Salud

Cómo puede contaminarse un hogar

Cuando las viviendas y oficinas no tienen el ambiente tan limpio como aprece

lunes 6 de mayo de 2019 - 7:18 am

Pasamos la mayor parte del tiempo entre cuatro paredes. Las de casa, las del trabajo, incluso el interior de los vehículos configura un escenario cotidiano para muchas personas.  El aire puede estar sucio, y eso es un factor de riesgo para la salud.

El incremento de dióxido de nitrógeno (NO2) está relacionado con mayor frecuencia de la tos nocturna, silbidos y utilización de medicación broncodilatadora, tanto en niños como en adultos. Una lista a la que se suma el riesgo de padecer cáncer de pulmón.

Las infecciones del tracto respiratorio inferior en niños, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y los tumores de las vías respiratorias en adultos son las principales patologías a las que nos exponemos.

También se recalca la importancia de la afectación de la contaminación interna en las personas con asma. Los niveles de contaminación medidos en oficinas y en viviendas suelen estar muy por debajo de los límites permisibles.

Aunque no se puede afirmar que la peligrosidad de la contaminación interior iguale a la exterior, no se debe infravalorar, especialmente aquellas personas más sensibles a los agentes contaminantes como las que padecen asma, o colectivos como los niños y los mayores.

La contaminación química es una de las principales amenazas. Son productos de combustiones con mala ventilación o mantenimiento deficiente, como aparatos de calefacción, cocinas, estufas, refrigeradores y hornos de gas. Todos ellos liberan monóxido de carbono (CO), monóxido de nitrógeno (NO), dióxido de nitrógeno (NO2), dióxido de azufre (SO2 ) y partículas (PM).

Entre todos, se destaca el monóxido de carbono, un gas incoloro e inodoro que se produce por la combustión incompleta de sustancias que contienen carbono. Los calentadores portátiles que utilizan queroseno, las chimeneas de leña, las calderas o los calefactores en mal estado son las fuentes responsables de liberar esta sustancia.

Por otro lado, los hogares donde se continúa utilizando biomasa (madera, carbón, hierba, restos de cosechas…) también son espacios donde esas mismas sustancias pueden disminuir la calidad del aire.

No solo un calefactor en mal estado o una caldera que no funciona bien son fuentes de contaminación, también pueden serlo muchos muebles que nos rodean. Son fuente de emisión de compuestos volátiles orgánicos que incluyen formaldehído, benceno o tolueno.

El formaldehído ha sido clasificado como un carcinógeno humano, y es común su presencia en madera contrachapada, paneles y aglomerados usados en la industria del mueble. Esta sustancia también aparece durante los primeros meses de envejecimiento de algunos barnices, por lo que la emisión se puede mantener en el tiempo.

El benceno es un producto carcinógeno que tiene como fuentes principales las pinturas, resinas, aceites, plásticos, detergentes y el humo del tabaco. En la oficina la presencia de artefactos electrónicos son fuente de compuestos orgánicos volátiles.

Otras fuentes son los microorganismos vivos como los hongos, los ácaros del polvo y las endotoxinas producidas por bacterias como la legionella. Fiebre, dolor de cabeza, irritación en la garganta, tos, sibidos y opresión torácica son algunas de las consecuencias de la exposición. Es el cuadro que podría describir una persona expuesta de forma crónica a contaminantes biológicos, situación que es evitable si se mantiene una limpieza exhaustiva de los sistemas de ventilación.

Se ha demostrado que la humedad y el calor favorecen su crecimiento y pueden encontrarse en duchas y sótanos con altos niveles de humedad, así como en el agua de los humidificadores y en sus filtros. Como el resto de las fuentes de contaminación interior, podemos minimizar la exposición a las fuentes que ensucian el aire. En este sentido, se aconseja mantener una buena ventilación en el hogar y evitar encender las calefacciones, cocinas o estufas en mal estado.

Fuente: El país

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