Salud

Precauciones a la hora de calefaccionar una vivienda

Qué tener en cuenta según el sistema que utilicemos

lunes 24 de junio de 2019 - 7:51 am

Calefaccionar los ambientes es una medida que nos permite hacer frente a las condiciones climáticas del invierno, pero también puede resultar perjudicial para la salud, dependiendo del sistema y de la temperatura a la que se lo utilice.

Lo ideal es que no supere los 21°-23° y que la humedad se sitúe entre el 50 y el 70%. En exceso aumenta el contraste de temperatura entre interior y exterior, lo que puede disminuir la capacidad de respuesta de los mecanismos defensivos del organismo.

A la hora de elegir, los artefactos que funcionan a combustión (estufas de parafina, a querosén, gas o leña, las cocinas o los braseros) consumen oxígeno y liberan gases nocivos, como el monóxido de carbono. La combustión inadecuada del material empleado para la producción de calor, o un sistema de ventilación insuficiente, pueden provocar la acumulación de niveles peligrosos de estos gases nocivos.

El monóxido de carbono es un gas imperceptible por ser incoloro, inodoro y porque no irrita las mucosas, pero ocupa el lugar del oxígeno en la sangre, por lo que impide su llegada a los diferentes órganos y tejidos. La intoxicación por este gas puede culminar en un paro cardiorrespiratorio y muerte.

En menor grado puede haber dolor de cabeza, náuseas, debilidad, mareos, etc. Otro gas peligroso es el dióxido de nitrógeno, que se libera cuando las cocinas, hornos de gas y estufas de parafina no funcionan correctamente. No se huele ni se ve, pero es irritante para las mucosas y puede causar dificultad respiratoria, sobre todo en pacientes asmáticos, con EPOC o con otras patologías respiratorias crónicas.

Existen otros productos derivados de una mala combustión, sobre todo de estufas o chimeneas de carbón y leña, que son partículas de tamaño tan diminuto que pueden depositarse en lugares profundos del árbol bronquial, pudiendo favorecer la aparición enfermedades respiratorias crónicas o tumores.

Los sistemas de calefacción por aire caliente (aire acondicionado) tienden a resecar el ambiente, lo que hace que las vías aéreas también pierdan humedad y por ende disminuyan sus mecanismos de defensa favoreciendo las infecciones y generando congestión nasal o tos, sobre todo en los alérgicos, o favorecer las exacerbaciones asmáticas en quienes padecen esta patología. La circulación de aire caliente arrastra partículas de polvo que contienen alérgenos, sustancias que favorecen el desencadenamiento de los síntomas alérgicos.

Los sistemas de calefacción más recomendados, sobre todo para aquellos que padecen patologías respiratorias crónicas, serían algunos tipos de estufas eléctricas, las losas radiantes, los radiadores y los calefactores que cuentan con sistema de cámaras de combustión cerradas con evacuación externa de los gases generados producto de la combustión.

Lo recomendable es que los ambientes estén templados, bien ventilados y asoleados porque el sol disminuye los ácaros de polvo y mantiene la temperatura.

Los mejores cinco consejos para calefaccionar con precaución:

– Verificar que todas las fuentes de calor funcionen correctamente (siguiendo escrupulosamente las instrucciones de los fabricantes para la puesta en marcha y en el manejo de los dispositivos).

– Salida de gases al exterior (cuando se usan determinadas fuentes de calor hay que tener en cuenta que tengan una adecuada salida, y de no ser así, abrir una ventana cada cierto tiempo, para ventilar el habitáculo donde se encuentra).

– Apagar la calefacción por la noche (también se recomienda ventilar la casa antes de encenderla por la mañana).

– Limpiar regularmente los filtros del aire acondicionado (este dispositivo es uno de los que más reseca el ambiente y las mucosas, además de reunir distintos agentes en los filtros que es importante limpiar con regularidad).

– Evitar fuentes de combustión que generan residuos (como el humo del cigarrillo, sahumerios, inciensos, etc.).

Fuente: Conbienestar

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