Economía

Cómo se gestó el “reperfilamiento” de la deuda y que rol cumplió Macri

El miércoles el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, dijo que "reperfilaría" la deuda con el FMI, la segunda opción frente al cepo cambiario, que Macri desestimó rápidamente

viernes 30 de agosto de 2019 - 11:19 am

El ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, anunció medidas para “reperfilar” la deuda con el Fondo Monetario Internacional. Fue una decisión del círculo de confianza ponerle ese “mote” más marketinero en vez de “reprogramar” que, de igual manera, significa estirar los plazos de los vencimientos del pago de la deuda con el organismo multilateral.

Una de las posibilidades que esgrimió Lacunza como posibles alternativas fue el “cepo” cambiario, que Macri ya había desestimado y volvió a desestimar en esta oportunidad. Fue la primera de las posibilidades, pero entre el Presidente y Lacunza decidieron esperar diez días para ver cómo reaccionaban los mercados y optaron finalmente por el “reperfilamiento”.

El Presidente cerró, el martes en la Rosada, la discusión. Sabía que adoptaba una decisión que nunca quiso durante su mandato: extender los plazos de pago de la deuda. Se caía otra bandera. Pero Macri dijo que iba a asumir sus responsabilidades y argumentó: “Es prioritario mantener la estabilidad de los argentinos”. En esa reunión se acordó una metodología de trabajo. Lacunza iba a esperar cómo operaban los mercados el miércoles y ahí decidía el tiempo de los anuncios. El mercado voló y peor aún: sólo se renovó el 10% de las Letes. Así fue la historia secreta de la dura decisión.El encuentro ocurrió en la Casa Rosada el martes a la tarde. La resolución se adoptó después de un sincero diagnóstico del ministro. Todos lo ponderan.

La estabilidad del dólar sólo duró la primera semana de su gestión, y se complicó frente a las dudas que generó la ambigua misión del FMI y las declaraciones de Alberto Fernández contra el Fondo. En la reunión de Gabinete hubo insultos y descalificaciones al candidato del Frente de Todos. La acusación más tranquila fue que quería incendiar la Argentina.

Según consignó Marcelo Bonelli, Miguel Angel Pichetto estaba en contacto con la Casa Rosada y era uno de los convencidos de esa tesis. Andaba molesto con Guillermo Nielsen, y lo cuestionaba por las conversaciones que tuvo ese día con Wall Street. Por eso en la cumbre de la Casa Rosada se acordó responsabilizar de la reprogramación a Alberto Fernández. Ese fue el encuadre político del discurso de Lacunza.

El ministro -el mismo miércoles- anticipó, en una reunión reservada, la decisión a los emisarios del Fondo Monetario. Clarín pudo confirmar que Alejandro Werner y Roberto Cardarelli avalaron informalmente la medida. Desde hace tiempo el FMI sabe que Argentina no iba a poder pagar su deuda y que tendrían que reprogramar los vencimientos. Clarín contó -a mediados de año- que el propio Cardarelli mantuvo una reunión con banqueros en Buenos Aires y admitió que sabía que tendría que reprogramar el acuerdo. El Fondo desmintió la información.

Pero se hizo realidad. Ese tema estuvo presente ahora durante toda la misión de “observación” en Buenos Aires. Ambos emisarios generaron, con sus misterios, más incertidumbre. Fue la propia misión la que instaló la duda sobre el desembolso de los 5.400 millones de dólares.

Ahora entre banqueros se insiste con lo siguiente: la plata va a estar pero recién se giraría en noviembre. Hablan del 20 de noviembre. En el Ministerio de Hacienda sostienen que las metas están cumplidas y que el dinero puede llegar en septiembre. Existe una coincidencia en todos: si el FMI quiere aportar a la estabilidad argentina, debería girar el dinero cuanto antes.

Pero ambos funcionarios del Fondo tomaron distancia del conflicto, porque temen por sus propias carreras profesionales en el FMI. Werner y Cardarelli dieron un respaldo total a la Casa Rosada, y fueron instrumentos del apoyo de Donald Trump para apuntalar la reelección de Macri. Tres acuerdos caídos en un año y múltiples concesiones.

Ahora, el convenio está caído y por eso se anunció que se va a renegociar. En Washington es habitual que los errores sean pagados por los funcionarios del Fondo. Los sucesivos e históricos fracasos con Argentina ya generaron varias víctimas en el staff del organismo: Christian Brachet, Joaquín Ferrán, Claudio Loser y Anoop Singh. Los cuatro ocuparon el rol de Cardarelli. Brachet actuó en la época de Raúl Alfonsín y terminó en la biblioteca del FMI. Joaquín Ferrán lo reemplazó y terminó desplazado de su cargo. Loser apoyó la convertibilidad, fue corrido y se aceleró su jubilación. A Singh lo “ascendieron” para sacarlo del Departamento Occidental.

Cardarelli y Werner no quieren correr igual suerte. Por eso se endurecieron y aplicaron el primer mandamiento de un burócrata: no definir nada y extender los plazos. El FMI también está en transición política, por la salida de Christine Lagarde. Todos esperan definiciones sobre Argentina de Donald Trump. El absoluto silencio es un mensaje sonoro a dos puntas: la decepción por las elecciones de Macri y las dudas que genera en Washington una eventual vuelta al poder del kirchnerismo.

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