Opinión

Plan H: por qué Larreta es la apuesta presidencial que imagina el Círculo Rojo

Sebastián Iñurrieta

Licenciado en Comunicación Social y Periodismo (UNLP), y Magister en Periodismo (Universidad Torcuato Di Tella). Trabajó y colabora en La Nación, Perfil, El Cronista, y distintos programas radiales

viernes 29 de marzo de 2019 - 2:39 pm

Columna publicada originalmente en El Cronista

No fue casual que Marcos Peña recordara, en entrevista con La Nación, una frase de la propia María Eugenia Vidal para negar un eventual “Plan V” para las próximas presidenciales. “No estoy acá para usar a la Provincia como un trampolín”, fue lo que prometió la gobernadora bonaerense en su último 1M, citada por el Jefe de Gabinete para poner en su boca la desmentida. Desde entonces, temerosos de la performance de Mauricio Macri en las encuestas, en el Círculo Rojo comenzaron a buscar alternativas.

Igual, extraña repercusión del veto de Peña hubo en una gobernación que, al menos desde lo oficial, se encargan de negar cada semana también una candidatura presidencial de la mandataria: hubo un indisimulado enojo hacia Peña, habitual blanco de críticas fuera (y dentro) de Balcarce 50.

El Círculo Rojo no se quedó. Un Roberto Lavagna emergente del peronismo federal los entuasiasma: pero saben que sus socios, como Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey que hace años se preparan para ser presidenciables, no quieren cumplir el deseo del ex ministro de Economía de ser candidato sin someterse a unas PASO.

Por eso, en medio de una semana de rumores que acecharon a la Casa Rosada, con un Macri que revela que una victoria de Cristina Fernández de Kirchner es posible, con Vidal vetada, dirigentes del PRO comenzaron a escuchar otro nombre propuesto, otra variante para el oficialismo: el “Plan H”, por Horacio Rodríguez Larreta.

Al igual que Vidal, el jefe de Gobierno porteño jugó “en equipo”. Ella no desdobló, él unificó. Como ya contó este diario, si bien Macri sería el candidato formal hasta el 22 de junio por la noche, límite para la presentación de las listas, hasta entonces las versiones recrudecerán al ritmo de la inflación y el dólar.

Para tomar una decisión, en el diario Clarín, el periodista Santiago Fioriti adelantó que para abril aguardan un trabajo del gurú comunicacional Jaime Durán Barba. Con números y focus group, se decidirá si no es mejor apartarlo a Macri de la contienda.

En las encuestas que manejan en el Conurbano, tanto alcaldes del PJ como oficialistas, el derrumbe del Jefe de Estado es estrepitoso. A nadie le llama la atención que decidan llevarlo de campaña a lugares específicos, no sólo de la provincia sino del resto del país. Insólitamente, en otro momento, el candidato oficial en Córdoba, el radical Mario Negri, promete una gestión como la de Vidal, obviando la de Macri.

En el PRO muestran una encuesta que le atribuyen a Isonomía, la preferida del Gobierno, por encargo de la embajada de los Estados Unidos, en la que sólo fue medido el Presidente. En virtual empate con Cristina Kirchner y como variante K, Axel Kicillof. En tercer lugar, Alternativa Federal con todos sus anotados.

La apuesta es el ballotage: “No nos odian tanto como a Cristina…todavía”, resumió un PRO bonaerense al mostrar la filmina en inglés. Pero incluso deslizó que, convencido de que hay final abierto, hasta podría darse que Cambiemos no esté en segunda vuelta.

Desde la Rosada, más precisamente en la mesa que comparten Macri y Peña, no manejan otra opción. Casualmente, se le atribuye a Larreta la máxima de que “no hay que hablar de Plan B porque la tropa deja de trabajar para el Plan A”.

¿Ahora bien, por qué cierta parte del establishment habría empezado a evaluar su nombre? Apremiados por el tiempo, sin Vidal, creen que a Cambiemos le hace falta un cambio de aire, aunque no pocos encuestadores les remarcan que también está en baja la marca del frente oficialista. Es decir, que cualquier nombre que se imprima en la boleta, resultaría perjudicado más allá de la imagen positiva que tenga.

La otra pregunta: ¿Por qué desde la política sería viable? Un PRO lo puso así: “Para Vidal no tenemos reemplazante y en la Ciudad podemos poner a 20 candidatos”. Más allá del fantasma de Martín Lousteau, o algún otro ardid de Enrique “Coti” Nosiglia que aún ni se imaginan, en la cuna del PRO no hay tanto temor pre-electoral como el que se extiende en la Rosada y que ya llegó a La Plata.

Algunos agregan otro diferencial que vale tanto Larreta como, en menor medida para Vidal: ambos pueden organizar un gabinete más plural, incorporando a peronistas además de radicales. Es el frustrado reclamo que le hicieron a Peña en medio del terremoto ministerial del año pasado.

Así como desde la gobernación niegan un salto de Vidal, en la Ciudad hacen lo mismo con Larreta. Es prematuro, además, cuando ni siquiera se sabe si Cristina Kirchner buscará o no un tercer mandato. Gran parte de la estrategia de Cambiemos (Pasado versus Esperanza de Futuro) depende de la ex presidenta. Antecesora y sucesor se complementan. La búsqueda de variantes se aceleró cuando una duda ganó terreno: ¿Y si no es candidata al final?

En el microclima del oficialismo se adelantó la batalla por la sucesión que, envalentonados con las legislativas de 2017 , presagiaban para el 11 de diciembre de este año, cuando una reelección de Macri se daba por descontada.

Plan B

¿Un Plan B es factible? Ninguna desmentida tendrá fuerza para disipar los rumores salvo que haya una milagrosa recuperación económica antes del agosto. Todo puede pasar, cualquier escenario resulta posible, dependiendo de cómo caiga la moneda. Si hubiera una cuarta 100% PRO con imagen, también estaría sonando como eventual reemplazante: es menos por méritos de Vidal y Larreta que por la preocupación ante Macri.

En algo coinciden los críticos internos de Peña, aquellos que ya se relamen para endilgarle la eventual derrota de Macri: si gana con todos los números en contra, la del Jefe de Gabinete será la única voz que escuchará el mandatario durante los siguientes 4 años. Más razones para evitar el choque en público, mirando de reojo a los exiliados Emilio Monzó y Nicolás Massot.

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