Opinión

Nadie es perfecto

John Carlin

Escritor y periodista británico. Su actividad profesional se ha centrado en política y deporte

Un desopilante “diálogo” entre Boris Johnson y Donald Trump

domingo 8 de septiembre de 2019 - 9:00 am

Columna publicada originalmente en La Vanguardia

El presidente de Estados Unidos está en el despacho oval viendo dibujos animados en la televisión. Suena el teléfono. Es el primer ministro del Reino Unido.

Boris Johnson: Hola, Donald. Tengo un problema.

Donald Trump: Para los amigos, Boris, lo que haga falta. Para ti, para Vladímir, para Kim, para Mohamed bin Salman, para el presidente aquel de Brasil…, aquí estoy, siempre dispuesto a ofrecer buenos consejos.

Boris: De eso se trata. De tus consejos. Los que me diste en la cumbre de Biarritz hace un par de semanas.

Donald: Perfecto. ¿Y leíste mi libro, El arte de la negociación, como te dije?

Boris: También.

Donald: El mejor libro de la historia.

Boris: Sí, Donald. Pero estoy en un lío.

Donald: Me sorprendes.

Boris: El maldito Brexit. No lo tenía nada claro, como recordarás, pero fuiste tú el que me aconsejó hace tres años y medio que optara por salir de la Unión Europea.

Donald: Obvio. Vladímir estaba de acuerdo conmigo. Hay que romper ese bloque. Además, como te expliqué, una vez que tu país se escape del yugo de Bruselas, podrán entrar mis socios en Trump Inc. a privatizar ese sistema comunista de salud pública que tienes allá. Mis granjeros de Iowa podrán venderte pechugas de pollo lavadas con cloro, como es la costumbre aquí, pero en Europa, inexplicablemente, se prohíbe…

Boris: También me dijiste que el Brexit era mi mejor apuesta para llegar a ser primer ministro.

Donald: ¿Y qué? ¿Me equivoqué?

Boris: No, Donald. No.

Donald: ¿Entonces? ¿Cuál es el problema?

Boris: El problema, Donald, es que puede que no dure ni dos meses en el poder.

Donald: Pues ha llegado la hora de hacerme caso y poner mis consejos en práctica.

Boris: Ya lo hice. Los seguí al pie de la letra. Aquí tengo tu libro. “Lo peor que puedes hacer en una negociación –escribiste– es dar la impresión de que estás desesperado por lograr tu objetivo. Si el otro lado huele sangre, estás muerto”.

Donald: Exacto. Mira, yo sé de esto. Estás negociando con los europeos y quieres llegar a un acuerdo en el que ellos cedan en todo. El objetivo, como me contaste, es salir de la Unión Europea sin perder ninguna de las ventajas de estar dentro. Seguir siendo miembro del club sin pagar las cuotas o atenerse a sus reglas. ¿Correcto?

Boris: Correcto.

Donald: Y te expliqué que la clave era hacerles creer que si no se rinden, si tienes que salir sin acuerdo, ningún problema. Se joderían ellos más que tú.

Boris: Sí, esa fue la impresión que luché por dar. Aunque tú y yo sabemos perfectamente bien que sin acuerdo los que nos joderíamos de verdad seríamos nosotros, los británicos.

Donald: ¿Entonces, qué? ¿No lograste engañarles?

Boris: No. Pero lo peor fue que no pude ni siquiera engañar a los míos.

Donald: No te entiendo.

Boris: Hay 21 diputados de mi partido que se oponen a la jugada que me propusiste. Los traidores, sumados a los partidos de oposición, tienen mayoría en el Parlamento. Dicen que hay que quitar de la mesa la opción de salir sin acuerdo.

Donald: Entonces amenaza con echar a los 21 de tu partido.

Boris: ¡Los amenacé! Leí tu libro, Donald. Leí eso que dijiste de que si la gente te trata mal debes tratarles peor.

Donald: Exacto. A mis partidarios republicanos en el Congreso les he dejado claro que si se me oponen, fuera. Los tengo amarrados como corderitos.

Boris: Pues aquí no. Los 21 votaron contra mí esta semana y aunque cumplí la amenaza y los expulsé del Partido Conservador, sin excluir al nieto de Winston Churchill, ya es demasiado tarde. El Parlamento me jodió el plan.

Donald: Espera. Voy a llamar a mi amigo Kim en Corea. Él sabrá qué hacer.

(Pasan unos minutos).

Donald: Boris. Tengo la solución.

Boris: ¿Qué?

Donald: Abolir el Parlamento y proclamarte dictador.

Boris (desesperado): Ya lo intenté, Donald. ¡Ya lo intenté! Pero se me colaron un par de días antes. La única opción que me queda es convocar elecciones ya. Pero si pierdo…

Donald: Aprende de mí, Boris, y ganarás. El secreto consiste en proyectarte como el redentor de la patria, como el único y auténtico líder capaz de defender al pueblo contra sus enemigos, en ­este caso contra los tiranos del Parlamento y la Unión Europea. Diles que vas a construir un muro. Y que los europeos lo van a pagar.

Boris: ¡Donald, Donald, por favor! Ya tenemos un muro… de agua.

Donald: Bueno, diles que si te eligen vas a comprar Groenlandia, digo Holanda. O Francia…

Boris (sollozando): …Pero, Donald, ¡por favor…!

Donald: ¡Boris! ¡Boris! ¡Sé un hombre, carajo! Sigue mi ejemplo. Di que vas a meter a la opo­sición en la cárcel, como pro­metí que haría con la bruja de Hillary durante mi campaña presidencial.

Boris: No me van a creer, Donald.

Donald: ¿Por qué no? Mira lo bien que funcionó cuando lo hicieron de verdad en ese país del sur de Europa…, ¿cómo se llama? ¿México?

Boris (desconsolado): Tuve fe en ti, Donald… Tuve fe en mis asesores aquí en Downing Street, todos admiradores tuyos. Me dijeron que con el Brexit íbamos a “retomar el control”. Y ahora mira…

Donald: ¡Despide a tus asesores! Yo lo he hecho mil veces y mira lo bien que me va. Imita mi ejemplo y pon a tus hijos en su lugar, o a tu hermana. La rubia esa que enseñó las tetas en televisión…

Boris: ¿Rachel? No, no. Me abandonó. Está en contra del Brexit.

Donald: ¿Y tu hermano?

Boris: También. Lo puse en mi Gobierno y hace un par de días renunció. Dicen los diarios que abandonó la política “para estar menos tiempo con la familia”. Se ríen de mí, Donald. Se ríen…

Donald: Tranquilo. Te mando a mi hija Ivanka, entonces. Está buenísima. Si no fuera mi hija… Mira, te la doy. Es un genio. Piensa igualito que yo. Será como tenerme a mí siempre a tu ­lado.

Boris: Te lo repito, Donald: es demasiado tarde. No retomé el control. Lo perdí. La sangre que huelen ahora es la mía.

Donald: Pues míralo del lado positivo. Recuerda lo que explico en mi libro. En el fondo la vida es un juego. Otros hablan del interés nacional, pero para ti y para mí, ya lo sabes, esto es un reality show.

Boris (amargado): Sí, siempre lo fue. Desde que empecé a jugar a la política en Oxford, luego en la alcaldía de Londres…, pero quería ganar y pensaba que lo había logrado. Llegué a lo más alto… Y ahora, mira. Y ahora, ¿qué? Se me presenta la posibilidad de ser recordado como el primer ministro que menos días estuvo en el poder en toda la historia de mi país.

Donald: Algo es algo, Boris.

Boris: Sí, supongo que sí. Nadie es perfecto.

Donald: Sólo yo, Boris. Sólo yo.

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