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Fue al hospital por una tos fuerte, pero el desenlace fue brutal

La mujer creyó que podía tener un virus de poca importancia, pero los médicos que la investigaron debieron tomar una drástica decisión: "Ha sido completamente devastador y ha cambiado mi vida", sentenció la mujer

martes 17 de septiembre de 2019 - 11:49 am

Una señora de 51 años acudió al hospital por una fuerte tos, pero el desenlace fue brutal: le amputaron dos piernas y un brazo. El hecho ocurrió en la localidad de Merthyr Tydfil, Gales y trascendió en los últimos días por un peculiar motivo.

Jayne Carpenter ejercía la enfermería hasta que tuvo que dejarlo todo después de perder las piernas, cuatro dedos de su mano derecha y parte del brazo izquierdo, según consignó el sitio Daily Mail.

La mujer contó que acudió al hospital debido a una fuerte tos que padecía, la cual le producía una flema de color oscuro. En ese momento pensó que podría tratarse de algún tipo de virus, aunque algo sin tanta importancia.

En ese marco, los médicos que la atendieron pensaron que Carpenter tenía una neumonía. Sin embargo, de a poco su salud comenzó a empeorar hasta entrar en un estado de coma. Al investigar en profundidad la posible causa de la situación de la mujer, los especialistas determinaron que la afección que sufría era una sepsis, y que por tanto, si no quería perder su vida, solo había una salida: amputar sus extremidades.

“Ha sido horrendo. Hubo tres años en los que estuve cerca de acabar con mi vida. Es como un proceso de duelo, me he afligido por la vida que una vez tuve”, relató la exenfermera, cuya historia de vida cobró notoriedad el pasado 13 de septiembre, cuando se celebró el ‘Día mundial de la sepsis’.

En ese sentido, agregó: “Ha sido completamente devastador y ha cambiado mi vida. Tener sepsis es algo que nunca predices que te sucederá. No he dejado que me derrote, pero tengo mis momentos oscuros“.

Y concluyó: “Es como un proceso de duelo, me he afligido por la vida que una vez tuve y la capacidad de hacer muchas de las pequeñas cosas que dan por sentado, como poder nadar. No puedo ponerme mis propias joyas, confío en que mi esposo se ponga mis zapatos, me quita la feminidad. Trato de hacer todo lo que puedo pero tengo que pedirle a mi esposo Robert que haga muchas cosas, ha sido una verdadera roca“.

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