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Salud

Tenosinovitis de Quervain: una de las consecuencias del sobreuso del celular

Cuando la tecnología afecta de forma negativa a tu cuerpo

La utilización inadecuada y prolongada de celulares y otros dispositivos causa cada vez más dolencias. Esto puede causar diferentes patologías en manos y muñecas como rizartrosis, síndrome de túnel carpiano y tenosinovitis de Quervain, entre otras. También puede generar el síndrome de textneck, que se desarrolla en el cuello.

La tenosinovitis de Quervain es una patología que se puede generar, entre otros factores, por el sobre uso del celular y pasar largos períodos de tiempo con la mano y muñeca en una mala posición. Se caracteriza por un dolor gradual en la región radial de la muñeca, donde se produce una inflamación en el primer compartimiento extensor, comprendido por el abductor largo y extensor corto del pulgar.

El diagnóstico principal es clínico. Se realiza la maniobra de Finkelstein y se complementa con estudios por imágenes (radiografías, ecografías). Para el tratamiento se inmoviliza la muñeca y el pulgar por unas semanas para favorecer la desinflamación del primer compartimiento extensor, que genera el dolor.

Una vez pasado el período de inmovilización, se pretende recuperar la movilidad del pulgar y su fortalecimiento. A su vez, se deberá educar al paciente en las actividades que generan la inflamación, los movimientos que la desencadenan y también se deberá realizar un plan preventivo para que no vuelva a ocurrir.

Consejos para evitarla:

Descansar cada 30 minutos luego del uso consecutivo del celular. Armar un plan de elongación integral de todo el miembro superior y cuello, ya que esto ayuda a prevenir otras patologías.

Es importante acceder a adaptaciones comerciales como sujetadores, dedales, etc. para favorecer la redistribución del peso e incluso a no sostenerlo con la mano. En caso del uso de computadoras y tablet, se pueden adoptar posiciones ergonómicas, colocar las pantallas a la altura de la vista, apoyar los antebrazos y muñecas y usar almohadillas debajo de ellas.

Fuente: Lic. Margarita Samartino / Conbienestar

Salud

Tips para comer bien en invierno sin subir de peso

Cinco formas de reemplazar alimentos sin sumar tantas calorías

Cuando la temperatura baja aumenta la necesidad de platos suculentos y calóricos. Sin embargo, los kilos de más pueden evitarse con algunos trucos y priorizando los alimentos que producen más saciedad. Estas son algunas recomendaciones:

– Cazuelas y woks en vez de ensaladas. Como las hortalizas son indispensables en un plan equilibrado, lo mejor es optar por preparaciones calientes que las incluyan en variedad, cuantos más colores mejor, ya que aportan más vitaminas, minerales y antioxidantes.

– Sopa, todos los días. Antes de las comidas principales ayuda a reducir la ingesta de comidas más calóricas. La mejor es la casera, simple de preparar si se compra una bandeja de verduras para sopa ya cortadas. Si aprovechás el caldo de una carne o pollo hervidos, dejalo enfriar en la heladera y retirá la grasa de la superficie antes de usar.

– Pasta al dente. Una pasta “a punto” (incluso algo más rígida) da más saciedad. Para que no sume calorías conviene evitar salsas y cremas calóricas y reemplazar el queso rallado común por su versión light. Si agregás a una crema light hortalizas salteadas con rocío vegetal, mucho mejor.

– Tartas “destapadas”. Usá hortalizas como ingrediente estrella para una versión bajas calorías: calabaza, acelga, espinaca, zanahoria, zapallitos, cebolla. Podés agregar queso magro o blanco descremado y usar una sola tapa de masa light para la base.

– Compotas deliciosas. Si la fruta fresca no te resulta atractiva podés convertirla en compota o fruta al horno. Para endulzar, además de edulcorante apto para la cocción, agregá clavo de olor, canela, esencia de vainilla o cardamomo, que le dan un toque especial. Las frutas cocidas más ricas son manzana, pera, ciruela y durazno.

Fuente: Dr. Cormillot

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Salud

Cinco usos que le podés dar a las bolsitas de sílice

Qué utilidad le podemos dar a estos productos

Todos hemos comprado algo alguna vez que dentro contenían las pequeñas bolsitas de sílice. Si no sabés qué usos le podés dar, estos son algunos tips para sacarles provecho.

1. Celular mojado

Si tu teléfono se cayó al agua sin querer y no arranca, probá de introducirlo en una bolsita de plástico sellada y llenarla de varias bolsitas de sílice. Dejá el artefacto ahí durante 24 horas sin abrir y luego volvé a intentar prenderlo. La idea es que el gel absorba la humedad.

2. Sal y azúcar apelmazadas

En estos casos se puede introducir dentro del salero o azucarera una bolsita de gel, asegurando que esté cerrada, y dejar esperar unas horas para que se despegue. Después sacalo del lugar para que no contamine la comida.

3. Guardar adornos y decoraciones navideñas

Con el objetivo de mantenerlos en buen estado y evitar que la humedadlos afecte, se pueden colocar varias bolsitas en la misma caja y esperar hasta abrirlas al año siguiente.

4. Mantener en buen estado las cuchillas de afeitar

Suelen quedar húmedas después de haberlas usado, lo que provoca que se estropeen al poco tiempo Una forma de que duren más tiempo es guardarlas en un tupper junto con las bolistas de gel de sílice hasta nuevo uso.

5. Quitar el mal olor de carteras y mochilas

Si pasan mucho tiempo cerradas, sobre todo si han llevado ropa húmeda, pueden tener malos olores. Si se cierran y se dejan en su interior las bolsitas durante unas horas, ese olor desaparecerá.

Fuente: Cien radios

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Salud

Nueve errores de higiene comunes en la cocina

Qué peligros representan estos hábitos

Las bacterias que proliferan en alimentos vencidos, mal manipulados o mal conservados pueden causar infecciones gastrointestinales graves, que en algunos casos se manifiestan con vómitos muy intensos, diarrea y deshidratación. A continuación, los errores más comunes y cómo reducir las posibilidades de infección.

1. Lavar el pollo en la pileta

Muchos piensan que lavar la carne cruda con agua de la canilla elimina las impurezas. Pero es una costumbre riesgosa ya que el chorro de agua suele salpicar todo lo que está cerca y esas gotas pueden estar contaminadas por bacterias.

l pollo naturalmente tiene una cierta cantidad de bacterias y la mejor manera de eliminarlas es a través del proceso de cocción. La recomendación es no lavarlo antes de sazonar o ponerlo en la sartén o en el horno.

Cocinar bien la carne y los huevos es importante. Lo ideal es que el corazón del alimento alcance una temperatura de al menos 70 °C. Esto asegura que la mayoría de los microorganismos han sido eliminados. Una forma de comprobarlo es usando termómetros específicos para cocinar.

2. Usar solo agua para desinfectar las verduras que se comerán crudas

Simplemente limpiar las frutas, verduras y hortalizas que se comen crudas y sin pelar (como es el caso de los tomates, la lechuga y las manzanas) con un poco de agua es un error.  Si bien la limpieza superficial ayuda a eliminar las impurezas de mayor tamaño, no es capaz de sacar por completo los microorganismos que se acumulan en la superficie.

La recomendación es sumergirlos en un recipiente que tenga una mezcla de agua y lavandina durante unos 15 minutos. Luego, lavar con agua corriente y secar antes de guardarlo en la despensa o en el refrigerador, según el alimento. Por cada litro de agua se debe agregar una cucharada de lavandina.

Este rito de limpieza no requiere usarse con vegetales pelados y cocidos, como las papas. Será la cocción la que eliminará los microorganismos potencialmente dañinos.

3. No lavarse las manos antes de manipular alimentos

En este caso, los patógenos que han terminado en las uñas y los dedos pueden “saltar” a la comida, un proceso llamado contaminación cruzada. Antes de comenzar cualquier receta o comer, lavarse las manos con agua y jabón.

4. Usar los mismos utensilios para los ingredientes crudos y cocidos

Hablando de contaminación cruzada, imaginá el riesgo de cortar carne cruda y luego usar la misma tabla y cuchillo para quitar las hojas de una lechuga. Los microorganismos que había en la carne pueden pasar directamente a las verduras que se comerán crudas en una ensalada.

5. Esperar a que la comida se enfríe antes de meterla en la heladera

Cada microorganismo tiene una temperatura ideal para multiplicarse. Algunas bacterias, por ejemplo, se replican más rápido a 25 °C. Otros prefieren 30, 35 ºC y así sucesivamente. Si las sobras quedan en la cocina durante mucho tiempo, se puede presentar la oportunidad para que algunas bacterias se multipliquen.

La temperatura de la sartén o la olla desciende gradualmente después de que se apaga la cocina o el horno, hasta alcanzar los parámetros ideales para que proliferen estos seres microscópicos. Si la comida va directamente al refrigerador, la temperatura más baja impide la reproducción acelerada de patógenos.

6. No guardar los alimentos en los lugares adecuados de la heladera

La temperatura puede variar considerablemente según cada espacio de la heladera. Y eso puede influir en la multiplicación de microorganismos: los alimentos frescos o ya cocinados necesitan estar mejor protegidos del frío, mientras que las conservas, bebidas y condimentos no necesitan temperaturas tan bajas.

– Primer estante (el más alto): huevos, leche y productos lácteos;

– Segundo estante (medio): sobras;

– Tercer estante (el de abajo, encima del cajón): alimentos en proceso de descongelación;

– Cajón: verduras, hortalizas y frutas;

– Puertas: bebidas, especias, jaleas, conservas, jugo y agua.

También vale la pena vigilar cuánto tiempo se pueden almacenar.

– Pescados, carnes y embutidos: 3 días;

– Salsas: 20 a 30 días;

– Sobras: 1 a 2 días;

– Frutas y verduras: 3 a 7 días;

– Leche: 2 a 5 días;

– Productos de panadería y pastelería: 5 días;

– Huevos: 7 días.

7. Dejar la carne en envases sin sellar

La heladera no impide por completo el proceso de multiplicación de microorganismos. Están naturalmente en los alimentos y permanecerán allí, pero en el refrigerador tardarán mucho más en crecer y crear colonias.

Uno de los mayores riesgos en este ambiente más frío es la forma en que almacenás las carnes crudas. Suelen venir de carnicerías y supermercados en bolsas o bandejas de poliestireno y envoltorios de plástico. Generalmente llevan un poco de líquido o sangre con bacterias.

Si el empaque tiene algún agujero, por pequeño que sea, este líquido puede escaparse y derramarse sobre otros alimentos. Para evitar que suceda, lo ideal es cambiarla de recipiente. Guardarla en envases de plástico o de vidrio con tapa es una buena sugerencia.

Esto es si vas a consumir las carnes en los próximos dos o tres días. Si va a transcurrir más tiempo antes de la cocción, lo más adecuado es guardarlas en el congelador.

8. Descongelar los alimentos a temperatura ambiente

El congelador es donde se guarda la comida precocinada, las carnes crudas, los helados y el hielo. Allí, la temperatura es tan baja que prácticamente hace inviable la supervivencia de los microorganismos. El peligro ocurre cuando estos alimentos se descongelan.

Hay quienes los descongelan a temperatura ambiente y, también, quienes colocan el producto en un recipiente lleno de agua para acelerar el proceso. Ambos métodos presentan un peligro de contaminación: a medida que se descongelan, liberan agua y crean el ambiente perfecto para que prosperen las bacterias.

Siempre conviene descongelar en la heladera por los microorganismos y por la textura de los alimentos. Si se descongela poco a poco, absorbe esa agua y no pierde textura. Otra opción, si tenés prisa, es usar el microondas, que suele tener una función específica para descongelar.

9. No limpiar la heladera de vez en cuando

El objetivo es eliminar manchas, cáscaras y restos que caen de los recipientes y platos. El primer paso es desenchufarla y retirar todos los alimentos. Aprovechá para comprobar la fecha de caducidad en los envases.

Retirá las piezas extraíbles, como estantes, cajones y compartimentos. Lavá todo con agua y detergente neutro. Luego dejalo secar naturalmente. El tercer paso es frotar una esponja humedecida con agua y detergente neutro por toda la parte de la heladera. Usá un paño húmedo para enjuagar y luego secá con un paño limpio. Volvé a colocar todas las piezas removibles y devolvé la comida a sus respectivos lugares.

Fuente: Diario de Cuyo

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