Opinión

La inflación, la agresión y el miedo a la libertad

Miguel Wiñazki

Periodista y escritor

Los movimientos totalitarios en la historia comenzaron con piedra libre para agredir

sábado 8 de junio de 2019 - 9:49 am

Columna publicada originalmente en Clarín

A veces hay que tomar distancia para ver mejor. En el Foro Económico de San Petersburgo desde donde se escribe esta columna, la Argentina es distante pero no tan ínfima como sostiene cierto folclore común que nos achica como liliputienses. Tampoco es cierto lo opuesto, el gigantismo de un nacionalismo argentinocéntrico que no se funda sino en delirios de grandeza.

Vladimir Putin y Xi Jinping se reunieron aquí y acordaron políticas conjuntas. Es una asociación difícil de empardar por los Estados Unidos .

China y Rusia no desprecian a la Argentina en términos de inversiones. En un diálogo con un grupo de periodistas argentinos, Kirill Lipa, CEO de Transmashholding, la compañía ferroviaria más grande Rusia con una facturación proyectada para 2019 de 7000 millones de dólares, confirmó una inversión inicial de 200 millones de dólares, en la Argentina, en Mechita, un pueblo ferroviario que languidecía a la vera de la agonía de los trenes en el país. Ahora se reactiva la reconstrucción de talleres para reparar allí locomotoras y vagones.

Argentina se fue hundiendo de manera directamente proporcional a la destrucción del sistema ferroviario. El obstáculo más importante que observa Lipa respecto las inversiones es la inflación. Sobre la oposición del gremio de los camioneros a la resurrección del sistema ferroviario solo dijo que es un problema del gobierno argentino. En Rusia el 90% del transporte de las cargas internas va por ferrocarril. En Argentina es el 10 %. Una locura. Moyano siempre se lleva casi todo.

Los rusos quieren invertir también en el sistema ferroviario proyectado a partir de Vaca Muerta. Tendrán mucha competencia. Hay ofertas diversas y todas buenas, que apostarán por el país si la economía se estabiliza. ¿Cuando se atenuará la inflación? Nadie lo sabe de verdad.

Entre otras enfermedades la depreciación algo atenuada pero subsistente del peso convive con la psicopatología de la vida cotidiana que opera creando mundos invertidos. Así, el deshonesto acusa al honesto de ser ladrón. El matón acusa al pacífico de violento, el vago acusa al trabajador de perezoso. El culpable acusa al inocente de criminal. Se dibuja un universo paralelo al real, en el que como sabemos, “nada es mejor y todo es igual”.

El nivel de toxicología de esa proyecciones altera las percepciones colectivas y entonces el motochorro adquiere fueros, el punguista tiene razón porque fue víctima de no se sabe bien qué, el jefe o la jefa de una asociación ilícita puede ser la persona más poderosa de un país.

Hay que tener cuidado con las agresiones celebradas como actos de justicia. La violencia callejera, es una inmensa señal de alerta y nunca jamás, la sufra quien la sufra, puede ser concebida como una revancha justificada. Todos los movimientos totalitarios de la historia comenzaron con esa piedra libre para agredir. Quien tolera, propaga y festeja los escraches, o ríe sarcásticamente frente a un arrebato, o una trompada porque el damnificado no coincide con sus posiciones, abre la caja de Pandora de todos los venenos, promueve la adicción a los atropellos que empiezan “justificados” y que pueden terminar en cualquier horror.

Eso vale para los hinchas de fútbol cuando piden sangre contra los fans antagónicos a su equipo, vale para los jibarizados que aprueban y bendicen las agresiones a periodistas, y vale para todos los que no advierten que la violencia literal engendra más violencia, y que las denuncias fundadas de los hechos de corrupción serán negadas por todos los tránsfugas.

La agresión destruye. La interacción construye.

No deberíamos permitir -hipotetizo- que cierto espíritu rebelde y contracultural lo arrebate para sí solo el kirchnerismo. La rebeldía es más grande, más profunda y más constructiva que el resentimiento de un movimiento político autoritario. El feminismo es más grande que el kirchnerismo. La literatura es más grande que el kirchnerismo que se encaramó en la Feria del Libro, el cine es más grande que los artistas rentados del kirchnerismo. Incluso el antimacrismo es más grande que el kirchnerismo. A la vez el antikirchnerismo es más grande que el macrismo.

¿De dónde surgió esa vocación miserable por encasillarnos, por encerrar la vida, la mente, el corazón, la política y la filosofía?

¿Como se incubó esa cobardía, ese miedo tan tremendo a la libertad, que nos induce con tanta fuerza a escondernos en una jaula política tan pobre como dogmática?

Escribo estas líneas desde Rusia mirando a la Argentina a distancia, desde otra cultura, otras calles, otros héroes, otros santos y otras infamias. Pero aqui y allí hay una enseñanza de la historia y de la vida. Escribió Alexander Pushkin, el infinito poeta ruso: “Depender del pueblo, depender del Zar ¿Cuál es la diferencia? A nadie tienes que reportar….”

​A nadie.

COMENTARIOS