Opinión

Una impresionante ola peronista

Ernesto Tenembaum

Periodista, licenciado en psicología y escritor argentino. Conductor en Radio con Vos y colaborador en Infobae y El País

martes 18 de junio de 2019 - 6:27 pm

Columna publicada originalmente en Infobae

Uno de los defectos habituales del análisis políticos consiste en proyectar una líneas de puntos para intentar predecir el futuro. Una víctima de esa tentación en 2015 fue Aníbal Fernández. Cuando vio que el peronismo ganaba en la mayoría de las provincias, dijo, sobre el futuro de Mauricio Macri: “Al final del tobogán siempre está el arenero”, sin advertir que ese sería, en realidad, su propio destino. Las elecciones provinciales realizadas hasta ahora arrojan una combinación da datos abrumadores: el peronismo arrasa en muchas provincias, o gana más cómodo que antes, o pierde por menos diferencia. Pero en todos lados crece, y mucho. Es en general, un peronismo no K, y bastante conservador, pero peronismo al fin. Al contrario, Cambiemos se achica significativamente. Si se proyectara esa línea de puntos, la suerte de Macri estaría echada. Tal vez sea así. Pero no conviene abusar de un método que ya resultó fallido en otras oportunidades. Macri suele parecer terminado semanas antes de toda elección.

El domingo, Omar Perotti recuperó la provincia de Santa Fé para el peronismo luego de 12 años de gobierno socialista. En Formosa, el peronista Gildo Insfrán logró el setenta por ciento de los votos y comenzará el 10 de diciembre su séptimo gobierno consecutivo. En San Luis, el peronista Alberto Rodriguez Saá aseguró que su familia seguirá en el poder que ocupa desde 1983. Obtuvo 42 por ciento de los votos. Si le suman los que obtuvo su hermano, el peronista Adolfo Rodriguez Saá, representan dos tercios de la provincia puntana. En Tierra del Fuego, el candidato kirchnerista Gustavo Melella, superó el 50 por ciento de los votos. La gobernadora peronista Roxana Bertone consiguió el 38 por ciento. Casi un 90 por ciento en total.

Esos fueron los resultados del domingo. Antes, en Entre Ríos, San Juan, Tucumán, Córdoba, La Pampa los candidatos peronistas triunfaron por entre veinte y cuarenta puntos de diferencia. En Chubut, las dos principales fuerzas fueron peronistas y consiguieron más del 70 por ciento de los votos: el gobernador electo celebró con Massa, el candidato derrotado era kirchnerista. En algunas provincias, donde ganaron fuerzas locales, como Neuquén o Río Negro, el peronismo obtuvo el segundo puesto y dejó relegado a Cambiemos a la insignifcancia. En la inmensa mayoría de las provincias, el peronismo consiguió más votos que hace cuatro años. Si fue derrotado, redujo la diferencia. Si ganó, la amplió.

Exactamente lo contrario ocurre con Cambiemos. A pesar de que el oficialismo logró mantener los distritos que gobierna –Jujuy, Mendoza y Corrientes–, en todos ellos perdió votos. La enumeración es abrumadora. En 2015, en Santa Fé, el candidato de Cambiemos, Miguel del Sel, obtuvo poco más de 30 puntos y quedó a centésimas del socialista Miguel Lifschitz. Ahora, José Corral no llegó al 20 por ciento y recibió menos de la mitad de votos que el triunfador, peronista. En Tierra del Fuego, en 2015, el candidato radical obtuvo 38 por ciento en la primera vuelta. Ayer, Cambiemos no existió.

En Tucumán, una semana atrás, Silvia Elias de Perez, la candidata de Cambiemos, obtuvo 20 por ciento de los votos, quedó a 30 puntos del peronista Juan Manzur. Cuatro años antes el radical José Cano había superado el 40 por ciento. En Córdoba, este año Cambiemos se presentó dividido. Su candidato más votado, Mario Negri obtuvo 18 por ciento, casi 40 punto menos que el peronismo. Los dos candidatos sumados obtuvieron 7 puntos menos que en 2015. El diario “El economista”, antes de las elecciones del fin de semana, calculó que Cambiemos perdió un 30 por ciento de su caudal electoral en las elecciones provinciales. Cambiemos fue derrotado en capitales donde era muy fuerte como Paraná, Santa Fe o Córdoba.

En casi todas las provincias hay muchos más votos para el peronismo y muchos menos votos para Cambiemos.

Si se miran objetivamente, los números describen una poderosa ola peronista en las provincias.

En este panorama, es muy tentador ubicar a la fórmula Fernández -Fernández como la gran favorita para diciembre. Sin embargo, algunos elementos obligan a ser prudentes. El primero de ellos es que ninguno de los candidatos peronistas triunfantes hicieron campaña con la imagen de los integrantes de la fórmula presidencial. Si eso les sumara, lo habrían hecho.

Ni Alberto ni Cristina participaron ni fueron invitados a los festejos de cada triunfo. Lo que ganó en las provincias fue el peronismo. El kirchnerismo, reconoció sus limitaciones al negociar con cada gobernador desde posiciones de debilidad o retirar sus candidatos, como lo hizo en Córdoba.

Por eso, tal vez no sean lo mismo los peronismos provinciales que el kirchnerismo nacional. Si se siguiera esta lógica, la formula de los Fernández tendrá tantas más posibilidades cuanto más logre parecer peronista y menos kirchnerista: difícil tarea, dada la presencia de Cristina. Los votos de Cambiemos se redujeron. Los votos peronistas aumentaron. ¿Y los votos kirchneristas? Nadie puede saberlo porque fueron a la cola de candidatos mucho más conservadores.

Uno ejemplo muy ilustrativo de esto es el de Omar Perotti, un candidato antiabortista, cuya campaña hizo eje en el combate contra el delito y cuya fuente de poder electoral fue el interior de la provincia, donde anida el sector agropecuario. ¿Cómo votarán los Perottistas ante un balotaje entre Mauricio Macri y Alberto Fernández? Es muy interesante lo que ocurrió con la votación de diputados provinciales. En ese rubro, los votantes de Perotti se dividieron por mitades. Unos votaron a la lista del PJ y los otros a la lista pro vida liderada por Amalia Granata. Al día siguiente de su notable elección Granata dijo que votaría a Macri en una segunda vuelta: “No quiero que vuelva Cristina”.

El poder territorial peronista está liderado por referentes moderados como Sergio Uñac o Gustavo Bordet, o caudillos enquistados en sus provincias como Insfrán o los Rodrigez Saá, o por partidarios de la ortodoxia económica como Juan Schiaretti, o por antiabortistas militantes como Juan Manzur. Es difícil definir si cada uno de ellos está a la derecha o a la izquierda, por ejemplo, de Miguel Pichetto: depende del momento y del lugar, en todo caso.

La ola peronista no solamente se refleja en los resultados electorales sino también en escenas imprevistas. Una de ellas se produjo en el almuerzo que se realizó el viernes pasado en Los Platitos, un tradicional restaurante de La Costanera. Allí tronó, fuerte, la marcha peronista. Quienes la cantaban no eran Alberto Fernández, José Luis Gioja o Santiago Cuneo sino algunos de los dirigentes más importantes de Cambiemos. Entre ellos el ex jefe del bloque senadores kirchneristas y actual candidato a vicepresidente, Miguel Angel Pichetto. También estaban el vicejefe de gobierno porteño, Diego Santilli, la mano derecha de María Eugenia Vidal, Federico Salvai, los encargados de Justicia y Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Gustavo Ferrari y Cristian Ritondo, el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó. Los peronistas de Cambiemos son muchos y ocupan cargos muy relevantes.

Si se proyectan los votos en las provincias hacia octubre, Macri estaría terminado.Pero ese método no siempre permite llegar a conclusiones correctas. Solo algunas veces.

Lo que parece claro es que la marca peronista ya no genera rechazo.
Tanto es así que hasta Macri impulsa que algunos de sus dirigentes canten: “Perón Perón, que grande sos. Mi general, cuánto valés”.

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