Alimentación

Por qué no conviene comer alimentos que se hayan quemado

Los riesgos de que la comida se pase del tiempo de cocción

lunes 27 de mayo de 2019 - 7:55 am

Seguramente has oído hablar alguna vez de la acrilamida. Se trata de una sustancia química que se forma de manera natural en los alimentos que contienen almidón y durante procesos de cocción cotidianos a altas temperaturas.

Entre sus efectos destaca el aumento del riesgo de desarrollo de cáncer, principalmente en el riñón, el endometrio y los ovarios. Su impacto depende principalmente de la edad del consumidor.

Los adultos, por ejemplo, poseen una mayor sensibilidad a las papas fritas, que representan hasta el 49% de la exposición media a este compuesto. Le siguen muy de cerca el café, con un 34%, y el pan blando, con un 23%; además de las galletas saladas, el pan crujiente y otros productos derivados de la papa.

En cuanto a los niños y los adolescentes, los productos derivados de las papas fritas –excepto los chips y los aperitivos– presentan hasta un 51% de toda la exposición a través de la dieta. El pan blando, los cereales de desayuno, las galletas y otros productos derivados de los cereales o de las papas pueden contribuir hasta con un 25%, y los pasteles y los productos de confitería hasta el 15%. Ingredientes que afectan considerablemente a los bebés menores de un año.

Esta exposición adquiere un nivel limitado si el individuo sigue una dieta normal variada. Otras formas de reducir su influencia son no sobrecocinar los alimentos, ser cuidadoso con la selección de materias primas, las condiciones de almacenamiento o la temperatura de cocinado. De esta forma, los riesgos desaparecerán casi en su totalidad.

Aunque la presencia de acrilamida se limita a un grupo reducido de alimentos, esto no significa que el resto de comida carbonizada pueda ser considerada saludable. Otra sustancia relacionada con la alimentación y las altas temperaturas son las aminas heterocíclicas. Es un compuesto químico presente en productos ricos en proteínas como, por ejemplo, la carne asada a la parrilla o a la barbacoa, el pescado o el marisco.

Cuando cocinamos un alimento demasiado, alteramos sus aportes nutricionales, pero además cualquier grasa cocinada a 250 ºC o más pierde su propiedad de ser natural y se convierte en algo nocivo para el organismo. Esto ocurre porque al quemar los alimentos incrementamos la cantidad de dióxido de carbono que contienen, ingiriendo después esas toxinas que deberán ser procesadas por nuestro organismo para su posterior eliminación.

Si se consume este tipo de comida con demasiada frecuencia, el organismo dejará de procesar con eficacia dichas toxinas, acumulándose en el organismo. Esta reacción puede ocasionar de manera inmediata síntomas como pesadez estomacal, acidez, molestias digestivas u otras enfermedades gástricas de importancia. Sin embargo, la degeneración de las células, la aparición de dolencias hepáticas o la creación de agentes capaces de producir cáncer son los efectos que más preocupan a la comunidad médica.

Fuente: Alimente

COMENTARIOS