River Plate

Un crack ex-River liquidó a Ramón: “De él aprendí lo que no se debe hacer”

Un jugador multicampeón con la banda roja fue durísimo con el famoso riojano: "Es un tipo muy malo..."

domingo 18 de agosto de 2019 - 5:10 pm

Una vieja herida no sanó. Roberto Monserrat, partícipe del River Plate multicampeón de los años 90, liquidó a su director técnico de aquel entonces, que lo llevó al club y un par de años después lo “echó”. Ni más ni menos que Ramón Ángel Díaz.

“De él aprendí lo que no se debe hacer en la vida. No en el fútbol, en la vida. Era un tipo muy malo, que se creía que tenía el caballo del comisario y nos tenía a todos atrás. Cuando se despidió Enzo Francescoli de River, limpió a todos. ¿Por qué no lo hizo antes? Porque Enzo lo frenaba y él sabía que Enzo era más capo que él”, arrancó el Diablo.

Campeón de los Apertura 1996 y 1997, el Clausura 1997 y la Supercopa Sudamericana 1997 con la banda roja, contó intimidades de aquel equipo: “Éramos 25 o 30 en el plantel y solamente uno o dos le daban bola. En algo fallaba como cabeza de grupo. Los jugadores nos dimos cuenta que teníamos que salir a ganar por nosotros, por el prestigio y la guita. Nos mentalizamos para eso. Él no hablaba con nadie, ni con Enzo ni con Astrada que eran los referentes. Paraba el equipo y nadie le decía nada”.

Además, le echó la culpa de la derrota en la Intercontinental 1996 contra Juventus: “Fue un moco del técnico. Con el equipo que tenía, no podés ir a esperar 20 o 25 minutos al rival. Ese fue el plan de él. Nunca habíamos visto un video de ningún rival y ahí sí. No confió en su equipo. Cambió eso y perdimos. No sentí que ellos fueran superiores, me sentí de igual a igual porque teníamos mucha confianza en lo que hacíamos. Veníamos muy bien”.

“A mí me echó Ramón Díaz. Salimos campeones en el 97, hicimos la pretemporada y me desgarré en el último minuto contra Boca en un amistoso en Mar del Plata. Estuve parado casi dos meses. Volví a jugar y rotaba con Marcelo Escudero. A los seis meses me dijo que me tenía que ir. Fue limpiando de a uno o dos jugadores por semana. El tipo quería ser Dios en el club. Se creía que era él y nadie más”, continuó.

Sin embargo, también reconoció algunas virtudes del entrenador y su transformación con el tiempo: “Lo que tenía de bueno era que sabía dar en el blanco con los jugadores que contrataba. Creo que el día de hoy cambió al 100%. Ahora es más humilde, se dio cuenta que el equipo lo es todo”.

Para finalizar, recordó cómo fue su reencuentro con el ídolo riverplatense: “En la despedida del Burrito Ortega en Jujuy me cruzó y me dijo: ‘Hola, Diablo, ¿cómo andás?’. Yo pensé: ‘Qué hijo de puta’, mientras me palmeaba y me preguntaba por la familia. Para mí él cambió. Se dio cuenta que no manda en todos lados y es el mejor de todos. Se dio cuenta de las cagadas que se había mandado y creo que su hijo Emiliano lo ayudó mucho”.

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