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Notas de Opinión

Cristina Kirchner: combatiendo al (pequeño) capital

La alusión peyorativa de la expresidenta a las segundas marcas revela tanto su desconocimiento de la economía como su desprecio por el esfuerzo emprendedor

Columna publicada originalmente en La Nación

El capitalismo es un sistema económico y social basado en la propiedad privada de los medios de producción, lo que requiere de un corpus legal que brinde certidumbre (seguridad jurídica) a la personas o empresas que son, precisamente, propietarias. La experiencia histórica sugiere que uno de los principales riesgos consiste en las expropiaciones o confiscaciones por parte de gobiernos que usan su poder de forma discrecional y con pretextos ocasionales, como “defender la soberanía nacional” (recordar el caso YPF, cuyas consecuencias nuestro país aún está pagando, o el de Ciccone, efectuado con el único fin de encubrir un ominoso caso de corrupción). Otras excusas típicas remiten a “evitar monopolios o abusos por posición dominante” (inevitable recordar el famoso 7-D, día en el cual el gobierno anterior pretendió tomar control de un medio de comunicación privado).

Otro componente esencial del sistema capitalista es justamente la importancia del capital como generador de riqueza. La actividad económica se basa en el hecho de que los agentes que organizan los medios de producción puedan obtener un beneficio económico. La competencia entre las empresas es vital y garantiza que los mecanismos del mercado funcionen de forma que los bienes y servicios se distribuyan en el conjunto de la sociedad. La riqueza se acumula gracias al aumento de capital por medio de la inversión. El libre juego de la oferta y la demanda se expresa en los precios, que son expresión de la escasez relativa de bienes y servicios. El capitalismo es entonces complejo y sencillo al mismo tiempo. Lo que está claro es que, contrariamente a lo afirmado por Cristina Fernández de Kirchner, no es en absoluto sinónimo de ” consumo”.

En efecto, el consumo es solo un componente, de ninguna manera el más importante. Durante mucho tiempo, en especial hacia mediados del siglo pasado, notables intelectuales de formación marxista mantuvieron largas disquisiciones de carácter teórico y empírico sobre la enorme diferencia entre la producción y la circulación de bienes. Su principal conclusión fue que el modo de producción capitalista se distinguía de todos los demás (como el feudal o el “asiático”), por la propiedad privada de los medios de producción y la generación de una plusvalía gracias al papel clave del capital. De ahí surge el título de la principal obra de Karl Marx. Para aclarar estos asuntos, la expresidente podría consultar la obra de la recientemente fallecida Marta Harnecker, sobre todo en sus frecuentes viajes a Cuba, donde esta intelectual chilena muy cercana a Hugo Chávez entre 2002 y 2006 (luego del fallido golpe que intentó destituirlo) ha sido tan influyente. Es curioso que Axel Kicillof no se haya preocupado ni ocupado de evitarle a su jefa y referente esta clase de confusiones tan elementales. Podría, por ejemplo, haberle explicado que el consumo existe desde mucho antes de la Revolución Industrial, momento en que surgieron los cambios económicos, sociales, culturales y políticos que permitieron la consolidación y la expansión del sistema capitalista a escala global.

Es posible que esta falta de comprensión por parte de Cristina respecto de los mecanismos más elementales de la economía política moderna explique su inclinación a recurrir a la inflación con el objetivo de incentivar el consumo, aunque fuese de manera transitoria. Si “capitalismo” y “consumo” significaran lo mismo, entonces “un poco de inflación” para alimentarlo no tendría nada de malo. Contradiciendo la experiencia práctica y el conocimiento acumulado por más de medio siglo, la emisión espuria de dinero podría considerarse, en el peculiar ideario K, una política consistente y hasta necesaria para impulsar un modelo procapitalista.

En la tradición peronista, las pequeñas y medianas empresas siempre tuvieron un papel fundamental. El proteccionismo como estímulo a la política de impulso a la sustitución de importaciones fue, hasta el giro promercado impulsado por el menemismo, uno de los pilares de las políticas económicas de los gobiernos justicialistas. Buena parte de esas políticas habían comenzado luego de la crisis de 1930, una década y media antes de la llegada de Perón al poder, y no solo en la Argentina. Se trató de un fenómeno generalizado que alcanzó incluso países pequeños con escaso mercado interno (sin escala). El peronismo, con una clara visión estatista, impulsó “desde arriba” el proceso de industrialización del país, incrementando la importancia política y social que adquirieron los sindicatos y, sobre todo, una profusa y compleja red de pequeños y medianos empresarios. La Confederación General Económica (CGE) fue la expresión de dichas redes que, por tamaño, sofisticación y ser en su enorme mayoría de capital nacional, desarrollaron intereses disonantes con los de la Unión Industrial Argentina. José Ber Gelbard (ministro de Economía de Cámpora, Lastiri, el propio Perón y el primer tramo de Isabel entre 1973 y 1974) fue uno de los principales referentes de la CGE y quien impulsó la malograda política de “inflación cero”, que profundizó la crisis y derivó en aquel costoso episodio de ajuste salvaje conocido como “Rodrigazo”.

Por todo esto, sorprendieron tanto las alusiones de Cristina a las marcas Pindonga y Cuchuflito. Tal vez se trató de un malogrado intento de empatizar con parte del electorado de clase media, frustrado con la crisis económica, que recurre a menudo a segundas o terceras marcas para compensar la caída de sus ingresos. Sin embargo, un estudio reciente de D’Alessio IROL-Berensztein demostró que 8 de cada 10 argentinos habrían sustituido el consumo de primeras marcas por otras de menor precio. Estas segundas opciones, lejos de ser vistas como algo peyorativo, son consideradas una compra inteligente por parte de los sectores medios, por lo que criticarlas abiertamente tampoco resulta conveniente a la hora de empatizar con dicho electorado. Además, la expresidenta perdió de vista un pequeño detalle: todos conocemos a, trabajamos para o somos uno de esos dueños de pequeñas empresas que no saben de descansos ni feriados y que, pase lo que pase, están ahí, en la trinchera a puro sacrificio, cubriendo los bancos, pagando los impuestos y tratando, con los pocos recursos de los que disponen, de salir adelante. Por otra parte, no parece ingenua esa afirmación de que “capitalismo era lo que hacíamos nosotros con Axel”, como para intentar despejar las dudas sobre una eventual radicalización de un nuevo gobierno K, que sigue generando miedo, si no terror, en buena parte del electorado independiente.

Vale la pena recordar que marcas establecidas, muy conocidas por la señora de Kirchner, como Louis Vuitton o Hermès, fueron en sus orígenes meras pymes familiares. Más aún, esta Cuarta Revolución Industrial nació en simples garajes, donde jóvenes visionarios (los Steve Jobs, Bill Gates y Paul Allen de este mundo) sentaron las bases de la economía digital. Ese espíritu emprendedor se ha continuado, profundizado y multiplicado desde entonces con infinidad de aventuras, algunas exitosas y muchas fracasadas, que incluyen marcas hoy icónicas como Amazon, Google, Facebook o eBay. La Argentina no es ajena a esa ola, como lo ponen de manifiesto grandes casos de éxito como Mercado Libre, Globant, Despegar, OLX y AuthO. Así, aquella vieja tradición comercial, industrial y de servicios que convirtió a la Argentina en un país próspero y moderno (Bagley, Terrabusi, Alpargatas, Bunge & Born, Quilmes, Di Tella o Arcor, por mencionar solo algunas) continúa en una nueva generación de empresarios y empresas que comenzaron bien de abajo, y que con resiliencia y tesón pudieron hacer una diferencia. Por eso, les debemos mucho más respeto y reconocimiento a los Cuchuflitos y las Pindongas de este país y de este mundo.

Notas de Opinión

Lo que genera el bajo nivel de reservas en el Banco Central es la torpeza del gobierno

Desde el Poder Ejecutivo destacan que faltan dólares porque hay importaciones “innecesarias” para especular contra el tipo de cambio. Las verdaderas causas son otras. Qué muestra la serie del Indec

Columna publicada originalmente en Infobae

Una vez más, al cometer groseros errores de política económica, el Gobierno inventa culpables para no hacerse responsable de sus propios errores. Hay varias razones por las que faltan dólares y que hacen que el Banco Central tenga que recurrir a racionar aún más las pocas reservas en divisas para la compra de bienes y servicios en el resto del mundo.

En primer lugar, confisca el fruto del trabajo ajeno generando faltantes de divisas. Dicen desde el gobierno que tiene que entregar dólares del BCRA para importar y que hay especulación, pero esas divisas fueron previamente obtenidas de exportadores a un tipo de cambio sustancialmente menor al de mercado, y notablemente inferior en el que caso quienes son desalentados con altísimas retenciones.

En efecto, productores locales exportan productos, naturalmente de su propiedad y reciben del importador de otro país dólares como forma de pago, que el gobierno los obliga a traer a la Argentina. Cuando ingresan esos dólares el BCRA se los queda y le entrega al sector privado pesos devaluados, que rápidamente se erosionan con la inflación.

Así, si José produce trigo y lo exporta a Hans en Alemania, las divisas que recibe son, por definición de su propiedad. Cambió su trigo por dólares. Sin embargo, el BCRA le dice que esos dólares ya no son suyos, que se los queda el Estado y que a cambio le entregará pesos que nadie quiere.

Pero no solo el productor-exportador recibe pesos devaluados, porque le convierte las divisas a un tipo de cambio menor al de mercado, con una brecha cambiaria del 90%, sino además, porque se le descuenta los derechos de exportación. En otras palabras, el exportador es expropiado por triple vía: 1) porque le quitan sus dólares; 2) el Estado le paga un tipo de cambio menor al de mercado; y 3) es castigado con un impuesto especial (retenciones) a las ventas al exterior.

El tipo de cambio real

Según la serie del BCRA, el tipo de cambio real multilateral cayó el 24% desde el inicio del actual gobierno, el cual se desagrega en una pérdida de 18% al compararse con el dólar de EEUU; de 28% con el real de Brasil; y 20% con el yuan de China.

Cuando el Estado establece un tipo de cambio artificialmente bajo, provoca la caída de la oferta de dólares y aumenta la demanda.

Esto no pasa solamente con el mercado de cambios, se puede ver con el destrozo que hizo el Gobierno con el sistema energético y ahora con el gasoil. Al precio artificialmente bajo desaparece la oferta y aumenta la demanda, generando faltantes o lo que se conoce como desabastecimiento.

Pero en el relato oficial, ahora la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner sostiene que hay récord de importaciones y que hay especulación, y para justificar ese argumento artificial inventa otro enemigo imaginario, de modo de quitarse de encima la responsabilidad de los errores de política comercial de su gobierno.

Es del manual del clásico populista inventar enemigos que quieren perjudicar a la población para poder aparecer como los salvadores del pueblo, porque los datos reales no avalan esa lectura de la falta de divisas.

La serie del Indec de cantidades importadas, en número índice con base el promedio de 2004 igual a 100 muestra que lejos está de haber alcanzado un máximo histórico. Y en el caso puntual de mayo, último dato mensual, el récord en valor de USD 7.870 millones fue sólo nominal: apenas superior a la anterior marca pico de agosto de 2011 cuando ascendió a USD 7.671 millones, pero muy inferior en comparación con el nivel ajustado por la inflación de los EEUU en los últimos 11 años, que se eleva a unos USD 9.200 millones de hoy.

Además, aquel nivel de 2011, que también fue relativamente alto en cantidades, coincide con un período de notable atraso del tipo de cambio sobre el cierre de la primera presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, que, como ahora, llevó a disponer el cepo cambiario a los pocos días de haber ganado los comicios para su segundo mandato. Aguantó hasta las elecciones y luego tiró la toalla.

De manera que ni por volumen, ni por valor en términos reales se puede afirmar que hay récord de importaciones. Es falso el argumento.

Lo que se está viendo en el mercado de cambios es un exceso de pesos que nadie quiere y un faltante de dólares que todos demandan, no solo para importaciones, sino también como refugio de valor ante un gobierno que tiene un fenomenal déficit fiscal que lo lleva a emitir pesos a marcha forzada, porque no encuentra otro tipo de financiamiento.

Estas enormes torpezas de política económica: como el control de cambios; pasando por el retraso de la paridad oficial; la destrucción del sistema energético para mantener tarifas de los servicios públicos artificialmente bajas; un gasto público que se dispara como consecuencia del populismo que impera y el déficit fiscal correspondiente financiado con emisión de pesos, están generando esta corrida hacia el dólar, la falta de divisas al cambio oficial y las perspectiva de parálisis de la economía por la carencia de insumos importados necesarios para mantener activo el aparato productivo.

De ahí que la crisis económica se acelere y el Gobierno se encuentre paralizado, porque ya no tiene credibilidad alguna y no puede revertir la huida del peso, ni aun subiendo la tasa de interés.

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Notas de Opinión

Fuerte malestar contra Manes por negociar con el candidato kirchnerista de Chubut

La dirigencia de Juntos por el Cambio va a elevar su repudio a la Mesa Nacional contra el político por estar haciendo un acuerdo electoral con Juan Carlos Luque, intendente de Comodoro Rivadavia

Columna publicada originalmente en MDZ

Los principales referentes de Juntos por el Cambio de Chubut preparan un comunicado para repudiar las negociaciones de Facundo Manes con el precandidato a gobernador del kirchnerismo, Juan Pablo Luque, intendente de Comodoro Rivadavia. El malestar en la coalición opositora es de tal magnitud que también van a firmar intendentes del radicalismo y piensan elevar el repudio a la Mesa Nacional de JxC.

De acuerdo a la información que maneja la dirigencia local, Manes está negociando un acuerdo con miras al año próximo entre peronistas y radicales para impulsar la postulación a gobernador del jefe comunal de Comodoro. “Quiere implementar una experiencia política en la provincia creando un frente entre peronistas y radicales sobre la base de su vínculo con Luque”, comentan a MDZ voceros de JxC de Chubut.

Agregan que en los últimos días el médico estuvo reunido con el intendente K para analizar la puesta en marcha de esta audaz movida que puede sacudir el tablero provincial y generar una crisis nacional en la coalición opositora.

El otro dato que destacan es el convenio que existe entre la Fundación Ineco y la Agencia de Desarrollo Económico del municipio de Comodoro Rivadavia que significa una gasto de 5 millones de pesos por mes de los contribuyentes.

El repudio contra Manes va a ser avalado por los presidentes de la UCR, Damian Biss, además intendente de Rawson, y el del PRO, el senador nacional Ignacio Torres. También otros intendentes y legisladores. Torres viene de ganarle al kirchnerismo en las elecciones legislativas del año pasado y aparece como el candidato natural a la Gobernación. El joven legislador amarillo ya había polemizado con Manes en marzo.

En su entorno dicen que “la pelea tiene que ver con que la fundación de Manes tiene un convenio con el municipio de Comodoro Rivadavia que es el candidato del Frente de Todos y en plena campaña le levantó la mano al candidato local del oficialismo. Nos molesta que en Chubut juega con el FdT”. “Ahora es mucho más grave porque es diputado nacional y su hermano presidente de la Convención Nacional de la UCR”, agregan.

En el PRO están convencidos que el médico radical tiene fobia contra ese espacio político y “está dispuesto a romper JxC porque lo convencieron de una inminente fractura en el Frente de Todos”. Además, se opone a la conformación de fórmulas mixtas entre ambos partidos, por eso plantea qué hay que acordar con sectores del peronismo. La cuestión es cómo va a reaccionar la conducción de la UCR que lidera Gerardo Morales cuando llegue el repudio chubutense a la Mesa Nacional de la coalición opositora. Una interna que pondrá a prueba una vez más a Juntos por el Cambio en momentos de tensión política.

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Notas de Opinión

Los gobernadores le pegan a Alberto Fernández para negociar con Cristina Kirchner

El declive de la autoridad presidencial, la cercanía de las elecciones y sobre todo el hecho de que nadie más puede hacerlo, obligan a la Vicepresidenta a tratar de ordenar el despiole en que está sumido el peronismo. Cómo lo hará, es un misterio

Columna publicada originalmente en Todo Noticias

Cristina Kirchner habló de más en las últimas semanas. Y al hacerlo se involucró en demasiados problemas: la inflación, las importaciones, los planes sociales, el gas, etc.

El resto del peronismo calla demasiado. No se sabe qué opina sobre casi nada, solo saca la cabeza de la arena para quejarse de Alberto Fernández, y advertir que a él tampoco le alcanza la plata, como dejaron en claro en la reunión de la Liga de Gobernadores en el Chaco estos últimos días.

Estas dos conductas tan distintas convergen de todos modos detrás de una misma idea: el partido oficial está buscando cómo evitar una crisis más aguda antes de los comicios, o que si las cosas empeoran, no se le carguen en sus espaldas y se evite una ruptura del Frente de Todos, las dos condiciones para que pueda salvar la ropa en 2023. Y lo hace a costa de Alberto, claro, porque el Presidente se compró todos los números en la lotería de las responsabilidades por la decepción ciudadana.

El histrionismo con que disimula los miedos que la persiguen llevó a Cristina, el Día de la Bandera, a quemar etapas y exponer su juego: su objetivo número uno, ahora quedó bien a la luz, es aislar a lo que queda del “albertismo”, que en el provincia de Buenos Aires es básicamente el Movimiento Evita; lo que, enfocado en el manejo de los planes sociales, le sirve también para su objetivo número dos, acercarse a los intendentes y gobernadores para acordar la continuidad del FdeT, cuya unidad, dijo, nunca quiso poner en riesgo. Serían ellos, los jefes territoriales pejotistas, los beneficiarios directos de este curioso “regreso a Perón y Evita” que Cristina propone, y que en esencia consiste en eliminar intermediarios molestos en la repartija del dinero con que se compran millones y millones de votos de los ciudadanos más postergados.

Como hay pocos recursos y habrá menos cargos que los que se renuevan, los lugares en las listas y la distribución del dinero van a ser dos temas álgidos para el oficialismo. Cristina se adelantó y fijó su posición de máxima a este respecto, con miras a ordenar el tablero de la disputa.

Ahora bien: puede que, como le sucedió con su ofensiva contra Martín Guzmán, quede un poco pedaleando en el aire, si Alberto logra insistir en su inmovilismo. En el caso de los planes, además, no es claro que el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, quiera o pueda hacer otra cosa que mantener el equilibrio entre tirios y troyanos. Así que tal vez lo único que vaya a resultar de este juego de presiones sea más discriminación contra la izquierda: el Polo Obrero probablemente pierda hasta el último de sus planes, que serán utilizados para calmar la voracidad de las facciones internas del oficialismo, y las calles de Buenos Aires se volverán entonces un infierno. Problema de Larreta.

Pero puede que nada de esto sea tan importante para la señora. Lo fundamental es despertar expectativas en una dirigencia pejotista que tiene cada vez más claro que Alberto no puede atender sus intereses, y va a poder hacerlo cada vez menos. Así que Cristina les abre sus brazos, los invita a preservar la unidad, pero en sus términos. Tiene su lógica.

Y es muy oportuno, además, porque esa dirigencia peronista viene acelerando el cronograma electoral, y acercando momentos de definición en los que va a necesitar la buena voluntad de Cristina.

Al desdoblar las elecciones distritales, los gobernadores apuntan a despegarse de la suerte del gobierno de los Fernández. Pero saben que adelantar sus reelecciones, o la elección de sus delfines, aunque les permite desligarse de Fernández Alberto, no alcanza para hacer lo mismo con Fernández Cristina. Porque ella tiene, a diferencia del Presidente, gente en todos lados, que no pesa lo suficiente para ganar ningún distrito, o casi ninguno, pero le sobra para amenazar o impedir que ganen ellos. Si la vice decidiera presentar candidatos propios, pondría en riesgo la reelección de muchos gobernadores e intendentes. Ni Alberto ni Sergio Massa pueden hacer algo parecido. Por eso ella tiene una oferta tentadora que hacerles a esos caudillos peronistas, mientras que los otros dos protagonistas nacionales del FdeT no tienen al respecto ni voz ni voto.

Sumarle la plata de los pobres a esta oferta electoral es simplemente agregarle un estímulo monetario a la fórmula cooperativa que todos saben es la que más les conviene. Aún en un escenario en que siga en la incertidumbre por bastante tiempo más cómo encarará el peronismo las elecciones nacionales.

Esta oferta electoral va de la mano de un planteo económico que es bastante menos sensato, pero que a falta de otro mejor tal vez también la dirigencia peronista reciba con beneplácito, o al menos silenciosa tolerancia: la idea de cerrar los vasos comunicantes de la economía nacional con el mundo, para postergar lo más posible la crisis devaluatoria que se ha venido gestando. Guzmán, Miguel Pesce y Alberto creen poder hacerlo con la ayuda del Fondo, y Cristina, con algo de razón, piensa que no, y que con ese plan los costos inmediatos para el nivel de actividad y el consumo son demasiado altos para permitir la supervivencia electoral del modelo. Así que propone una receta que en pocas palabras consiste en radicalizar la autarquía: endurecer el cepo, reducir al mínimo las importaciones, etc.

El factótum ideológico de esta fórmula es sin duda Axel Kicillof. Y podría ser también su vocero y su candidato, si no fuera porque está por el piso en las encuestas. El milagro que Kicillof protagonizó en 2015, recorriendo la provincia de Buenos Aires y seduciendo a las madres del distrito con su imagen de yerno ideal es difícil que se repita. Así que hay que esperar: si Kicillof no repunta, y no aparece ningún otro, tal vez Cristina se resigne a ser ella misma.

Lo importante a destacar es que Cristina ya tiene el guión de la campaña: consiste en radicalizar sus ideas de siempre. Y tiene la estructura organizativa y la plata: se las piensa arrebatar a Alberto. Solo le falta el candidato, y alguno va a aparecer.

¿Tiene alguna chance de éxito esa estrategia? Si se sigue polarizando la escena, podría tenerla. La vice imagina una situación como la que benefició a Gabriel Boric en Chile y a Gustavo Petro en Colombia: una polarización extrema, en que la única alternativa a la izquierda sea una derecha desbocada, que reduzca al mínimo el estándar de sensatez requerido para competir. Una derecha como la que aquí promueve Javier Milei, y a veces celebran Mauricio Macri y Patricia Bullrich. La vice imagina que si esos fueran sus contendientes, y ningún moderado pudiera movilizar el mayoritario voto centrista, la elección se volvería una lotería, que puede terminar ganando cualquiera. Y a Cristina esas escenas dramáticas, agonísticas diría ella, le encantan.

Claro que existen algunas notables diferencias entre la situación argentina y la chilena, o la colombiana. En primer lugar, nuestro centro político no se ha pulverizado, aún. Aunque a veces Macri o Bullrich coqueteen con la derecha más zarpada están en una coalición que es predominantemente centrista, y lo saben.

Lo importante a destacar es que Cristina ya tiene el guión de la campaña: consiste en radicalizar sus ideas de siempre. Y tiene la estructura organizativa y la plata: se las piensa arrebatar a Alberto. Solo le falta el candidato, y alguno va a aparecer.

¿Tiene alguna chance de éxito esa estrategia? Si se sigue polarizando la escena, podría tenerla. La vice imagina una situación como la que benefició a Gabriel Boric en Chile y a Gustavo Petro en Colombia: una polarización extrema, en que la única alternativa a la izquierda sea una derecha desbocada, que reduzca al mínimo el estándar de sensatez requerido para competir. Una derecha como la que aquí promueve Javier Milei, y a veces celebran Mauricio Macri y Patricia Bullrich. La vice imagina que si esos fueran sus contendientes, y ningún moderado pudiera movilizar el mayoritario voto centrista, la elección se volvería una lotería, que puede terminar ganando cualquiera. Y a Cristina esas escenas dramáticas, agonísticas diría ella, le encantan.

Claro que existen algunas notables diferencias entre la situación argentina y la chilena, o la colombiana. En primer lugar, nuestro centro político no se ha pulverizado, aún. Aunque a veces Macri o Bullrich coqueteen con la derecha más zarpada están en una coalición que es predominantemente centrista, y lo saben.

Lo que deja en claro dónde buscará refugio, si su opción por la polarización extrema no funciona, si no logra promover la candidatura de Kicillof ni la suya, y tiene que resignarse a un oportuno repliegue: ¡resistir es combatir!, ya se pueden escuchar sus llamados a oponerse a cualquier cambio, el que sea, y puede que esta vez tenga bastantes más caciques peronistas territoriales, sindicales y sociales a su lado, si estos no reciben una propuesta mejor.

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