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Notas de Opinión

¿Por qué calla el Papa sobre Venezuela?

Columna publicada originalmente en La Nación

La Conferencia Episcopal de Venezuela ha emitido una declaración durísima para exigir el fin inmediato del “gobierno ilegítimo y fallido” del dictador Nicolás Maduro. Entonces, ¿por qué el papa Francisco no está diciendo nada ni remotamente parecido a eso?

Antes de hablar del hecho de que el Papa no ha denunciado abiertamente los crímenes contra la humanidad de Maduro, recordemos lo que dijeron los obispos venezolanos en su declaración del 11 de julio.

“Ante la realidad de un gobierno ilegítimo y fallido, Venezuela clama a gritos un cambio de rumbo”, dijo la declaración de los obispos. “Ese cambio exige la salida de quien ejerce el poder de forma ilegítima y la elección en el menor tiempo posible de un nuevo presidente”.

Además, la declaración de los obispos dijo que para que esa elección sea realmente libre, requiere como “condiciones indispensables” la conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral, un registro electoral actualizado y la supervisión de la comunidad internacional con funcionarios de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea.

Y agregó que otra condición clave para una elección libre debe ser el “cierre de la Asamblea Nacional Constituyente”, el Congreso elegido a dedo por Maduro después de que la oposición ganó por mayoría abrumadora las elecciones legislativas de 2015.

En lugar de hacerse eco de las demandas de los obispos, el Papa hizo una declaración increíblemente anodina en su homilía del 14 de julio, en la que le pidió a Dios “inspirar e iluminar a las partes” para que puedan “llegar a cuanto antes a un acuerdo” para resolver la crisis venezolana.

Lejos de presionar a Maduro, la declaración del Papa parecía hecha para complacer al dictador venezolano. Maduro ha pedido a menudo un diálogo con la oposición, pero siempre ha utilizado esas conversaciones para ganar tiempo y desactivar las protestas contra su régimen.

¿Por qué es tan timorato el Papa sobre la crisis humanitaria de Venezuela? Hasta hace poco, uno podría haber especulado con que era porque quería desempeñar un papel útil como mediador en la crisis venezolana. Pero después de varias negociaciones lideradas por el Vaticano, el Papa aprendió por las malas que Maduro no estaba negociando de buena fe.

El Papa admitió eso en una carta a Maduro del 7 de febrero que se filtró al diario italiano Corriere della Sera. En esa carta, el Pontífice escribió que todos los intentos para llegar a un acuerdo habían fracasado “porque lo que se había acordado en las reuniones no fue seguido por gestos concretos para implementar los acuerdos”.

La declaración del papa Francisco del 14 de julio es aún más censurable porque, además de venir tras la declaración de la Conferencia de Obispos de Venezuela, se produjo después del devastador informe de la alta comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, sobre los asesinatos en masa en Venezuela.

El informe de la ONU citó al menos 6856 muertes sospechosas de opositores políticos venezolanos entre enero de 2018 y mayo de 2019, la mayoría de las cuales fueron ejecuciones extrajudiciales. Como argentino, el Papa debería saber muy bien que esta cifra es mayor que ninguna registrada en otro país de la región desde los días de las dictaduras militares de la Argentina y Chile en los años setenta.

En rigor, las cifras de la ONU sugieren que el régimen de Maduro ha matado a más opositores en los últimos 17 meses que el dictador chileno Augusto Pinochet en sus 17 años en el poder.

Después de la declaración de los obispos venezolanos y del informe de Bachelet, no hay excusa para que el Papa siga sin criticar los asesinatos masivos del régimen venezolano.

Si el Papa todavía está esperando jugar un rol de mediador o garante de un acuerdo político, lo menos que podría hacer es hacerse eco del llamado de los obispos venezolanos y pedir elecciones libres lo antes posible para resolver la crisis política que escaló desde la elección ilegítima de Maduro el año pasado. Pero el Papa ni siquiera está diciendo eso. ¡Debería darle vergüenza!

Economía General

Neurofinanzas: ¿emprender desde la perspectiva de ganar o de no perder?

Albert Einstein dijo: “todos somos unos genios pero si juzgas a un pez por su habilidad de escalar un árbol, vivirá toda su vida creyendo que es un estúpido”.

El mundo está lleno de gente que no está satisfecha con sus resultados y no obstante sigue haciendo y diciendo lo mismo, teniendo los mismos pensamientos y actuando de la misma manera cada día. Así y todo, les sorprende tener siempre los mismos efectos negativos

Para Einstein, la locura consistía en seguir haciendo lo mismo y esperar obtener resultados diferentes.

Los pensamientos y sentimientos sobre uno mismo y sobre lo que podemos o no podemos hacer, son la suma que resulta de la experiencia y el condicionamiento que tuvimos en nuestras vidas, y en general tienen poca relación con lo que en realidad es posible para uno mismo…

En el desarrollo personal hay un principio que dice que, cada persona, se encuentra en un proceso continuo de crecer en la dirección de sus pensamientos dominantes.

La ley de la concentración dice que cualquier pensamiento con el que uno se obsesione se convierte en realidad.

Cualquier cosa sobre la que se piense durante un tiempo suficiente y con la suficiente intensidad, a la larga se convierte en parte de nuestros procesos mentales, ejerciendo su influencia y poder en la actitud y comportamiento.

Si todo el tiempo tenemos pensamientos de audacia, valentía y asertividad de manera progresiva, seremos más audaces, más valientes y más asertivos. Entre más pensemos en la persona que queremos ser, con las cualidades que nos gustarían tener, más lo vamos a implantar en lo profundo del subconsciente.

Allí, esos pensamientos se convertirán en parte de nuestro crecimiento actual. Lo que pensemos de manera habitual, con el tiempo se convierten en parte de nuestro carácter y personalidad. Estamos donde estamos y somos lo que somos, a causa de los pensamientos que has permitido que ocupen tu mente, sobre lo que sea que hayas estado imaginando en los últimos meses y años. Nos convertimos  y somos el resultado de todos esos pensamientos. Y ese es un camino permanente, ya que continuamos con ese trabajo de autoconstrucción; con cada pensamiento que tenemos.

Dado que este es un hecho ineludible de la vida, lo más inteligente que podemos hacer es pensar con persistencia en los pensamientos que se ajusten al tipo de persona que nos gustaría ser. Todo en la vida procede de adentro hacia afuera, del interior al exterior.

Y aquí se aplica la “ley de la correspondencia”, quizás una de las leyes mentales más importantes, que sostiene que: “Tu mundo exterior será un reflejo de tu mundo interior”. Lo que vemos en el exterior es en gran medida lo que está pasando en nuestro interior. Esto no solo es cierto para uno mismo, sino también para todos los que nos rodean.

Por lo tanto, una vida de éxito, riqueza financiera y prosperidad constante, se inicia tomando el control total, sistemático y resuelto, de los contenidos de nuestra mente y conciencia.

Henry Ford, utilizó cada fracaso como un maestro que lo guiaba cada vez a estar más cerca de sus objetivos.

Marie Curie, logró vencer todos los obstáculos impuestos a las mujeres que querían superarse, logrando algo histórico: ser la primera persona en recibir dos premios Nobel.

Michael Jordan, desde niño tuvo hambre de triunfo, lo que lo llevó a ser uno de los deportistas más exitosos en la historia.

Steve Jobs, que tenía una idea y no descansaba hasta que se hiciera tal como él la imaginaba.

¿Qué fue lo que impulsó a cada uno de estos personajes a seguir y seguir para llegar a lo más alto? ¿Cómo pudieron enfrentar todos los obstáculos, todas las dificultades, soportar todo tipo de rechazo y críticas? Y, a pesar de que caían, ninguno se quedaba en el piso. Todos se levantaban, todos retomaban su camino, su idea, su sueño y nada ni nadie pudo detenerlos.

La respuesta a esas preguntas es sencilla, pero nada simple de entender para muchos. Ellos confiaron en sí mismos, en sus ideas, en sus sueños. Dejemos de vernos a través de la ventana y mirémonos en el espejo. Aprendamos a conocernos, a saber quiénes somos, que nos hace vibrar y brillar con luz propia. ¿Dónde estamos parados? ¿Qué es lo que verdaderamente queremos de la vida? ¿A dónde soñamos llegar? No lo que nos dijeron, no lo que nos impusieron, sino lo que cada uno de nosotros ama. La vida es un camino en el que solo unos pocos son los que llegan a la cima.

Siempre escuchamos a la gente decir quiero ser el mejor, quiero ser el más fuerte, quiero tener un título, quiero tener una empresa, quiero lograr esto o quiero lograr lo otro. Siempre quiero, quiero, quiero. Pero ¿Cuántas de esas personas realmente están dispuestas a soportar todo? Sentir miedo, sentir dolor, tristeza, cansancio. sentirse solos, arriesgarse. Cuando la vida nos golpee y nos azote con toda la fuerza vamos a gritar, pero antes que termine ese grito, debemos volver a estar de pie, listos y con mucha más potencia para soportar todas las veces que la vida quiera tirarnos, para levantarnos una y otra y otra y otra vez.

Porque decidimos ser de los pocos que llegarán a lo más alto, de los pocos que  crean, que construyen. De los que dejarán una huella tan grande que la gente querrá caminar dentro de ella, tan solo para vivir un poco de ese cambio que hicimos en el mundo.

Hoy, los reto a que confíen en ustedes mismo, a que abran los ojos y se des cuenta de que tienen toda la capacidad para lograr lo que se propongan.

Los reto a que desarrollen hambre de triunfo, hambre de ser alguien diferente, alguien que siente una gran seguridad impulsado y protegido por un ejército enorme. Un ejército que se llama destino.

Convénzanse que son únicos y están destinados a lograr algo grande, algo extraordinario. No permitan que nada ni nadie detenga la potencia que tienen para lograr sus sueños. La potencia que hay en sus mentes. Deben seguir adelante, porque el éxito está en arriesgar todo por un sueño que nadie puede ver más que ustedes mismos, Y ese enfoque hacia sus objetivos y metas, es lo que los va a ser imparable. Porque no existe nadie como ustedes.

Esta vida no es un ensayo general, esta es nuestra presentación definitiva, no dejen pasar más tiempo, el futuro empieza ahora!

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Notas de Opinión

Pelea insólita en las playas de Pinamar: no es el churrero, es la Argentina

Lo sucedido expuso de manera sencilla que el peso que implican las regulaciones y la carga tributaria en Argentina torna inviable que ciertas actividades se realicen de forma registrada , incentivando la aparición de la economía en negro.

Columna de opinión publicada originalmente en TN.com.ar

La semana pasada se despertó una extravagante polémica cuando en Pinamar un grupo de turistas evitó que los empleados del municipio requisaran los churros de un hombre que no tenía autorización para vender en la playa. Luego de gritos, empujones y tironeos, los turistas finalmente consiguieron que el churrero huyera corriendo con su canasto. El debate siguió luego en las redes sociales, con el intendente de Juntos por el Cambio, Martín Yeza, dando explicaciones de lo sucedido.

Más allá de lo anecdótico que resultó el hecho, fue tan solo una expresión más de la realidad argentina de todos los días. Lo sucedido expuso de manera sencilla que el peso que implican las regulaciones y la carga tributaria en Argentina torna inviable que ciertas actividades se realicen de forma registrada (incluso las más simples), incentivando la aparición de la economía en negro.

No se trata entonces de la buena voluntad que pueda tener el vendedor para tener todo en regla, sino de los límites materiales a la actividad que realiza: la cuenta de ingresos menos gastos, si consideramos impuestos, licencias y registros bromatológicos, probablemente no cierre. Para el churrero (como para tantos otros) la disyuntiva es vender de manera informal o perecer ante una burocracia elefantiásica.

Un amplio sector de los argentinos comprende esta realidad y, de hecho, la siente en carne propia: después de todo, los turistas que evitaron que se llevaran los churros también son contribuyentes. La reacción espontánea de la sociedad civil en contra del Estado (representado a través de los agentes municipales) no solo expuso una sensación de empatía, sino también cierta cultura del desafío a la autoridad (que tanto nos caracteriza a los argentinos), pero sobre todas las cosas la fatiga social acumulada.

Tampoco ayuda el espejo en el cual los contribuyentes tienen que verse: en un contexto en el cual los grandes empresarios acusados de maniobras fraudulentas (como Cristóbal López) quedan impunes, quitarle los churros a un simple vendedor de la playa genera estímulos obvios para la indignación y el repudio generalizado. Como no hay casos ejemplares (precisamente todo lo contrario), los incentivos para el cumplimiento son mucho menores.

Las regulaciones y cargas tributarias excesivas conducen a estas pequeñas rebeliones fiscales recurrentes, con una sociedad que intenta permanentemente eludir la acción extractiva del Estado. Nadie se pregunta si el dinero que no se recaudará como consecuencia de la pequeña, mediana y gran evasión iría eventualmente destinado a financiar un hospital, una escuela o a comprar una nueva patrulla para la policía. Y este desapego nace porque nadie interpreta que una mejor recaudación acarreará mejores bienes públicos.

La sociedad argentina se ha ido moldeando con un sesgo hacia los derechos, pero no hacia las obligaciones, también hacia la libertad, pero no hacia la responsabilidad. El Estado tiene un costo, y en el caso del Estado argentino este costo es colosal. Pero esta falta de cultura tributaria existe porque lo que los argentinos hasta ahora han recibido a cambio no es un Estado grande, sino un Estado caro y “bobo”, que falla en brindar todo aquello de lo que dice hacerse cargo.

Otro problema en el verano: con la ola de calor colapsó el sistema eléctrico

Más allá de las deficiencias en materia de seguridad, educación, justicia y salud, pensemos en lo que ocurrió el martes pasado en el barrio Costa Esperanza, en el Partido de General San Martin. Desde Edenor informaron que el masivo corte de luz, que dejó sin servicio a 700.000 usuarios, se produjo debido a que un incendio en una de las viviendas de aquel asentamiento terminó afectando a una línea de alta tensión que pasa por la zona.

Este es precisamente el Estado que los contribuyentes terminan “comprando” con sus impuestos. No debería llamar la atención entonces que los argentinos perciban que se trata de un Estado que dice mucho, hace poco, y que cuando hace, termina fallando en lo que intenta, no solo por la corrupción que anida en el sistema político, sino también (y principalmente) por la falta de pericia y preparación de las autoridades.

Después de diez años de estancamiento, en el que la voracidad gubernamental en sus múltiples dimensiones (nacional, provincial y municipal), lejos de aminorar, recrudeció, muchos terminan identificando al Estado como uno de los principales obstáculos para el desarrollo de su economía individual. La semana pasada se conoció la historia de Juan Carlos Balagué, un panadero que tiene su local en avenida San Martín y Juan B. Justo, en la Ciudad de Buenos Aires.

Balagué tiene 18 empleados y (al menos hasta el viernes) hace 17 días que no tenía luz, a pesar de que había realizado 47 reclamos a Edesur, 45 al ENRE y 3 a la Defensoría del Pueblo. Todos los números son absurdos. Para el panadero, “este país se especializa en joderle la vida al laburador”.

El episodio ocurrido con el churrero en Pinamar, el caso del panadero Juan Carlos Balagué y el asentamiento Costa Esperanza construido en una zona por donde pasan los cables de alta tensión sintetizan buena parte de los problemas que tiene la Argentina hoy: nuestro país sufre del estancamiento económico y una crisis fiscal permanente, y encima se pretende resolver con un Estado ineficiente y caro, que agota a la ciudadanía y complica las iniciativas privadas.

El hartazgo es tal que, sin ni siquiera cuestionar el estado en el que se encontraban los churros, los turistas propusieron comprarlos a todos solo para que no se los pudieran quitar al vendedor: para los turistas que estaban en playa se convirtió en la pequeña venganza de los contribuyentes.

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Notas de Opinión

La batalla final contra la Corte

El kirchnerismo quiere impedir que el presidente del Tribunal controle también la Magistratura. Planea una ofensiva contra los cuatro jueces, que incluye una marcha. Busca renuncias y la ampliación del número de miembros.

Gerónimo Ustarroz es el representante del Poder Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura. Una clave de carga. Hermano del ministro del Interior camporista, Eduardo De Pedro. El funcionario, oriundo de Mercedes, estuvo en los últimos días dedicado a una misión discreta: dialogar con consejeros de la oposición para encontrar de acuerdo sobre la nueva ley de aquel Consejo que el Congreso debería sancionar antes de que concluya abril. La vigente ahora, reformada en 2006 por Cristina Fernández, fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema.

Presentada de esa manera, la gestión de Ustarroz no resultaría llamativa. La impresión podría cambiar al revisar la entretela. En la pretendida búsqueda de una coincidencia, el consejero arrimó un par de sugerencias. La primera, convocante: la disposición del kirchnerismo para tratar en el Senado la designación de un nuevo procurador general, que sustituya al interino Eduardo Casal. El único postulante que permanece es el juez Daniel Rafecas, impulsado por Alberto Fernández. Que terminó recibiendo el apoyo de Juntos por el Cambio. La segunda, disruptiva: la posibilidad que la futura ley no contemple al presidente de la Corte Suprema como titular del organismo.

Nadie descubre si la propuesta de Ustarroz forma parte de un arresto personal o una estrategia del Gobierno. Sucede algo similar en otros planos. Alberto y Martín Guzmán, el ministro de Economía, escenifican la necesidad de consenso con Juntos por el Cambio para la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pero vituperan a sus principales dirigentes cada vez que pueden por el endeudamiento tomado.

Uniendo los cabos que deja sobre la escena la política se podría arribar a una conclusión. El objetivo central del Gobierno reside ahora en la desestabilización de la Corte Suprema. La propuesta de Ustarroz no puede desvincularse de otro hecho. La marcha convocada para el primer día de febrero contra el máximo Tribunal, espoleada hasta ahora por el Presidente, el ministro y el vice de Justicia, Martín Soria y Juan Martín Mena. Detrás está encolumnado todo el kirchnerismo rabioso.

La determinación K de impulsar una ofensiva final tuvo su hito, justamente, en la inconstitucionalidad que los cuatro miembros de la Corte (Horacio Rosatti, Juan Carlos Maqueda, Carlos Rosenkrantz y, con matices, Ricardo Lorenzetti) estamparon al Consejo de la Magistratura tergiversado en su versión original. Ordenaron reponer los 20 miembros reducidos luego a 13. No se trata de un asunto matemático: la recomposición dificultaría el margen que siempre dispuso el kirchnerismo para designar y destituir magistrados. Amén del manejo de una caja millonaria. Herramientas que supo manipular Cristina. El desencuentro entre la Corte y el kirchnerismo reconoce antecedentes que fueron olvidados. En su último ciclo como jefe del cuerpo, Lorenzetti exhortó a la política a que fuera respetado el espíritu original del Consejo. En 2009, con otra conformación del Tribunal, el fallecido juez Carlos Fayt reclamó la modificación del organismo.

El pasado y el presente ofrecen un puente visible. Los gobiernos kirchneristas siempre probaron cambios en las reglas de la institucionalidad para edificar un sistema judicial acorde a sus necesidades. Alberto también lanzó su propia reforma. Esas necesidades aumentaron desde que la hoy vicepresidenta quedó embretada en un cúmulo de causas judiciales por corrupción.

La sanción de una nueva Ley de la Magistratura, que promete ser tratada en sesiones extraordinarias, no augura un tránsito apacible. Quedó claro, en los sondeos de Ustarroz, que Juntos por el Cambio no parece dispuesto a retacearle al titular de la Corte (ahora Rosatti) su condición de rector del organismo. El diputado Mario Negri presentó un proyecto con dicha premisa. Sorprendente unanimidad, para estos tiempos, en la coalición opositora. Se trata de la mayor disyuntiva, aunque no la única. Está en discusión, entre varios, la nominación de dos abogados y dos académicos que deberían surgir por elecciones del Colegio de Abogados y el Consejo Interuniversitario Nacional. El calendario es muy apretado y la pandemia estorba.

Ese panorama potencia para el Gobierno en el mundo judicial las incertidumbres que soporta en la política. Explica el embate contra la Corte Suprema que, bajo la óptica del sentido común, estaría fuera de contexto. ¿Por qué lanzarse a semejante aventura en una coyuntura objetiva de debilidad? Después de dos derrotas electorales consecutivas. ¿Cómo harían para cubrir hipotéticas vacantes con un Congreso tan equilibrado, donde el oficialismo formalmente resignó el quórum en el Senado? Algo más en qué reparar: Alberto ni siquiera se ocupó de proponer un reemplazante luego de la dimisión de Elena Highton.

Las argumentaciones lógicas suelen ser consumidas demasiadas veces en el kirchnerismo por las urgencias. Desata el ímpetu ciego de un tapir, con el perdón para el fallecido frondicista Rogelio Frigerio y el desarrollismo. Las urgencias son claras: después de la feria judicial la Corte Suprema puede expedirse sobre asuntos muy sensibles. El conflicto sobre coparticipación planteado por Horacio Rodríguez Larreta, por la quita dispuesta por el Gobierno durante la pandemia para auxiliar a Axel Kicillof. Nueve recursos presentados por la defensa de Cristina en la causa por la obra pública. El único juicio oral y público que está en curso desde mayo del 2019 administrado por el Tribunal Oral Federal 2.

En los primeros días de febrero ese trámite recibirá cuatro testimonios estelares. Los de Alberto, Sergio Massa, Aníbal Fernández y Juan Manuel Abal Medina. Jefes de Gabinete en diferentes épocas kirchneristas. También hablará Carlos Zannini, el procurador del Tesoro. Ya expuso Roberto Lavagna, ex ministro de Economía hasta el 2006. Corroboró la existencia de una cartelización de la obra pública. Vale un recordatorio breve: la vicepresidenta está acusada de haber sido jefa de una asociación ilícita que defraudó al Estado al direccionar la obra pública en beneficio de Lázaro Báez.

En este marco de desesperación se inscribiría la aceptación de Ustarroz para considerar la designación de otro procurador. No sólo porque se trata del jefe de los fiscales. Serán ellos que los ganan protagonismo en el sistema acusatorio penal. La opinión del procurador, además, antecederá a cualquier fallo de la Corte. El consejero kirchnerista deslizó, en verdad, una postura moderada. En la “mesa judicial” K (Oscar Parrilli, Eduardo Valdes, Roberto Taihade y Lepoldo Moreau), impera una ambición más drástica: barrer además con Julio Conte Grand, procurador en Buenos Aires, y Juan Mahiques, fiscal general de la Ciudad. Propuesto por Rodríguez Larreta. También nativo de Mercedes, como Ustarroz y De Pedro.

En todos los casos se vislumbra la misma dificultad. El Frente de Todos tiene imposibilidad de reunir los dos tercios en la Legislatura bonaerense. Se ilusionaron con la diáspora que generó en el vidalismo la desobediencia que habilitó otra reelección a los intendentes del Conurbano. La avanzada contra la ex gobernadora por el supuesto armado de causas contra la mafia sindical volvió a abroquelarlos. Tampoco los K tienen los votos en la Ciudad.

El empeño por chocar contra los muros es una condición del Gobierno. O del Frente de Todos. Obedece, sin dudas, a dos razones: no hay una conducción en la gestión; no existe una estrategia esbozada cada vez que aborda un problema. El único liderazgo lo representa la primera minoría de la vicepresidenta en la coalición oficial. Insuficiente.

Alberto asoma demasiado desprotegido. Cualquiera se anima a desafiarlo. La máxima expresión fue aquella renuncia de De Pedro, después de las PASO, que abrió la crisis en el Gabinete. Se advierten ahora episodios que desnudan la vacuidad de sus órdenes y palabras. Pidió a los funcionarios que no fueran de vacaciones al exterior. Luana Volnovich, la titular del PAMI, apareció en una isla mexicana. Jorge Ferraresi, ministro de Vivienda, prefirió descansar en Cuba.

Tal desaprensión se extiende a casi todos los terrenos. Es muy difícil, por ejemplo, seguir el hilo de la política exterior. Salvo que se convenga que es solo un enmarañado reflejo de la interna del FdT y de las exigencias de Cristina. El Presidente pidió un gesto de apoyo explícito de Joe Biden a la negociación con el FMI. Santiago Cafiero, el canciller, tiene una audiencia prevista en Washington con el secretario de Estado, Anthony Blinken. La tercera figura en importancia de la Casa Blanca.

En simultáneo, el Gobierno envió una delegación a la asunción de Daniel Ortega en Nicaragua. Reelecto con los opositores encarcelados. Estuvo presidida por el embajador Daniel Capitanich, hermano del gobernador de Chaco. En la misma ceremonia se vio a Mohsen Rezai, el iraní con pedido de captura internacional por el atentado en la AMIA. El Gobierno protestó a Managua luego de la divulgación periodística y de un comunicado de Juntos por el Cambio. Luego saludó a Ortega. Muy tarde explicó que Managua había desoído una solicitud de Interpol para la captura de Rezai. Comportamiento trágico y esperpéntico.

El Presidente se hizo cargo de la Confederación de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), donde no figura EE.UU. Tampoco Brasil. Sí, Cuba, Venezuela y Nicaragua. Aclaró que no se trata de enfrentar a nadie, en alusión a la OEA. El bloque podría servir a la estrategia de China en la región. Dispondrá para su expansión de una plataforma unificada de naciones que le simplificará la trabajosa negociación bilateral que desarrolla hace décadas. Detalle que tampoco pasaría inadvertido para Washington.

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