Salud

Qué desencadena el hambre emocional

viernes 10 de mayo de 2019 - 7:30 am

Surgen muchas razones que llevan a una persona a comer más allá de tener o no hambre. Uno de esos motivos guarda una relación muy estrecha con las emociones: se trata del hambre emocional, un trastorno alimentario que utiliza la comida como anestésico de lo que sentimos.

Es aquella sensación que lleva a comer de forma injustificada. Sin hambre real, se trata de un estado de “confusión interna”, según el cual el sujeto une la comida a las emociones.

Aburrimiento, soledad, estrés, ansiedad, tristeza, ira, enfado, abatimiento, depresión o baja autoestima son algunas de las emociones y situaciones que llevan con más frecuencia a comer de forma impulsiva sin mirar las consecuencias. Aunque también puede ocurrir que la persona asocie estados confortables y placenteros con la comida. Por ejemplo, no poder dejar de comprar pochoclo cuando va al cine.

Además de la mala gestión emocional, este tipo de hambre también es frecuente en personas que han probado muchas dietas experimentando fracaso ante las mismas o personas muy autoexigentes con su forma de comer que llegan a un nivel de frustración. Por otra parte, una mala rutina también aumenta las probabilidades de hambre emocional.

Es cierto que se produce una calma momentánea, pero el problema sigue ahí, y las consecuencias físicas y psicológicas son mayores. Al dejarnos llevar se produce un aumento de sentimientos negativos, se recurre a la comida como consuelo y entramos de esta manera en un círculo vicioso. Con el hambre real te sentís bien cuando terminas de comer, en cambio con el hambre emocional sentís culpa, vergüenza e insatisfacción.

Entre las consecuencias físicas, las más importantes son el sobrepeso y la obesidad (factor de riesgo de múltiples enfermedades, como las cardiovasculares y la diabetes, entre otras) así como la posibilidad de sufrir otros trastornos alimentarios, como un trastorno por atracón, bulimia o anorexia.

Fuente: Cuidate Plus

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