Psicología

Tres trastornos habituales que afectan tu mente

Cómo reconocerlos para poder hacer algo al respecto

sábado 11 de mayo de 2019 - 7:43 am

Estrés, ansiedad y depresión son tres trastornos que pueden afectar tu mente y tu cuerpo en general. Conocer sus causas y síntomas es el primer paso para saber cómo tratarlos.

Estrés

¿Qué es? Un fenómeno fisiológico normal que ayuda a soportar situaciones exigentes y a reaccionar frente a las demandas del entorno.  Es negativo cuando el organismo no es capaz de adaptarse a la situación y de dar respuestas adecuadas. Puede acabar desarrollando una enfermedad física o problemas emocionales como ansiedad o depresión.

Causas. Desde factores de la vida diaria como exceso de actividad, la falta de tiempo, los hijos o problemas de cansancio y sueño, hasta el fallecimiento de un ser querido, la enfermedad propia o ajena, un proceso de separación, problemas laborales o académicos o el uso de las nuevas tecnologías (tecnoestrés por imposibilidad de desconectar).

Señales de alarma. Emociones negativas (estados prolongados de desesperanza, ansiedad, irritabilidad, cambios de ánimo, nerviosismo), falta de concentración y pensamientos nocivos (olvidos y distracciones frecuentes, autocrítica excesiva), cambios de la conducta (comer más o menos, tartamudez, llanto fácil, abuso de tóxicos, menor rendimiento laboral o académico) y alteraciones físicas (cansancio, insomnio, sudoración, contracturas, respiración agitada, taquicardias, disfunciones sexuales, etc.).

Qué hacer. Antes que tomar fármacos, la prevención es clave para tratar este trastorno. Entrenate en la solución de problemas, organizá bien tu tiempo, descansá, aprende técnicas de autocontrol, fomentá las relaciones personales y sociales, cuidá tu dieta, hacé deporte de manera regular, recurrí a un profesional si es necesario.

Ansiedad

Qué es. El estrés puede desencadenar esta reacción emocional, que es un sentimiento de aprehensión o de miedo, una preocupación incontrolable y excesiva sobre gran cantidad de acontecimientos o actividades, que suele prolongarse más de seis meses.

Causas. La fuente del desasosiego no siempre se sabe o se reconoce, por lo que aumenta la angustia. Puede provenir de cualquier situación o pensamiento que haga sentir a la persona frustrada, furiosa o ansiosa.

Señales de alarma. El trastorno de ansiedad generalizada es el más frecuente, mientras que en niños lo es la ansiedad por separación y en adolescentes comienza la ansiedad social. Se tiene problemas para controlar sus preocupaciones o sentimientos de nerviosismo y para concentrarse. Siempre están cansadas, se muestran irritables y padecen insomnio. Tienen dolores de cabeza, musculares o del estómago o molestias inexplicables, dificultad para tragar, temblores o tics y sudores y se sienten mareadas o que les falta el aire. Los niños y adolescentes se preocupan en exceso por su rendimiento en la escuela o en los deportes y por catástrofes, como terremotos o guerras. Los más pequeños creen que algo malo les va a ocurrir a sus padres, mientras que a los jóvenes las redes sociales les genera más ansiedad.

Qué hacer. Hay que encontrar la causa y tratarla con psicoterapia, medicamentos o una combinación de ambos. Revisá tu estilo de vida y apostá por hábitos saludables, como llevar una dieta equilibrada, hacer ejercicio regularmente, limitar el consumo de cafeína y alcohol, no fumar, practicar técnicas de relajación, incluso en los menores, o tomar descansos en el trabajo.

3. Depresión

Qué es. Está entre los trastornos del estado del ánimo que con mayor frecuencia desencadenan los episodios de estrés prolongados. Se caracteriza por una tristeza profunda y pérdida de interés general por las cosas al menos durante dos semanas. Afecta a la capacidad de llevar a cabo las actividades laborales y académicas y de afrontar la vida cotidiana. En su forma más grave, puede conducir al suicidio.

Causas. Incluso con una predisposición genética, por lo general empieza por un evento estresante: la muerte de un amigo o familiar, una desilusión importante en el hogar, en el trabajo o en la escuela, un dolor prolongado o una enfermedad grave, parto o, por ejemplo, aislamiento social y discapacidades, como los problemas de audición y sordera típicos en mayores.

Señales de alarma. Sentimientos persistentes de tristeza, ansiedad, vacío, desesperanza y pesimismo, pérdida de interés y de la capacidad de disfrutar, sentimiento de culpa e inutilidad, irritabilidad e inquietud. Presenta trastornos del sueño o del apetito, cansancio y falta de concentración. Entre los síntomas físicos destacan las palpitaciones o presión en el pecho y molestias abdominales o problemas digestivos En adolescentes coincide con cambios de carácter y conducta, mayor rebeldía, consumo de drogas, alcohol.

Qué hacer. No te aísles. No recurras a las drogas o al alcohol. Hablá con tu médico y u otro profesional sanitario para poder hacer un diagnóstico y contarte los tratamientos posibles.

Fuente: Eroski Consumer

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