Política

Por qué los movimientos populares vuelven a las calles

Juan Grabois

Secretario de Formación de la CTEP

miércoles 13 de marzo de 2019 - 5:11 pm

Columna publicada originalmente en Infobae

Una vez más el gobierno de Cambiemos ajusta por el lado de los más débiles. Con la urgencia de correr a mostrarle cómo le cierran las cuentas al Fondo, el gobierno de Mauricio Macri, además de destruir la producción industrial, el empleo formal y el salario real de quienes todavía tienen el privilegio de laburar en blanco, además de arruinar a los pequeños comerciantes y profesionales con la destrucción del mercado interno, ha iniciado una ofensiva contra los más vulnerables que pone en peligro la propia capacidad de subsistencia.

El autor material del ahorcamiento a los sectores más pobres entre los pobres es Matías Kelly, uno de los tantos tecnócratas inoperantes e insensibles del impresentable staff de limosneros tacaños que rodea a la Ministra Stanley. La única virtud de esa cartera, la predisposición al diálogo de la propia Ministra, ha sido abolida por Durán Barba. El coach ecuatoriano, macho alfa del macrismo violento, le ha exigido a Stanley que rompa los espacios de diálogo con los movimientos populares y adopte la retórica electoralista confrontativa de la grieta. Como prueba de lealtad, le exige que aplique recortes salvajes en los programas sociales y valide el relato duranbarbiano de buenos y malos. Lamento que la Ministra haya pactado con el demonio para aspirar a la vicepresidencia.

El verdugo del Ministerio, Matías Kelly, es un hipster cool sin la más mínima trayectoria ni capacitación, que llegó al cargo por su capacidad para lamer las botas y obedecer órdenes de sus superiores. Este CEO sensible es un autodenominado “banquero ético” que responde directamente a Marcos Peña. El señorito cobra sin ruborizarse un sueldo de 170.000 pesos mensuales como Secretario de Economía Social y no usa precisamente el hospital público. A juzgar por los resultados de su gestión, no trabaja ni estudia demasiado, pero su meteórica carrera de trepador no se detiene. Hoy, es algo así como el “planero” VIP a cargo de los principales programas sociales del país. A Kelly le han encargado ocultar el recorte de prestaciones sociales bajo el disfraz de la “capacitación”. Para ello, lanzó hace unos meses el Programa “Hacemos Futuro” que es algo así como decir “pensá en el futuro porque en el presente te vamos a arruinar”. Tiene como doble objetivo atacar a los movimientos populares y ahorrarle plata a Macri para que Dujovne se la lleve a su jefa, la señora Lagarde.

El programa “Hacemos Futuro” garantiza una prestación que no cubre ni siquiera la canasta básica de indigencia. Son unos 6.000 pesos mensuales que, verbigracia, los beneficiarios ya tenían con el programa Argentina Trabaja. En la práctica, el “nuevo” programa es muy distinto al que dice en los medios. Básicamente la orden es “no trabaje”, no vaya más a su cooperativa, a su merendero, a su grupo comunitario. En los medios se dice que el beneficiario debe acreditar la realización de terminalidad educativa y cursos de formación. El verdugo Kelly sabe bien que esto es fácticamente imposible para al menos un 50% por de ellos, sobre todo en las zonas más pobres del país, por la sencilla razón de que no hay lugares habilitados para cumplir los requisitos.

Matías Kelly, en el centro, actual Secretario de Economía Social del Ministerio de Salud y Desarrollo Social

Con retórica mediática y demagógica, Kelly le miente a la opinión pública y azuza al enano fascista que un sector de nuestra sociedad lleva adentro afirmando que finalmente está educando a los negros ignorantes. La realidad es muy distinta: no hay vacantes para terminalidad educativa porque ellos mismos han cerrado miles de aulas FINES y destruido las escuelas para adultos. Imagínese el lector que si la escuela pública no está en condiciones de recibir a los alumnos regulares, muchos menos a medio millón de adultos trabajadores. Los únicos cursos de capacitación que se ofrecen en el territorio son, casualmente, los que brindamos las mismas organizaciones sociales que ellos estigmatizan mientras hacen acuerdos políticos con sospechosas asociaciones de iglesias neopentecostales para “disputar el territorio”.

Las medidas de Kelly apuntan a la destrucción de los Proyectos Productivos Comunitarios de los Movimientos Populares. Aunque digan lo contrario, ellos no quieren que los pobres trabajen, porque saben que quien trabaja toma conciencia de sus derechos y comienza a reclamar una vida digna. Con su maniobra, Kelly ataca las unidades productivas de economía popular que brindan un lugar de contención laboral para cientos de miles de trabajadores en actividades socioambientales que van desde el reciclado hasta la construcción de viviendas, de la agroecología hasta la limpieza de arroyos, de los comedores infantiles hasta los bachilleratos populares, de las casas de rehabilitación de adicciones hasta las cooperativas para la reinserción de liberados. Estos espacios de contención son lo que permite que la Argentina no estalle por los aires, evitando que la delincuencia se transforme en una espiral creciente con los niveles de pobreza que provocó este gobierno. Pero claro… mientras más violencia, mejor para ellos. Su mercancía de crueldad cotizará más alto.

En lo que respecta al derecho a la salud, además de los recortes que venimos padeciendo en el hospital público (implica falta de medicamentos, de insumos, de personal médico, de ambulancias, guardias saturadas, etc.) también venimos asistiendo a un recorte en lo que es la atención en la salud de las personas con discapacidad, como el vaciamiento del programa Incluir Salud que brinda cobertura a este grupo particularmente vulnerable. Esto afecta a muchos de mis compañeros que vienen realizando tratamientos médicos y de estimulación, que necesitan traslados, sillas de rueda, maestras integradoras, etc.

Las pensiones no contributivas para discapacitados están siendo recortadas en forma totalmente arbitraria a partir de la imposición de requisitos incumplibles para los discapacitados pobres. La Cámara de Apelaciones de la Seguridad Social está demorando sospechosamente la sentencia en la causa “REDI” que precisamente denuncia la crueldad del decreto 268/18 que establece un método de notificación para la suspensión de pensiones y un mecanismo de reempadronamiento diseñado perversamente para imposibilitar en los hechos ejercicio de los derechos de los discapacitados.

En la misma línea de ajuste, los últimos doce meses se dieron de baja 25.000 monotributistas sociales agropecuarios, una modalidad que permitía a los pequeños productores rurales, campesinos e indígenas realizar aportes previsionales, contar con la posibilidad de facturar, y tener la cobertura de salud de una obra social. Hace unas semanas, el verdugo Kelly emitió la resolución 189/2019, que dispone la baja de oficio y automática de 60.500 monotributistas sociales. Esta medida totalmente ilegal e inconstitucional afecta a hombres, mujeres, niños, ancianos, sobre todo de provincias del interior. Personas que en la actualidad están realizando tratamientos médicos que se ven interrumpidos por una decisión que un señor decide tomar desde un escritorio, muy lejos de la realidad de estas familias.

Este panorama negro de deterioro en la salud y en el trabajo de los sectores populares, se expresa todos los días en el aumento de la demanda que tenemos en los comedores, merenderos y ollas populares. Familias enteras que cubren una de sus comidas diarias -en muchos casos, la única-, en los espacios comunitarios que las organizaciones sostenemos en los barrios populares. Sin embargo, el Gobierno se niega a declarar la emergencia alimentaria y garantizar las viandas suficientes para evitar la expansión de la malnutrición entre los argentinos. Hemos llegado a un límite en nuestra capacidad de contención y nos vemos obligados a volver a las calles para garantizar, al menos, que todas las familias tengan un plato de comida en la mesa e intentar que, al menos, no le roben a nuestros compañeros el laburo precario que tienen en las cooperativas y el territorio.

Esteban “El Gringo Castro”, secretario general de la CTEP, me hacía reflexionar ayer sobre qué distinta es la ternura de nuestras compañeras que practican ese feminismo popular comunitario salvando a los pibes del hambre y la droga, que distinto es el compromiso de esos jóvenes militantes que caminan junto al pueblo pobre en las periferias sintiendo como propio el dolor de cada hermano. Cuando pienso en todos ellos y comparo su sacrificio con la insensibilidad tecnocrática y cruel de los funcionarios, reafirmo mi convicción profunda de que sólo los movimientos populares, tan demonizados, tan atacados, van a permitirle a nuestro país un proceso de regeneración nacional, humana, social y ambiental.

Este jueves los Movimientos vuelven a la calle. Ellos van a mentir. Nos van a atacar. Nos van a perseguir. Pero cualquier observador objetivo sabe que son responsables de que 4 de cada 10 argentinos están en la pobreza y 5 de cada 10 trabajadores sin un empleo decente. Ellos son responsables que los pibes tengan más cerca un fierro que un cuaderno. Nosotros sólo pedimos paz, pan, tierra, techo y trabajo.

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