Opinión

Netflix no lo podría hacer tan bien

Ricardo Roa

Editor del diario Clarín

El kirchnerismo montó una operación sobre la extorsión de un abogado trucho a un empresario

miércoles 13 de febrero de 2019 - 9:18 pm

Columna originalmente publicada en Clarín

Díganme si no da para una serie de Netflix. Un abogado trucho y fabulador, cercano a un fiscal clave contra la corrupción, extorsiona a un empresario involucrado en la corrupción que finge acceder y lo graba con el aparato residual de los servicios kirchneristas para denunciarlo ante un juez que no podría ser juez de no haber sido por La Cámpora.

El abogado es Marcelo D’Alessio, que fue funcionario de Enarsa con el kirchnerismo y que fue funcionario de Enarsa con el macrismo: duró dos semanas, el tiempo que les llevó a los macristas enterarse de quién era y qué había hecho. Había sido recomendado por la Fundación Pensar. Sin comentarios.

D’Alessio se vende como especialista en seguridad. Es ropa prestada: vive de vender influencias. Es del club de abogados giradores de Comodoro Py. Les dicen giradores porque giran a jueces y a fiscales amigos. Otros se encargan de la defensa jurídica. Ellos están en el rubro más mercantil de la profesión: facturan por abrir puertas y llegar donde otros no pueden llegar. El único saber que les interesa saber es cómo conseguirlo.

A Pedro Etchebest, el empresario al que intentó extorsionar, lo conocía de los años del kirchnerismo. Etchebest estuvo en la ONCAA que distribuía subsidios a productores que no le daban los costos y que pronto se transformó en una fuente de corrupción. D’Alessio le dijo a Etchebest que había sido denunciado como recaudador por Juan Manuel Campillo, que fue ministro de Kirchner en Santa Cruz y que llevaba los negocios de Kirchner en Santa Cruz. Campillo fue también jefe de la ONCAA y es uno de los ex funcionarios arrepentidos en la causa de los Cuadernos.

D’Alessio le dijo a Etchebest que podía dejarlo fuera del expediente. ¿Existe esa declaración de Campillo? Sí, existe. No se sabe quién le pasó a D’Alessio esa información. Lo que se sabe por los chats y grabaciones que Etchebest presentó al juez Ramos Padilla es que D’Alessio quiso robarle 300 mil dólares.

Si Netflix decidiera emitir esta historia de no ficción, debería incluir a otro personaje clave y sin rostro para la mayoría: Mario Montoto. Amigo de Stornelli y de D’Alessio, Montoto es otro ex militante devenido en empresario millonario gracias al Estado.

Montoto fue asistente de Firmenich y junto a Firmenich visitó los campos de entrenamiento de Montoneros y Al Fatah en El Líbano. Milagro de un hombre de negocios: hoy preside la Cámara de Comercio Argentino Israelí. Arrancó con las privatizaciones ferroviarias de Menem, se metió con los expendedores de boletos en los colectivos y hasta armó una empresa para atender el avión presidencial. El salto lo pegó con el kirchnerismo. Con oficinas debajo de la Kirchner en Puerto Madero, fue alter ego de Scioli en cuestiones de seguridad en Buenos Aires y Stornelli fue el primer ministro de Seguridad de Scioli.

Les vendió cámaras, chalecos y armas para la Policía. También le vendió al macrismo las cámaras para la Ciudad y ahora el anillo digital con tecnología israelí. Y a la ministra Bullrich lanchas para la Prefectura.

El kirchnerismo montó una operación contra Stornelli sobre el intento de extorsión a Etchebest. Ahora se sabe que el bolsero recaudador Roberto Baratta estaba al tanto en la cárcel del “operativo”, como lo llama el dirigente y lobbysta Eduardo Valdés. Apunta a descalificar la operación que más les preocupa y a la que más temen, la de los cuadernos, en la que cada vez hay más arrepentidos.

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