Psicología

Neuromarketing: las técnicas de los supermercados para que compres más

Algunos gestos que pasan desapercibidos para la mayoría de los consumidores

lunes 4 de marzo de 2019 - 7:49 am

Las empresas han comprobado que para atraer a los consumidores hay que conectar con sus sentimientos; es necesario transmitirles valores y emociones. Y lo hacen utilizando la ciencia que estudia cómo se comporta el cerebro en un proceso de compra a través de tres aspectos claves: la atención, la emoción y la memoria.

Las emociones dominan los procesos de compra porque de manera eficaz crean sentimientos positivos ante determinados productos y porque cuando eso ocurre no solemos dar tiempo a la razón que es lenta para considerar alternativas.

Hay determinados componentes claves que intervienen para convencer al consumidor final de la adquisición de un determinado producto frente a otro. Según Juan Merodio, experto en Marketing Digital, Redes Sociales y Transformación Digital, incluso el precio, un factor que podría parecer basado en la razón, puede ayudar a generar emociones con una base de neurociencia.

“Por ejemplo, a nivel digital, es habitual el truco de poner tres precios para las diferentes marcas o presentaciones de un producto. El producto que quieras que elija el consumidor (en función de su rentabilidad, stock, etc…), se coloca en el medio, de modo que a la izquierda quede el producto con el precio más reducido y a la derecha el artículo con el precio más elevado. Porque la gente tiende siempre a escoger el precio medio, ni lo más barato ni lo más caro”.

Junto a este factor, este especialista en marketing digital incluye “la validación social” como otro elemento que incita a adquirir un producto frente a otro, “porque todos pensamos que si mucha gente dice que un producto es bueno, realmente lo será”.

Son muchos los ejemplos del uso del neuromarketing en la vida cotidiana. Por ejemplo, en los supermercados se utilizan carros de compra grandes, porque terminás llenándolos sin darte cuenta, o con ruedas que no giran demasiado bien y que, curiosamente, se dirigen siempre hacia las estanterías.

También, la colocación de artículos de primera necesidad al final de los pasillos o productos con altos precios siempre a la altura de los ojos. O jugar con la iluminación, de modo que destaquen determinados productos, según indica el portal Alimente.

Es importante diferenciar el proceso que seguimos para comprar, en el que efectivamente podemos ser muy racionales, del criterio que aplicamos para elegir una marca o un producto determinado, donde cada persona es un mundo influido por factores culturales, familiares, personales (en cuanto al grupo de pertenencia y al grupo de aspiración), entre otros.

Además, cuando nos encontramos en un supermercado, estamos tomando decisiones en función del día que hemos tenido, de cómo nos ha ido, si hemos discutido o no, de las prisas que tenemos, estamos mandando mensajes al mismo tiempo.

Fuente: Alimente

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