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Salud

Enfermedad cardíaca y deporte: ¿cómo hacerlos compatibles?

Recomendaciones según el tipo de patología cardíaca

La cuestión sobre la práctica deportiva en personas con enfermedades cardíacas tiende a generar muchas dudas. El asesoramiento a los cardiópatas deportistas debe ser muy individualizado y dinámico.

Por ejemplo, alguien que ha sufrido un infarto de miocardio tiene por delante un periodo de cicatrización de la lesión de tres semanas, durante el cual deberá observar una cautela especial. Una vez salvada esa fase inicial, en función de la causa y la extensión del infarto y según los resultados de las distintas pruebas médicas a las que se le someterá (electrocardiograma, ecocardiograma, etc.), se podrá determinar su evolución y cuándo y cómo puede retomar la actividad deportiva a pleno rendimiento.

Es preciso personalizar al máximo las recomendaciones para evitar que la práctica deportiva altere la salud cardíaca. El ejercicio es una herramienta terapéutica esencial; el principal problema no es la muerte súbita en el deporte, sino el aumento del sedentarismo.

Recomendaciones según el tipo de patología cardíaca

Cardiopatías congénitas

El gran avance que ha experimentado la cirugía ha permitido que cada vez más niños con cardiopatías congénitas lleguen a adultos, pero con secuelas. Dado que existen muchos tipos, la individualización del ejercicio es indispensable. Las restricciones no suelen ser máximas, pero buena parte de los afectados nunca van a poder llegar a un nivel de competición.

Hipertensión

Para poder hacer ejercicio de forma segura tiene que tratarse de una hipertensión controlada y que no afecte a otros órganos (corazón y riñón fundamentalmente). Si la enfermedad no está bien controlada, existe algún otro problema cardíaco o lesiones en otros órganos, se desaconsejan ciertos deportes.

En el peor de los casos, cuando a la hipertensión descontrolada se suman tanto lesiones de órganos como otras enfermedades, se recomienda evitar los deportes de más riesgo, sobre todo los de potencia (boxeo, lucha libre, carreras de velocidad…).

Miocardiopatías

Son enfermedades en las que el músculo del corazón está alterado en ausencia de una causa aparente. Hay tres tipos principales: hipertrófica, dilatada y arritmogénica. La más frecuente de todas, con diferencia, es la hipertrófica.

Muchas de estas enfermedades evolucionan con el tiempo, con una pérdida progresiva de la función del corazón, lo que obliga a readaptar el ejercicio físico. Pero, al mismo tiempo, el ejercicio puede ralentizar la progresión, ejerciendo un beneficio terapéutico. Hay una excepción, la miocardiopatía arritmogénica de ventrículo derecho, en la que se ha comprobado que el ejercicio es un claro desencadenante de arritmias.

Enfermedad coronaria

Los datos de estudios observacionales indican que el entrenamiento intensivo (más de siete veces a la semana o 18 horas de ejercicio semanal extenuante) eleva el riesgo de muerte prematura en pacientes con enfermedad coronaria. Por ejemplo, hay investigaciones que revelan que el riesgo de muerte súbita es entre dos y tres veces superior en quienes practican el triatlón.

Pero, en el otro lado de la balanza, se dispone de una cantidad ingente de estudios que certifican que la realización de actividad física de forma habitual reduce el riesgo de desarrollar enfermedad coronaria, así como la probabilidad de muerte súbita o paro cardíaco durante el ejercicio vigoroso. Además, se ha comprobado que la incidencia real de eventos cardiacos graves mientras se realizan actividades intensas es muy baja.

La individualización y planificación del ejercicio físico, contando siempre con el asesoramiento de profesionales sanitarios cualificados, es clave para controlar el riesgo  en personas con enfermedad coronaria asintomáticos y, con mayor razón, en quienes han padecido angina de pecho o infarto de miocardio.

Fuente: Cuidate Plus

Salud

Cómo el estrés puede afectar a la boca y los dientes

Consejos para que tu salud bucodental no se vea afectada

El estrés afecta a muchos aspectos de la salud y la bucodental no es excepción. Hay muchas patologías bucales cuyo riesgo aumenta con esta situación.

Herpes labial: el virus se contagia por contacto con un infectado o con sus objetos personales. Y una vez te has contagiado no desaparece nunca y puede activarse puntualmente. La razón de que no desaparezca es que permanece agazapado entre las neuronas y listo para atacar en un proceso que se conoce como reactivación. Una de las principales causas de que se reactive es el estrés (también la fiebre o las quemaduras solares).

Síndrome de la boca seca: es la forma popular de referirse a la xerostomía. En esta patología se debilitan las glándulas salivales. Más allá de la molesta sensación de sequedad que genera, la falta de saliva tiene consecuencias más graves en la salud bucal. La saliva tiene una función de limpieza y su ausencia favorece la proliferación de bacterias, aumentando el riesgo de caries.

Aunque la xerostomía puede estar provocada por la diabetes, la toma de algunos medicamentos o los cálculos de riñón, el estrés actúa como detonante final, ya que contrae los vasos sanguíneos que van a las glándulas salivales, con lo que no reciben tanta agua procedente de la sangre y no producen saliva.

Enfermedades peridontales: el estrés emocional afecta al sistema inmunológico y favorece el desarrollo de la placa bacteriana. La hormona del cortisol generada en situaciones de estrés puede aumentar la inflamación y el sangrado de las encías (gingivitis). Y con eso aumenta el riesgo de infección y de enfermedad periodontal, que puede llegar a provocar la pérdida de piezas dentales.

Caries y mal aliento: el estrés está muy relacionado con la ansiedad por comer y, en concreto, por el dulce. Llevados por los nervios, son muchos los que buscan consuelo en la ingesta de dulces y bebidas azucaradas. Esto favorece la obesidad y la diabetes y también aumenta el riesgo de caries y mal aliento. El consumo de azúcar genera ácidos en la boca que crean las condiciones idóneas para que actúen las bacterias que provocan la caries y se genere mal aliento.

Bruxismo: es una de las consecuencias más comunes del estrés, ya que lleva apretar los dientes de forma inconsciente, en especial durante el sueño. Esta presión, que puede llegar a ser cinco veces más fuerte de la que realizás al masticar, puede provocar desgaste del esmalte dental, dolor en la mandíbula o sensibilidad dental.

Consejos para que no afecte a tu salud bucodental:

– No te saltes los cepillados aunque comas en la oficina. Cambiá cada tanto el cepillo de dientes de tu neceser cada mes, ya que este tiene menos ventilación que el que usás en tu casa, puesto que en el trabajo lo guardamos directamente.

– Relajá la mandíbula. Si notás que la tensás mucho y no podés controlarlo acudí a un especialista para que evalúe si sufrís bruxismo. Si sos consciente de que apretás, intentá relajarla.

– Comé sano y bebé agua. Estos consejos, junto con una correcta higiene bucal, son tu mejor seguro para evitar patologías orales.

Por supuesto, también hay que actuar sobre el origen del problema que es el estrés.

Fuente: Saber vivir TV

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Salud

Remedios naturales para ahuyentar gatos de tus plantas

Métodos inofensivos para que no se acerquen a tus plantas

Los gatos se acercan a las plantas debido a que lo traen en su instinto. Si no sabés cómo ahuyentarlos, estos son algunos remedios naturales que podés preparar sin lastimarlos o causarles algún daño.

Pimienta en las plantas: colocá algunas pimientas gordas en la tierra. A estos animales no les gusta el olor de esta especia, por lo que es perfecto para que no se acerquen a tus plantas. También podés optar por espolvorear pimienta molida, sin embargo, asegurate que solamente sea un poco.

Limón: si vivís en un lugar donde hay muchos gatos, podés optar por esta opción ya que este olor les causa mucho desagrado. Colocá un recipiente con varias rodajas de limón sobre tu planta, sin embargo, es importante que no rocíes su jugo en la tierra, ya que esto podría cambiar el pH de tus plantas y dañarlas severamente.

Plantas: así como hay plantas que atraen a los gatos, también las hay aquellas que los repelen. Podés colocar lavanda, tomillo o romero alrededor de tu jardín o el área donde tengas tu rincón verde, pues su olor los ahuyentará y así no se acercarán. Es crucial que no coloques plantas tóxicas para mascotas, pues en caso de que la consuma podría provocarle graves daños.

Fuente: Panorama

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Salud

Qué tono de maquillaje de ojos te va mejor según su color

Una sombra, ya sea en polvo o en crema, bien elegida aportará beneficios a tu mirada

El maquillaje puede ser tan libre como una quiera, por lo que cada quien podrá escoger sus tonalidades favoritas. No obstante, existen ciertas orientaciones que pueden ser de ayuda para encontrar los colores que más nos favorecen.

Principalmente existen dos opciones a la hora de decidirse por una sombra: optar por la armonía o por el contraste. En el primer caso, el resultado es un look más elegante y sutil, ya que lo que se hace es emplear un color que sea lo más parecido posible al del propio ojo. Por lo que el maquillaje quedará perfectamente integrado y con un aspecto atractivo.

En cambio, el contraste conseguirá llamar más la atención y destacar el color natural del iris, ya que quedará rodeado por un color cuya función será potenciarlo al máximo. En este caso, ¿cuáles usar?

Los ojos azules se verán favorecidos sobre todo por los tonos dorados, que acentuarán su claridad y matices brillantes. Aunque también les sienta muy bien el bronce y el naranja, con los que se conseguirá un mayor efecto de contraste.

Por su parte, los ojos verdes destacan con las tonalidades con base roja y también morada, esto puede dar lugar a una serie de posibilidades: borgoña, escarlata, ciruela, lila, violeta o berenjena.

En cuanto a los ojos marrones, este color es la mezcla de los tonos amarillos, verdes, rojizos y anaranjados. Estos están presentes en el iris en mayor o menor medida, la clave es fijarse en cuál de ellos cuenta con el matiz más potente. Así se elegirá una sombra apropiada: morados para los marrones con amarillo, azules para los anaranjados, rojos para los verdosos y verdes para los rojizos.

Fuente: El mundo

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