Salud

Qué es la blefaritis

Si sufrís de un intenso picor en los párpados y caspa en las pestañas, prestá atención a esta nota

miércoles 31 de julio de 2019 - 7:31 am

Si notás un picor en la raíz de las pestañas, la zona está enrojecida y observás una especie de caspa, es probable que sufras blefaritis. Se trata de un trastorno ocular común que se controla con una correcta higiene, pero si se deja que avance puede acabar provocando ojo seco.

La blefaritis es una patología que afecta básicamente el borde del párpado. Esta zona alberga las raíces de las pestañas y una serie de glándulas, las llamadas glándulas de Meibomio, productoras de grasa.

En cada parpadeo dichas glándulas liberan grasa que se mezcla con la lágrima, evitando así que esta se evapore, y mantienen el borde del párpado hidratado. Esta zona también tiene una flora bacteriana específica, es decir, una población de bacterias buenas que mantienen sana la piel del borde del párpado y contribuyen a un correcto funcionamiento.

Lo primero que aparece es una caspa en el borde de las pestañas que va irritando e inflamando el párpado. Es como una especie de polvo blanco, aunque hay personas que tienen pequeñas escamas, como la caspa que aparece en la cabeza.

También provoca un intenso picor en la zona. Si no se le pone remedio la inflamación del párpado afecta a las glándulas, que dejan de realizar correctamente su función. Cuando avanza, puede acabar obstruyendo las glándulas de Meibomio. Esto tiene varias consecuencias.

Pueden aparecer orzuelos en el interior del párpado que provocan dolor y que requieren tratamiento si no desaparecen por sí solos. Favorece el ojo seco: al taparse las glándulas, dejan de drenar la grasa necesaria para lubricar la lágrima, con lo que esta pierde calidad y puede provocar sequedad ocular.

Todo aquello que afecte al equilibrio de la flora bacteriana que protege el párpado favorece la blefaritis. La falta de higiene es una de las principales causas, aunque también hay otras:

– No desmaquillarse bien. Los restos de máscara de pestañas o cualquier otro producto van alterando la flora de la zona, aumentando la proliferación de bacterias malas como el demodex, que es un parásito que se introduce en la raíz de la pestaña, se alimenta de las escamitas y provoca inflamación.

– Compartir maquillaje. Aumenta el riesgo de contagiarse. Es cierto que no todas las personas que tienen blefaritis es debido al demodex. Pero si hay este parásito, siempre aparece blefaritis.

– Sufrir rosácea. Este tipo de pieles son más propensas ya que se asocia también a una elevada proliferación de demodex.

– Abusar de los antibióticos. Esta familia de fármacos mata bacterias malas y buenas, con lo que afecta al equilibrio bacteriano que protege la piel del párpado, favoreciendo el trastorno.

Una buena higiene de párpados y pestañas es importante. Lavá los párpados con un producto específico. Tienen un pH idóneo para esta zona y se encuentran tanto en formato gel como en toallitas. Hay que insistir en la raíz de las pestañas.

Cuando los síntomas son intensos hay que hacer un par de lavados al día que se pueden ir espaciando conforme mejore. Incluso cuando no haya síntomas, deben lavarse los ojos en profundidad dos o tres veces a la semana.

Si las glándulas ya están obstruidas y no drenan la grasa necesaria para la correcta lubricación de la lágrima, se recomienda, además de higiene, la siguiente técnica:

– Aplicar compresas calientes (el calor debe ser soportable) sobre los ojos cerrados durante 5 o 10 minutos. Ayuda a derretir la grasa acumulada en la glándula que normalmente está muy densa.

– Luego se realiza un masaje en el borde del párpado, justo en la raíz de las pestañas, que ayuda a que la glándula libere esa grasa que previamente hemos diluido con el calor.

Esta técnica ayuda a desobstruir las glándulas y, por tanto, a evitar las consecuencias que esto provoca. Pero si la disfunción es importante y ya hay ojo seco, los tratamientos son otros: suplementos de alimentos, antibióticos específicos, tratamientos en consulta para favorecer el drenaje glandular.

Fuente: Saber vivir

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