Opinión

Por qué no somos Finlandia

Nicolás Welschinger

Doctor en Ciencias Sociales y Licenciado en Sociología de la UNLP. Investigador asistente del CONICET (IdHICS/FaHCE) y docente de la cátedra Teoría Social Clásica I (FaHCE/UNLP) y del seminario Estudios Culturales, Maestría en Ciencias Sociales

miércoles 20 de marzo de 2019 - 1:12 pm

Columna publicada en Revista Anfibia

Todos los años, en el marco del inicio de clases y la discusión paritaria, el gobierno relanza el debate sobre las reformas educativas. Cambiemos descarga en los docentes la responsabilidad sobre la situación actual y, propenso a buscar afuera los “modelos exitosos”, apela a Finlandia como su brújula educativa.

“La revolucionaria educación de Finlandia llega a las aulas argentinas”; “El modelo educativo finlandés que quiere copiar Macri” ; “¿Por qué Finlandia se puede meter en las elecciones de la provincia de Buenos Aires?” Un rápido repaso mediático basta para recordar que desde su llegada al gobierno, los funcionarios de Cambiemos refirieron con asiduidad a una idea rectora para la política educativa: “copiar” el modelo finlandés.

En la campaña electoral de 2015, Esteban Bullrich solía echar mano a lo que por entonces era un lugar común instalado: invocar como referencia al modelo finlandés para sustentar el ataque al estado del sistema público nacional, y a su vez, para postularlo como el norte modélico que guiaría las aspiraciones de Cambiemos en caso de lograr la presidencia. En 2016, ya como Ministro de Educación, Bullrich realizó un viaje oficial a Helsinki para interiorizarse sobre el funcionamiento de su sistema educativo. Y en 2017 los medios anunciaban que su sucesor, el actual ministro Finocchiaro, firmaba un memorando de entendimiento entre ambos países con la intención de que Finlandia asesorara al Ministerio de Educación “en el diseño educativo y la formación docente”. Durante la campaña legislativa de ese año, Bullrich compartía en sus redes videos sobre el sistema educativo finlandés. Sus seguidores dejaban comentarios como: “Soy docente en Tres de febrero. Nuestro sistema ya es obsoleto. ¿Podremos aspirar a ser Finlandia algún día Esteban? Espero que sí, es lo que voté. Fuerza y éxitos”.

A meses de terminar su cuarto año de gestión no quedan rastros de esa iniciativa. De hecho, el contraste no podría ser mayor. ¿Cómo funciona realmente el sistema educativo en Finlandia? Lo que hace Cambiemos ¿va en esa dirección? ¿Tiene sentido pensar en “importar” modelos?

Finlandia es miembro de la Unión Europea desde 1995. Con un Estado de bienestar consolidado durante décadas y una población de cinco millones de habitantes, suele ocupar el top ten de los mejores índices de igualdad. El pilar del desarrollo finlandés es su sistema educativo. Post crisis del petróleo en los 70, Finlandia se reconvirtió hacia una economía de alto valor agregado, industria limpia, verde, electrónica, de punta. Para esto realizaron dos maniobras: crearon un fondo para el sistema educativo y otro de promoción tecnológica. Un resultado de ello es Nokia (hoy en crisis), que nace en la universidad y explota durante los 90 como la empresa bandera del país.

El secreto de su educación se sustenta en tres pilares: 1) la masiva inversión pública, sostenida por décadas, de un promedio de 7% del PBI, más que la de otros países de similar escala y composición; 2) la inexistencia del sistema privado: por ley, el estado regula las pocas escuelas privadas existentes para que no puedan cobrar, ni seleccionar a sus alumnos. La regulación pública del privado evita la segmentación del sistema por clases sociales: todas las escuelas garantizan calidad, no hay unas escuelas para ricos y otras escuelas para pobres; y 3) la alta profesionalización de la docencia, que va de la mano con el sistema de capacitación permanente y la sindicalización del 96% de los docentes.

 

En Finlandia no sólo la educación es pública sino todo lo necesario para garantizar la accesibilidad al derecho: el transporte, los libros de textos, la comida. Todo el sistema de salud también lo es. Y KELA, su secretaría de seguridad social, se ubica entre las más fuertes de la UE. Un combo de políticas públicas virtuosas. En la actualidad, ocupa el centro de una polémica por ser el primer país en implementar un programa piloto de Renta Básica Universal. En este contexto de políticas igualitaristas la escuela no está sobredemandada y puede incluso reducir su tiempo de clases -fomentando la recreación lúdica en tiempo escolar- para actuar de manera más efectiva. La innovación pedagógica que Michael Moore volvió mundialmente famosa en su documental Where to Invade Next?: en Finlandia (casi) no hay tareas.

Como escribió el especialista en educación finlandés Pasi Sahlberg, la calidad educativa resulta no solo de las innovaciones escolares sino también de la acción conjunta de las políticas de protección e inclusión social. La educación de excelencia no es puro resultado técnico cognitivo sino el emergente de un pacto político por un estado de bienestar de mediana duración, como lo demuestra la reciente renuncia en pleno del gobierno de centro derecha de Juha Sipila por no lograr el consenso necesario para recortar el sistema de seguridad social.

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