Opinión

Cinco errores típicos de los políticos en las campañas electorales

Gabriel Slavinsky

Consultor en comunicación política. Profesor Universitario y de Posgrado

Hay fallas tradicionales en campaña que deben combatirse a cada paso para lograr la coherencia u orquestación deseadas

viernes 5 de julio de 2019 - 2:46 pm

Columna publicada originalmente en El Cronista

Hay cierta coincidencia entre los actores implicados en una campaña política, sobre la importancia de la coherencia comunicacional. En términos académicos se la define como orquestación, en la que distintos instrumentos convergen en la creación de una melodía armónica, desplegando en el escenario una agraciada música para los oyentes. El paralelismo alude a que cuando se enfrentan elecciones existe cierta anarquía y se debe intentar poner orden a cada paso, respetando la esencia del dirigente, del partido y sobre todo el discurso, el mensaje central y la estrategia general.

Pasando de la música a la cocina, sería utilizar la mayor cantidad de ingredientes alimenticios, en el tiempo correcto, con la porción justa para configurar un plato en su temperatura perfecta para el momento de ser degustado.

Hay cinco errores tradicionales en campaña que deben combatirse a cada paso para lograr la coherencia u orquestación deseadas. Podrían, incluso, ser aplicados a otros terrenos, pero en la política se pagan muy caros porque hay una sola oportunidad cada 2 o 4 años. En el alto rendimiento deportivo si se pierde un partido de fútbol o un torneo, hay revancha mucho más rápido.

Si las elecciones se comparan con mundiales de fútbol (7 partidos cada cuatro años), podríamos decir que quien mejor hizo los deberes los meses anteriores será el candidato mejor posicionado.

En definitiva, hay coincidencia que, a menor cantidad de errores, mayores chances. Debajo, presentamos los 5 más habituales:

1) Error de diagnóstico
Significa partir de una posición equivocada. Desarrollar una equivocada creencia o valoración del lugar de salida, también incluye subestimar o sobrestimar las posibilidades de los adversarios e incluso de las personas que apoyarán.

2) Concentración en el adversario
Consideramos que observar y tener en cuenta las “jugadas” rivales son relevantes en una competencia, pero estar demasiado pendiente paraliza, en muchos casos se copian acciones positivas y en otros se sobreestiman los errores ajenos. En esos instantes existe el riesgo de perder el rumbo o no trabajar en la dirección correcta.

3) Desapego por la estrategia
Implica cambiar lo planificado, por situaciones de la coyuntura o a mitad de camino. Modificaciones mínimas pero constantes a partir de sensaciones o comentarios ajenos. Alterar el discurso o hablar de muchos temas a la vez, por influencia de terceros o pensar que hay cuestiones que no pueden dejarse de lado cuando en realidad no corresponden a los ejes conceptuales planteados

4) Imprecisión en la definición de los objetivos:
Tema muy subestimado por los políticos en general, para realizar una estrategia de campaña se requiere de la mayor precisión posible. De ese modo, se puede planificar desde posicionamiento real hacia el ideal o deseado. Pareciera ser que la meta es ganar o posicionarse y sin dudas no es tan sencillo.

Existen problemas adicionales, como quedar expuestos ante los propios equipos, seguidores y militantes o en otros casos, se desvía la atención hacia un fin diferente al original (puede ser más o menor ambicioso, pero no planificado) esto implica rencuadrar el discurso, alterar los planes, cambiar calendarios, convencer al público, persuadir a la militancia, etc.

5) Imprudencia política:
Es una cuestión a la que recurren, sin querer, muchos dirigentes y candidatos, los cuales se dejan llevar por instintos que invaden su conciencia como certezas inquebrantables. La recomendación en estos casos sería: “En donde sientas certezas, duda”

Generalmente, las imprudencias se dividen en dos líneas: 1. Debatir innecesariamente sobre cuestiones personales propias o de los adversarios. Incluso incorporando lo familiar y, 2. Mostrar mucho interés por los escenarios electorales más o menos convenientes, las reglas del juego, perder el tiempo en explicaciones técnicas como ley de lemas, la boleta corta o cierres de listas.

En definitiva, las campañas las gana el que menos errores comete, logra mayor orden y apego por la estrategia. Ni más ni menos.

Es sencillo, claro y simple.

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