Salud

Enfermedad cardíaca y deporte: ¿cómo hacerlos compatibles?

Recomendaciones según el tipo de patología cardíaca

miércoles 24 de julio de 2019 - 7:57 am

La cuestión sobre la práctica deportiva en personas con enfermedades cardíacas tiende a generar muchas dudas. El asesoramiento a los cardiópatas deportistas debe ser muy individualizado y dinámico.

Por ejemplo, alguien que ha sufrido un infarto de miocardio tiene por delante un periodo de cicatrización de la lesión de tres semanas, durante el cual deberá observar una cautela especial. Una vez salvada esa fase inicial, en función de la causa y la extensión del infarto y según los resultados de las distintas pruebas médicas a las que se le someterá (electrocardiograma, ecocardiograma, etc.), se podrá determinar su evolución y cuándo y cómo puede retomar la actividad deportiva a pleno rendimiento.

Es preciso personalizar al máximo las recomendaciones para evitar que la práctica deportiva altere la salud cardíaca. El ejercicio es una herramienta terapéutica esencial; el principal problema no es la muerte súbita en el deporte, sino el aumento del sedentarismo.

Recomendaciones según el tipo de patología cardíaca

Cardiopatías congénitas

El gran avance que ha experimentado la cirugía ha permitido que cada vez más niños con cardiopatías congénitas lleguen a adultos, pero con secuelas. Dado que existen muchos tipos, la individualización del ejercicio es indispensable. Las restricciones no suelen ser máximas, pero buena parte de los afectados nunca van a poder llegar a un nivel de competición.

Hipertensión

Para poder hacer ejercicio de forma segura tiene que tratarse de una hipertensión controlada y que no afecte a otros órganos (corazón y riñón fundamentalmente). Si la enfermedad no está bien controlada, existe algún otro problema cardíaco o lesiones en otros órganos, se desaconsejan ciertos deportes.

En el peor de los casos, cuando a la hipertensión descontrolada se suman tanto lesiones de órganos como otras enfermedades, se recomienda evitar los deportes de más riesgo, sobre todo los de potencia (boxeo, lucha libre, carreras de velocidad…).

Miocardiopatías

Son enfermedades en las que el músculo del corazón está alterado en ausencia de una causa aparente. Hay tres tipos principales: hipertrófica, dilatada y arritmogénica. La más frecuente de todas, con diferencia, es la hipertrófica.

Muchas de estas enfermedades evolucionan con el tiempo, con una pérdida progresiva de la función del corazón, lo que obliga a readaptar el ejercicio físico. Pero, al mismo tiempo, el ejercicio puede ralentizar la progresión, ejerciendo un beneficio terapéutico. Hay una excepción, la miocardiopatía arritmogénica de ventrículo derecho, en la que se ha comprobado que el ejercicio es un claro desencadenante de arritmias.

Enfermedad coronaria

Los datos de estudios observacionales indican que el entrenamiento intensivo (más de siete veces a la semana o 18 horas de ejercicio semanal extenuante) eleva el riesgo de muerte prematura en pacientes con enfermedad coronaria. Por ejemplo, hay investigaciones que revelan que el riesgo de muerte súbita es entre dos y tres veces superior en quienes practican el triatlón.

Pero, en el otro lado de la balanza, se dispone de una cantidad ingente de estudios que certifican que la realización de actividad física de forma habitual reduce el riesgo de desarrollar enfermedad coronaria, así como la probabilidad de muerte súbita o paro cardíaco durante el ejercicio vigoroso. Además, se ha comprobado que la incidencia real de eventos cardiacos graves mientras se realizan actividades intensas es muy baja.

La individualización y planificación del ejercicio físico, contando siempre con el asesoramiento de profesionales sanitarios cualificados, es clave para controlar el riesgo  en personas con enfermedad coronaria asintomáticos y, con mayor razón, en quienes han padecido angina de pecho o infarto de miocardio.

Fuente: Cuidate Plus

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