Salud

Cuáles son los efectos de la adrenalina en nuestro cuerpo

Este tipo de adicción puede adoptar diversas formas

miércoles 12 de junio de 2019 - 7:07 am

La adrenalina, más conocida en el ámbito médico como epinefrina, es una hormona crucial para el organismo. Tiene múltiples ventajas que facilitan nuestra adaptación al medio y nos preparan para afrontar una situación excepcional de la mejor manera posible.

Pero las sensaciones agradables pueden ser realmente peligrosas, ya que la secreción de adrenalina genera efectos a nivel químico en el cuerpo que son muy parecidos a los de un orgasmo. Además de favorecer el rendimiento y activación fisiológica, si se secreta en exceso puede producir serios efectos secundarios, entre los cuales se encuentran los comportamientos adictivos.

La producción de epinefrina estimula la liberación de dopamina, una sustancia que induce una sensación de bienestar generalizado. Por eso, las ganas de sentirse así constantemente llevan a algunas personas a realizar conductas excitantes y a convertirse en verdaderos adictos a la adrenalina.

Estos individuos están sumergidos en una euforia constante que los incita a buscar acontecimientos que les lleven al límite. La cantidad de adrenalina que circula por su cuerpo los lleva a realizar todo tipo de conductas aventureras.

Esta sustancia química se produce en las glándulas suprarrenales cuando nos enfrentamos a situaciones de estrés, excitación o nerviosismo. Estimula el corazón y aumenta la respiración. De esta manera, se acelera el ritmo cardíaco, de forma que la sangre se oxigena más rápido y hace que llegue más cantidad de oxígeno y nutrientes a todas las partes del cuerpo.

Además, detiene el movimiento intestinal, dilata las pupilas para agudizar nuestra visión y recluta glucosa de nuestras reservas para que nuestros músculos respondan con rapidez. También incrementa la presión sanguínea, de forma que los vasos sanguíneos fundamentales se ensanchan, mientras que los secundarios se estrechan. Ésta es la razón por la que nos quedamos pálidos ante este tipo de circunstancias. Las venas de la cara, de las manos o de las orejas se quedan sin tanto riego de sangre porque no son tan fundamentales.

Fuente: Conbienestar

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