Opinión

¿Ser madre? Mejor no

Eugenia Zicavo

Periodista. Conductora de Bibliómanos (TV Pública). Socióloga PhD. Profesora UBA y Untref. Autora de 'Feminismos, ¿desde cuándo y hasta cuándo?'. Su tesis doctoral fue “El papel de la maternidad en la construcción social del modelo de mujer”

En la Argentina, la tendencia muestra que las mujeres esperan cada vez más para ser madres, tienen menos hijos y muchas deciden no tenerlos. Aquí, un testimonio

viernes 30 de agosto de 2019 - 6:20 pm

Columna publicada originalmente en Clarín

Desde los 20 años tengo la firme sospecha de que no quiero tener hijos. La primera vez fue cuando en la facultad leí El segundo sexo de Simone de Beauvoir. Hasta entonces me había criado pensando que algún día iba a ser madre, lo daba por descontado. Todas las adultas que conocía tenían hijos; era lo que las mujeres hacían.

Advertir que la maternidad no era un destino inexorable sino una elección como tantas otras, fue una revelación: algo se me desanudó en la boca del estómago, un peso que ni siquiera sabía que estuviera cargando. Me empecé a concebir sin hijos, es decir, sin concebir. Fue un gran alivio..

El lugar común es que las mujeres, a partir de los 30, empiezan a obsesionarse con la maternidad. No fue mi caso. Sin embargo, varias personas me recomendaron que congelara óvulos por si más adelante cambiaba de opinión y ya no podía.

El gran fantasma que sobrevuela la no-maternidad es la soledad. Aunque tengamos amigos, pareja, familia, vocación y profesiones interesantes, si no hay descendencia, nuestro plan de vida no les convence. Piensan que “algo nos va a faltar”, lo cual es cierto, pero ¿acaso nadie supone que un hijo pueda “sobrar”? Suelen decir que la maternidad “te cambia la vida”.

En caso de que la tuya te guste tal cual está, ¿por qué esperar que semejante cambio vaya a ser sólo positivo? Ser madre no necesariamente resulta una buena experiencia para todas las mujeres, aunque difícilmente lo confiesen en voz alta; admitirlo cuestionaría uno de los presupuestos más instalados en nuestra cultura: el mito del “instinto materno”.

No obstante, optar por no ser madre tampoco es fácil. Por un lado, porque el mandato pro-natalista está socialmente muy arraigado; y por el otro, porque es algo que las mujeres tenemos que decidir en un período muy acotado.

Mientras la expectativa de vida creció, el tiempo reproductivo sigue siendo el mismo (apenas extendido por las técnicas de fertilización, que también tienen sus límites). Para los varones es bien distinto: tienen toda la vida para decidirse y si finalmente no son padres, no hay condena social (en parte porque biológicamente nunca clausuran del todo la posibilidad).

Para las mujeres, la profecía es otra: “Cuando seas mayor te vas a arrepentir y va a ser demasiado tarde”. Parece que, aunque el deseo no aparezca, hay que aprovechar el tiempo fértil y tener hijos por las dudas.

A las que no somos madres, la medicina nos llama “nulíparas”, un término que no suena bien. Sin embargo, sorteando las insistencias, las mujeres que eligen no procrear van en aumento, sobre todo en los sectores medios.

Algunos datos: en Argentina la cantidad de hijos por mujer va descendiendo de generación en generación y en CABA la edad promedio de las madres al momento del nacimiento de su primer hijo es de 30 años. A su vez, cerca del 20% de las mujeres que están finalizando su período fértil (40-49 años) no tuvieron hijos.

La tendencia muestra que las mujeres esperan cada vez más para ser madres, tienen menos hijos y muchas deciden no tenerlos. Se trata de un inmenso cambio cultural y un ejercicio de autonomía, de responsabilidad, de libertad.

¿Cuántas mujeres a lo largo de los siglos fueron madres sin ganas, por obligación? ¿Cuántas fueron las maternidades forzadas, sin cariño ni convicción? Hoy muchas mujeres decimos: mejor no. Y sin duda, para nosotras, es mucho mejor.

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