Opinión

Ella preceptora, él alumno; se enamoraron y reencontraron 20 años después

Señorita Heart

Contadora de "Historias de Amor" reales

viernes 24 de mayo de 2019 - 12:28 pm

Columna publicada originalmente en La Nación

“¡Qué linda pareja hacen! ¿Cuándo van a salir?”, les decían entre risas a Agustina y Francisco. Pero claro, aunque la propuesta resultaba más que tentadora -ella estaba encantada con su sonrisa y su personalidad- llevarla a la práctica era una misión imposible. Francisco era alumno en el colegio donde ella trabajaba como preceptora y Agustina no quería problemas.

“Los otros preceptores, e incluso algunos profesores, nos cargaban con que hacíamos una hermosa pareja, pero obviamente, él era alumno y ese era mi trabajo. Al terminar el año, yo renuncié con una posibilidad mejor, y él ya había terminado la secundaria, con lo cual, nada nos impedía estar juntos”.

Se conocieron, empezaron a salir y tuvieron, según recuerda ella, un noviazgo maravilloso. Eran jóvenes, habían formado un sólido grupo de amigos, se llevaban bien con las familias del otro y tenían una vida tranquila, sin demasiadas preocupaciones. Aunque Francisco era un poco celoso, Agustina lo amaba: “sus celos no me generaban inseguridades, todo lo contrario. Con el tiempo supe que en ese entonces él me cuidaba como nunca nadie me cuidó después”.

Pasaron cuatro años, Agustina empezó un trabajo que le demandaba muchas horas y, además, cursaba la carrera de marketing por las noches. Ella era un año mayor que él. Mientras, Francisco, aún no tenia decidido qué hacer de su vida. Eso generó varios desencuentros, la madurez y comprensión de las prioridades para cada uno eran diferentes y, finalmente, decidieron separarse. Pasaron algunos meses e intentaron retomar la relación. Hasta que ya no funcionó, y muy dolidos, cada uno siguió con su vida.

Hasta luego amor

“Aunque pasó el tiempo, para mí su nombre jamás pasó desapercibido. Pero eso ya era parte de mi historia. Luego conocí a quien fue mi marido durante 10 años y padre de mis dos hijas. Pero en cada cumpleaños, tanto mío como de Francisco siempre había un saludo, jamás esas fechas se nos pasaban por alto. Nos saludábamos por Facebook, a través de un mensaje privado para no herir susceptibilidades de nuestras parejas de aquel momento”.

Pero esa relación tampoco prosperó para Agustina y, en buenos términos, finalmente se separó del padre de sus hijas. “Al tiempo conocí a un hombre y empezamos a salir, fue un noviazgo lleno de manipulaciones, y destrato. Cuando pude abrir los ojos (confieso que de eso no se sale fácilmente) logré escapar y entendí que era el momento de estar sola para lograr la tranquilidad que tanto necesitaba”.

Y, sin darse cuenta, buscando compañía y pasar momentos agradables, Agustina dejó entrar a su vida a aquellos con los que tanto había compartido en la adolescencia. Retomaron el contacto, organizaron un encuentro y allí ella advirtió que entre esos amigos estaba Francisco (que no se había casado, no estaba en pareja y tampoco tenía hijos). “Cenamos en grupo en varias oportunidades y nos dimos cuenta que la amistad que teníamos, y los códigos que marcamos en la adolescencia, jamás habían mutado. Luego de 20 años, nos reíamos de las mismas cosas, y cada uno ocupaba el mismo rol que siempre, el diplomático, el poco serio, el estructurado y yo, la única mujer y suerte de psicóloga de todos”.

Pero, en cada encuentro, las miradas y los roces entre Agustina y Francisco se hacían cada vez más evidentes. “Después de 20 años no podía creer estar frente a él. Hasta que un día, quedamos solos, nos miramos fijo a los ojos, nos abrazamos y nos besamos. Volví a sentir exactamente como era su olor, y esa sensación de conocernos, pero a la vez ser unos desconocidos”.

Los encuentros se repitieron y tuvieron intimidad. Todo se dio de forma natural, sin inhibiciones ni falsas expectativas. “Es todo muy reciente, todo está tranquilo, no nos hemos planteado una relación ni nada, solo estamos transitando esta etapa, hasta que tengamos el valor de decirlo abiertamente, o solo se diluya el deseo, dejando nuestra historia como estaba. Solo el tiempo sabrá si esta historia puede volver a empezar 20 años después”.

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