Psicología

¿El orden y la felicidad van de la mano?

Cómo se relacionan ambas cuestiones con la personalidad de cada uno

lunes 3 de junio de 2019 - 7:55 am

El efecto de la “filosofía Marie Kondo” arrasa en todo el mundo con el criterio de “no sirve, no lo uso, no me hace feliz”.

Existen personas que encuentran en el orden una manera de estar más tranquilas y satisfechas con ellas mismas. Ver la casa limpia, descartar objetos que ya no se usan, ordenar los espacios, sobre todo cuando fue una acción postergada por meses o años, provoca bienestar, es una tarea vivida como un logro.

El lado saludable es no obsesionarse, es decir, limpiar, ordenar, organizar la casa u otros espacios, sin dejar de hacer otras actividades que podrían darnos igual o mayor bienestar. Tampoco sirve imponer a los otros un modelo de perfección que despierta conflictos.

En el otro extremo, la acumulación y el desorden  tampoco son buenos. Vivir en ese estado de deterioro personal está más cerca de la patología que de una postura existencial. Los que acumulan objetos sin valor se aferran a ellos con la convicción de que “van a servir en algún momento”, llenando la casa de mugre.

También están los que guardan por privaciones pasadas. Las personas que han vivido hambrunas saben que cada cosa tiene un valor, por lo tanto los objetos deben cuidarse para que duren años. El denominador común de ambos extremos es la obsesión (por la limpieza o por guardar cosas que en algún momento pueden ser usadas). Cumplir con la idea obsesiva es calmar la angustia que provoca el desorden o guardar cosas sin ningún valor afectivo ni de uso. De ninguna manera esto es felicidad.

Así como encontramos personas ordenadas, que además pretenden que el resto también lo sea, existen las que conviven con todo tipo de desorden que no altera su estado de ánimo. Saben dónde encontrar las cosas porque han internalizado un orden mental que les permite encontrar los objetos dentro de un mar de cosas.

Captan y recuerdan mejor la ubicación de los objetos a diferencia de los sujetos que focalizan la atención y se abruman por el caos. Hay acuerdo entre los psicólogos de la conducta de que las intenciones para poner orden están presentes, solo que no se deciden a hacerlo.

La postergación provoca más ansiedad y confusión por no saber por dónde y cuándo empezar. Se denomina “efecto flittering” a la acción de revolotear sobre las cosas sin decidirse a encararlas de una vez por todas.

Fuente: Clarín

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