Opinión

El pragmatismo se impuso a la identidad

Martín Rodríguez Yerba

El autor es Secretario de Redacción de LA NACION .

martes 11 de junio de 2019 - 5:03 pm

Columna publicada originalmente en La Nación

auricio Macri rompió cuatro años de resistencia a incluir peronistas al Gobierno y le dio nada menos que la candidatura a vicepresidente a Miguel Ángel Pichetto. El pragmatismo se impuso a la identidad.

La palabra clave es "apertura". Lo pedían los radicales, lo pedían los dirigentes más "políticos" de Pro y lo reclamaban en los despachos empresariales que ansían la continuidad de Macri o, para ser más precisos, que tienen pesadillas con una posible restauración kirchnerista.

Pichetto conquistó a Macri en cámara lenta. Primero, el Presidente lo veía como un "opositor responsable", que gestionó a un peronismo acéfalo en los años iniciales de este mandato. Después, llegó a decir en privado que el rionegrino era "el único opositor confiable". Y en las últimas semanas terminó por convencerse que era el socio ideal para enfrentar el desafío que le planteó Cristina Kirchner al escudarse en Alberto Fernándezy traer a su territorio a Sergio Massa .

La elección de Pichetto es a la vez una señal hacia futuro y una autocrítica: Macri le dice al electorado desencantado con su gestión que un segundo mandato implicará ampliar la mirada y que entendió que ya no puede cerrarse sobre su círculo íntimo.

"Miguel no aporta votos, sino un mensaje de fortaleza. Le estamos mostrando al país y al mundo la vocación de construir gobernabilidad", explicó una fuente de la Casa Rosada al calor del anuncio más esperado. No es momento de hacer historia contra fáctica ni de lamentarse por no haberle hecho caso antes a Emilio Monzó, en lugar de bajarlo de la primera línea del poder.

Pichetto aporta peronismo, capacidad de negociación y algunas otras "virtudes", como sus relaciones en el Poder Judicial. ¿Qué dirán ahora los operadores oficialistas que lo acusaban de haber armado una "mayoría peronista" en la Corte para complicar al Gobierno? La respuesta es previsible: hay que mirar hacia adelante.

La presentación oficial del acuerdo será que las elecciones son entre democracia y autoritarismo. Y que Pichetto, claramente, está del mismo lado que Macri en esa disyuntiva. Eso mismo piensa Elisa Carrió, que no se metió en la decisión, pero hizo saber su apoyo a la designación del senador como compañero de fórmula del Presidente.

Lo que queda pendiente es determinar el mecanismo del acuerdo. La cúpula de Cambiemos trabaja para ampliar el pacto a lo que queda de Alternativa Federal, es decir a Juan Manuel Urtubey y a Juan Schiaretti. Con Urtubey está muy avanzado el diálogo para llevar un candidato único en Salta. Queda ver a título de qué podría entrar en la coalición oficialista (que ahora deberá encontrar un nuevo nombre).

La noticia no tomó por sorpresa a los radicales, que soñaban con un lugar en la fórmula. Lo supieron esta mañana. Pero, presos de sus palabras, deberán aceptarlo: el principal pedido público de Alfredo Cornejo y Gerardo Morales era "ampliar Cambiemos"; no conseguir lugares en las boletas.

Esperan ahora completar un tejido de listas que les sea favorable. Se descuenta que Martín Lousteau será candidato a senador por la Capital -lo que fortalecería la oferta de Horacio Rodríguez Larreta- y queda pendiente construir un frente sólido en la provincia para defender a María Eugenia Vidal. Ya sin la fantasía de las colectoras, la gobernadora queda como el eslabón más expuesto en la cima macrista.

Quedan horas de negociación frenética, pero se consolida una certeza: la fórmula Macri-Pichetto es un reflejo de la polarización extrema. Una pieza mueve a la otra. Ahora Massa acuerda con el kirchnerismo. Y los dos bloques se alistan para una batalla final anticipada, en octubre, acaso sin necesidad de ballottage.

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