San Valentín

San Valentín: quererse a uno mismo, tengas o no pareja

María Eugenia Calvo

Lic. en Psicología (UBA). Docente de la cátedra de Psicología Institucional en la facultad de Psicología (UBA). Trabaja como Psicóloga Clínica de adultos y adolescentes

jueves 14 de febrero de 2019 - 11:47 am

El conocimiento de sí mismo es un camino amoroso, pero no basta la introspección.

En los vínculos de amor, desplegamos nuestra identidad y ella es dinámica, se acomoda a nuevos contextos o al menos estamos aptos para esa flexibilidad de adaptación.

¿Quién es el amor de tu vida?

¿Podríamos concedernos el lugar de sentir que nosotros somos el gran amor de nuestras vidas? Al fin y al cabo, soy la persona con la que convivo todos los días y hasta el fin de mis días.

¿Cómo es el vínculo que tenemos con nosotros mismos?

¿Puedo darme, aunque sea un instante, aquello que tanto anhelo del afecto profundo?

¿Qué me digo frente al espejo?

¿Cómo me pienso?¿Confío en mí?

¿Con que dureza me critico?

¿Sos feliz con la vida que tenés?

¿Te sentís orgulloso de lo logrado hasta hoy?

¿Aceptas tus errores o te aferras a tu propia opinión?

¿Sentís que tenés cambiar porque no estás a gusto con quién sos?

¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por vos?

¿Puedo aquietarme un momento y escuchar las sensaciones con las que convivo en mi cuerpo, y percibir esos movimientos emocionales y afectivos?

Amor propio o “mi propio amor”, aprender a estar con nosotros mismos es el cimiento de una futura relación sana.

Estar con uno mismo, dejar de buscar una sanación, un don especial, mis virtudes, mis valores, que llegue la persona adecuada. Me dejo disponible, me exploro a cada momento. Observo lo que me mueve y de qué forma lo hace.

Saber estar con uno mismo, podríamos llamarlo amor propio. Estar ahora y aquí con uno, tal cual soy, sin esperar algo más… Dejarse en paz. Esta experiencia también influye en la forma en que nos relacionamos con los demás, en la imagen que proyectamos en el trabajo, en el mundo y en el modo en que hacemos frente a los problemas.

El amor propio es un estado de escucha profunda.Encontrar cual es mi propio tono, conocer mi interior y convivir en él. Así estamos preparando el camino para estar con otro.Y también nos posibilita encaminarse hacia elecciones de trabajo, de amistad, de amor que me permitan compartir mi propia melodía. Elegir hacer cosas por nosotros mismos y para nosotros mismos es un acto de amor. Y requiere el ejercicio de conocerse y escucharse profundamente. Es también asumir esa responsabilidad de escucharse en movimiento vital, es decir “respondo por mi”.  

La palabra emoción contiene en su significado, el movimiento (emovere). El amor, nos impulsa, como un motor, en contacto del movimiento que nos habita. El amor se siente en el cuerpo. Puede ser un estado de quietud, o una energía que nos impulsa. En ese sentido hablo del amor, como una emoción que me permite hacer lazo, religar, contactar. Conmigo mismo, con los demás, con la naturaleza, con la vida.

El autoconocimiento ocurre momento a momento, y en cada vínculo se ponen en acción pensamientos, vivencias, sentimientos que no estaban siendo conocidos hasta ese momento. Me despliego, me reinvento, me recreo. Y soy todas esas identidades y también soy el escenario en donde se desarrollan mis personajes.

La creencia de que “ya soy así y no voy a cambiar”, intenta cristalizar y reforzar una experiencia y perpetuarla. Esta detención, tal vez ponga un dique al fluir del propio sentir.

 

Nada más agradable que salir al encuentro del amor de pareja

Cada vínculo de pareja me ofrece la oportunidad de tomar una autopista hacia el conocimiento profundo de mi mismo. Puedo permitirme tomar carreteras favorables, ellas pueden ser:

  • Tomar conciencia de que muchas veces puedo perder mi foco y transferir en mi relación de pareja, heridas no resueltas de mi propia historia, del lazo con mis padres y de vínculos anteriores que terminaron mal.

Nada nos apura a que tengamos resuelta la vida para estar en pareja nuevamente, pero puedo evitarme antiguos libretos repetidos, si me permito estar presente y consciente de que puedo estar proyectando una película en mi pareja y me estoy perdiendo de verla y sentirla tal cual es.

Recordar este mecanismo, puede ahorrarnos tiempo de malentendidos, y ofrecernos más momentos de experiencias impensadas.

  • El amor de pareja implica también desarrollar el amor que reconozco en mi y hacia mí mismo. Si puedo escucharme, sentir lo que estoy necesitando, probablemente no intente que sea mi partenaire quien comprenda mejor que yo lo que necesito. Aunque a veces, también quienes nos rodean, pueden aportarnos, desde un profundo cariño una idea de quien estamos siendo que no alcanzamos a distinguir, pues simplemente no podemos ver algo que está funcionando como un punto ciego.

 

  • El amor entre dos adultos requiere un intercambio en el dar y el recibir equilibrado. Doy y ofrezco y me siento retribuido en lo que se me ofrece. Para ello, puedo reconocer qué es lo que tengo para dar, y que no. Y también puedo reconocer en mi pareja, lo que puedo recibir y lo que no. En esta experiencia con el otro, me puedo registrar cuánto doy y en la misma medida, si accedoa tomar lo que se me ofrece en la vida.

 

Amar sin encasillar

Amar lo que estoy siendo, es una invitación a ponerse en consonancia con lo que hoy es, tal cual es.Hemos llevado mucho tiempo luchando por cambiar algo.

Puedo amigarme con quien estoy siendo, para dejar de poner la atención en quien no estoy siendo.

De este modo, también puedo abrir el corazón a recibir lo que el otro está siendo y dejar de esperar que se dé cuenta lo que yo necesito que sea.

Desde esta conciencia, el amor entre dos adultos que se acompañan, fluye, se mueve, y nos puede llevar a lugares nuevos, insospechados.Como la vida misma.

No hay reglas para el amor, sólo una señal luminosa para tener en cuenta:

¿Este amor de pareja me hace bien?, ¿estoy a gusto?

El amor de pareja es en sí mismo un encuentro. Un encuentro con cada uno y con otro. Y la relación puede alimentarse, si en la pareja ambos se permiten volver a mirarse, reconocerse, una y otra vez: no dar nada por sentado. No encasillar al otro, porque creemos conocerlo. Volver a pedir, a aclarar, a ofrecer, a decir, a abrazar, a acariciar. Cada día, vuelvo a elegir amar.

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