Opinión

Los candidatos deberían decir cómo van a derrotar la decadencia

María Herminia Grande

Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Periodista y escritora.

martes 6 de agosto de 2019 - 3:00 pm

Columna publicada originalmente en Infobae

Argentina es extraña. Tiene casi 15 millones de pobres y la campaña electoral por las PASO no ha logrado instalar la pobreza como eje central de las políticas por venir. Sólo su propia pobreza, donde las descalificaciones refuerzan los extremos, volviendo a los indecisos más indecisos.

También es cierto que lo mediático gravitante se ocupa mucho más de las encuestas que de insistir y exigir definiciones sobre los temas principales a los candidatos. En nuestra extraña Argentina sólo el 78% de la población total recibe la dosis de la vacuna BCG, según estudios de la Fundación Bunge y Born. También se sabe que cajas de vacunas que requieren cadena de frío, se "guarecen" al sol como ha ocurrido en el Chaco. No es un dato menor. Si a este número el sumamos los disminuidos por desnutrición, ¿con qué fuerza intelectual y laboral continuaremos?

Alberto Fernández ha hecho un esfuerzo por poner en agenda la discusión de lo económico. Los enormes intereses de los defensores del "telar de la abundancia" en referencia a las Leliq, que representan aproximadamente USD 28 mil millones; lo trataron de ignorante e irresponsable. Los entendidos en la materia ven la necesidad de desarticularlas, pero aluden para ello a la precisión de la "alta relojería" económica. Las Leliq hoy son una trampa para una Argentina con potencialidad productiva, comercial, laboral y por ende exportadora, de cuyo resultado se obtendría un mayor aporte en lo previsional. Parece que Argentina no internalizó aquella famosa frase de Bill Clinton: "Es la economía estúpido".

Mientras tanto, en esta extraña Argentina, nos acercamos peligrosa e inmoralmente a una pobreza del 40% de la población. Esta cifra resulta de pensar en la incorporación de los pobres del área rural. Sólo en esta patria tan extraña se contabilizan los pobres urbanos. La grieta también llegó a la pobreza. Los pobres rurales se ignoran al igual que su dolor, su desesperanza, su estigmatización. Mañana el santo de la paz y el trabajo San Cayetano, será visitado por miles y miles de personas que le pedirán el milagro de conseguir trabajo o de mantenerlo. El Indec señala que en el último año producto de las políticas económicas, 220 mil personas perdieron sus trabajos en blanco. Otra vez la grieta, en este caso a través de los números: los desocupados y los en negro ¿no cuentan? ¿Y los que ya no changuean?

En esta extraña Argentina quien gane en octubre debiera decir qué va hacer con los aproximadamente miles de millones de deuda externa. El presidente Macri tiene un ministro de Hacienda intervenido por el FMI. No puede generar políticas autónomas. Es más, le está recordando que debe su gobierno realizar la reforma laboral y previsional. Alberto Fernández, de ser presidente, ¿tendrá también a su ministro intervenido? ¿El alto endeudamiento permite políticas diferentes a las que se están aplicando?

En esta extraña Argentina el sábado pasado en la inauguración oficial de la muestra en La Rural de Palermo ocurrió un hecho de una gravedad no reflejada en su magnitud. Falló nuevamente la seguridad del Presidente. Sobre su cabeza en un momento determinado se desplegó un cartel de Greenpeace. Pudo haber sido de la misma manera, activado otro elemento atentatorio. Argentina está desnuda. Está doliente, crujiente y empobrecida. Argentina llora y parece ya no esperar. Votar sin esperanzas es tan triste como vivir sin derechos.

También en la extraña Argentina mueren líderes sociales por desilusión, como ocurrió recientemente en el Chaco con el Dr. Rolando Nuñez presidente del Centro Mandela fundado en 1995. Debiéramos conmovernos por los que como él, ponen su cuerpo y el alma –y a veces lo dejan allí- en el barro de la injusticia. Cuenta su hija, la Dra. María Celeste Nuñez, que la desaparición física de este batallador social fue festejada por cierto poder político. Cada vez que Argentina pierde a quien pone el dedo en la llaga del dolor que padecen muchos; Argentina pierde la posibilidad de recobrarse y de ser más justa.

Mientras lo financiero nos conmueva más que la legión de estómagos vacíos, nuestra bandera, esa que fue creada con valores de inclusión, producción y progreso, debiera permanecer a media asta.

En esta pobre Argentina debieran los candidatos abandonar sus propios miedos y plantear desde sus convicciones cómo derrotarán la decadencia, y esta sensación palmaria de una Argentina inviable.

Este próximo domingo todos los candidatos se pasearán en la pasarela de los votos.

Roberto Lavagna, el candidato que pudo ser, y eligió no serlo por sus errores políticos y obcecación en no verlos.

Mauricio Macri, quien denostó al peronismo asignándole la culpabilidad de los fracasos argentinos, se alió luego a Miguel Ángel Pichetto, quien tiene la edad del peronismo y su ADN. El presidente y candidato busca ocultar los gravísimos yerros económicos señalando aciertos en la lucha contra el narcotráfico y obras públicas. Macri lucha contra su fracaso y sus creencias. Aprendió que el poder es perdurar y por ello aceptó congelar tarifas, mantener subsidios, y apelar a planes de consumo de los que descree como Ahora 12 y 18, que en julio representó un movimiento de $40 mil millones.

¿Qué ocurrirá con todo esto, cuando el último voto ingrese en la urna?Alberto Fernández lucha denodadamente para afuera y para adentro. Primero en ser el candidato presidencial y no el representante electoral de Cristina de Kirchner. Luego para que su discurso y sus propuestas tengan cierta lógica. Para que los gobernadores peronistas lo blinden desde un peronismo más de centro; y con ellos, alejarse de los radicalizados de adentro.

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