Elecciones 2019

Cristina Kirchner presentó a su nuevo jefe de campaña

Santiago Sourigues

Periodista. Tesista de Ciencias de la Comunicación (UBA)

En el lanzamiento de su libro "Sinceramente", la expresidenta lució su nuevo yo, moldeado a imagen y semejanza del exjefe de Gabinete, Alberto Fernández

jueves 9 de mayo de 2019 - 9:32 pm

Julio de 2008. Diario Perfil informa, en exclusiva, que uno de los tres funcionarios más importantes del gobierno nacional, el jefe de Gabinete Alberto Fernández, renuncia a su cargo.

“La 125” y su consecuente pelea con Clarín, además de diferencias en la relación con la nueva mandataria (muy distinta al vínculo que sostenía con Néstor Kirchner), le dieron salida a uno de los dos Fernández.

Desde entonces, ya nada sería igual. En la mesa chica de los Kirchner, éste dirigente justicialista, de modos vehementes pero no beligerantes; de sustancia progresista, pero no revolucionaria; aportaba, puertas adentro y afuera, el equilibrio que toda fuerza política necesita para generar algo que, con el correr de los mandatos de CFK, se iría diluyendo: consenso.

Con el regreso a las grandes ligas de Alberto, Cristina volvió a mostrar su cara más moderada. Algo parecido a lo que ocurrió en 2017. En ese momento, no fue Fernández, sino el asesor político Vinicio Alvarado quien la “encorsetó”.

Por la profundidad de su relación, y la historia entre ellos, se supone que la obediencia de la expresidenta a las sugerencias del ex massista puede ser más duradera en el tiempo. Y eso es por un motivo fundamental: Cristina cree en Alberto.

Guiños a empresarios, tono moderado y límites en el tiempo del discurso, demandas que el círculo rojo hizo explícitas en todos estos años post-vamosportodo, pero con una disciplina fuera de lo común (incluso, una vez terminada la presentación, pudo hablar frente a la militancia agolpada con paragüas bajo la torrente lluvia en la Avenida Sarmiento cuando le fue entregado el micrófono, pero eligió tan sólo agradecer por su presencia con unas breves palabras), llevan el sello del ex jefe de campaña de Florencio Randazzo en 2017.

Tampoco puede ser soslayada, en el análisis, la delicada situación personal que Cristina atraviesa. Su hija Florencia, procesada por las causas Los Sauces y Hotesur, miró la disertación de su madre desde Cuba, donde realiza un tratamiento médico mientras gana tiempo con la Justicia.

Ambos condimentos abren cuestionamientos sobre la vigencia que tendrá la “Cristina Autora”, que entre otros, se encargó de seducir al dueño del Multimedio América, Daniel Vila, a quien se lo vio en la primera fila del Salón Jorge Luis Borges de La Rural, junto con caras más familiares para semejante privilegio, como Estella de Carlotto, Pablo Echarri y Teresa Parodi. A propósito del paradójico nombre del auditorio donde, casualmente, la senadora de Unidad Ciudadana habló para 36.1 puntos de rating televisivos (a.k.a, cadena nacional), les espetó a sus propios descamisados una frase del ídem: “Son incorregibles”, cuando entronaban el ya clásico “Vamos a volver”. Se sabe que Cristina gusta de tener control de sus multitudes. No podría atribuírsele este gesto (solamente) al nuevo jefe de campaña.

“Nunca voy a ser neutral. Nosotros no somos suizos”, o la evocación al camporista José Ber Gelbard como modelo empresarial, sin embargo, muestran que la esencia redistributiva y ‘de izquierdas’ de Cristina Kirchner, se mantiene incólume. Por lo menos, hasta la siguiente encuesta de Isonomía, o al próximo (previsible, por desgracia), traspié del gobierno en materia económica.

“Quiero agradecer a Alberto Fernández la idea de escribir este libro”, comenzó su alocución (y virtual lanzamiento de campaña) la expresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. El tiempo dirá si también habrá otros motivos por los cuales La Doctora (Turco Asis dixit) tendrá que reconocer al abogado porteño de dilatada trayectoria, protagonista central, silencioso y omnipresente de la lluviosa noche de La Rural.

Casi once años después de la indeclinable y forzada renuncia que Alberto presentara a la pareja de su jefe, y que marcaría a fuego los siguientes lustros de la (cultura) política argentina.

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