG

Como estilo de vida, además de huir de la esclavitud de consumir productos en base a SAG, lo óptimo es alejarse de comprar productos empaquetados.

Nada que venga directamente de la naturaleza va a venir empaquetado mucho menos etiquetado.

No le sirve a nadie leer etiquetas: tomar un producto empaquetado y leer su etiqueta es una pérdida de tiempo. Primero por ser incomprensibles llenos de siglas, de códigos muchas veces difíciles de interpretar y muchas veces ausencia total de lo que debería legalmente tener la descripción de todos sus componentes. Es sin dudas una pérdida de tiempo y un enorme engaño tanto para profesionales de la salud como para consumidores.

Debemos comprar productos sin empaquetar, comprar en verdulerías, pescaderías, carnicerías, dietéticas, aquellos lugares y aquellos productos embolsados como por ejemplo las legumbres, las nueces, los frutos disecados, que están allí, a la vista y que la naturaleza no se entrega y que no están modificados. De esta manera volveremos a tener una alimentación más saludable, como era antes de la industrialización.

Poco a poco nos vamos a dar cuenta que la adicción va disminuyendo.

Cuando un adicto comienza un tratamiento, lo primero que se le sugiere, es que no vaya, que deje de frecuentar aquellos lugares donde tenía más a mano la droga.

De alguna manera ocurre lo mismo en cuanto al hábito: no acudir “a dónde está la papa frita” en el supermercado.

Al no entrar a esos lugares ya comenzó a alejarse. Posteriormente va a ver que su saciedad y su ansiedad por comer poco a poco se irá modificando su estilo y su calidad de alimentación. De este modo, esto va a redundar en su salud, en su panza, en la disminución de su presión arterial. Como no se instaló de un día para otro, tampoco se va a desinstalar de manera rápida pero el proceso es efectivo. Será el mejor camino para prevenir la mayor cantidad de enfermedades que proceden de comer este trío.

COMENTARIOS