Opinión

Breve historia de una vergüenza llamada El Riachuelo

Daniel Muchnik

Licenciado en Historia. Periodista, escritor y docente universitario.

miércoles 6 de febrero de 2019 - 2:45 pm

Columna publicada originalmente en Infobae

La historia es vieja. Nadie la resuelve en su totalidad. Demuestra la fragmentación de poderes entre la Justicia, la Ciudad de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires y gran cantidad de municipios. Hablamos de la Cuenca del Riachuelo, una cloaca abierta, una vergüenza argentina que muchas veces nos dejó sin argumento cuando, por ejemplo, se evidenciaron las protestas en el país contra las plantas de elaboración de papel frente al Uruguay. Tiene 64 kilómetros de extensión, atraviesa 14 municipios y cubre 2 mil kilómetros cuadrados.

Su permanente contaminación afecta a cinco millones y medio de habitantes, entre los cuales casi cuatro de cada diez no tienen agua potable y más de la mitad no posee cloacas. Cada día, históricamente hablando, el Riachuelo recibe casi 90 mil metros cúbicos de desechos industriales de fábricas instaladas en sus orillas. En toda la cuenca hay 13 mil establecimientos industriales. De ese total, 1397 han sido declarados agentes contaminantes.

A esos afluentes químicos se les suman 368 mil metros cúbicos de aguas servidas por día, de las cuales, según algunos organismos controladores, solo 5% recibe tratamiento específico. Si se sigue la opinión de la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (Acumar), creada especialmente para que todas las jurisdicciones afectadas se pongan de acuerdo y no se peleen entre sí, un tercio del caudal intoxicador proviene de descargas industriales. Aseguraron en Acumar que, de las industrias contaminantes, 412 fueron reconvertidas ambientalmente y hay otras 512 en proceso.

En esa misma cuenca hay más de cien basurales a cielo abierto, y el agua tiene niveles de mercurio, zinc, plomo y cromo de hasta cincuenta veces más de lo permitido, usadas por 13 villas de emergencia en la parte baja del río. En Villa Inflamable, es el caso, los niños tienen cinco veces más plomo que lo aceptable.

El plomo enferma a quien lo padece, atrasa su crecimiento, lo lleva a comportamientos agresivos, afecta la piel y le produce consecuencias dolorosas hasta el día de su muerte. Eso no es todo. En muestras recogidas en la zona se detectó en laboratorios especializados en el exterior la presencia de nonifenol, que va destruyendo el sistema reproductivo y la hormona estrógeno. También se encontraron rastros de insecticidas cancerígenos y el prohibido DDT. Se comprobó la presencia de elementos que afectan el cerebro y los riñones, otro que se ensaña con los riñones y el hígado.

Daños a la salud de tal magnitud que se parece a una guerra, con gente afectada de por vida, sin solución de continuidad.

La campaña por la limpieza urgente del Riachuelo se inició a comienzos se la década del noventa. La solventó la Asociación del Personal de Organismos de Control (APOC), por sus propias investigaciones y la acción de asociaciones vecinales. APOC demostró entonces que con solo 50 millones de dólares Inglaterra había podido limpiar a fondo y para siempre el río Támesis, muy contaminado.

La extinta María Julia Alsogaray, alta funcionaria del Gobierno de Carlos Menem, dijo, con omnipotencia, que en un corto tiempo ella haría que se revirtiera el problema. No pasó nada. Fue una promesa tirada al viento.

El asunto fue tan relevante que llegó a la Corte Suprema una primera vez, quien ordenó la limpieza de la cuenca sin resultado alguno, nadie obedeció. Como la acción no depende de un solo ente sino de varios (Ciudad de Buenos Aires, provincia de Buenos Aires y municipios, como ya dijimos), no había manera de unir criterios, presupuestos y conveniencias políticas. Un antiguo drama que es el desentendimiento argentino.

En un segundo tiempo, la Corte Suprema de Justicia decidió, en la causa caratulada “Mendoza, Beatriz Silvia y otros c/el Estado Nacional s/daños y perjuicios”, condenar al Estado nacional, a la provincia de Buenos Aires y a la Ciudad de Buenos Aires a ejecutar de una vez por todas un programa de saneamiento sobre la aguas del Riachuelo y alrededores. La contienda tuvo su origen en el año 2006, cuando 17 damnificados promovieron demanda contra los poderes constituidos y contra 44 empresas. La Corte especificó un programa de acción que obligaba a codificar las partidas presupuestarias y asignar a la Auditoría General de la Nación la realización de un control permanente de la asignación de recursos y de ejecución presupuestaria.

Actuó Acumar a lo largo del tiempo, pero los resultados dejan mucho que desear. Un grupo de ONG acusó precisamente a Acumar de ser “incapaz” de limpiar el Riachuelo. Pedían enfrentar las problemáticas desde una mirada integral, multidisciplinaria y participativa.

Si bien Acumar organizó un encuentro con especialistas de Alemania, Colombia, España, Corea del Sur, Ecuador, Estados Unidos, Italia y Brasil, donde se debatió sobre sanidad ambiental, las ONG combativas cuestionaron la “falta de cumplimiento de las funciones constitucionales y legales de la Corte Suprema de Justicia” y reprobaron “el desempeño de Acumar por su vaciamiento”. Exigieron trasparentar el funcionamiento de Acumar en cuanto a su presupuesto y su ejecución.

El presidente de la Asociación de Vecinos de La Boca, Alfredo Alberti, advirtió que el recorte presupuestario para cumplir el objetivo es muy evidente. En cuanto a la atención médica, faltan personal y recursos. El Hospital Argerich está colapsado y los centros de salud de la zona no tienen capacidad. Las afecciones que más se registran en la zona, señaló Alberti, son las alergias en la piel y en las vías respiratorias. Lo recalcan los médicos de la zona y las farmacias.

La contaminación sigue omnipresente. En el segundo semestre del año pasado, en las obras de ampliación de las redes cloacales, pluviales y de agua potable en la Villa 21-24, de Barracas, se detectaron restos de plomo. En esa villa, una muestra tomada sobre 962 niños menores de 6 años, el 25% tiene plomo en la sangre según todos los organismos y las representaciones oficiales.

Y se aclaró: “El plomo compite en el organismo con el calcio y el hierro, lo que puede predisponer a la persona a dos respuestas iniciales: trastorno en el desarrollo para el aprendizaje del niño y anemia. Puede afectar al sistema nervioso central en la forma de cefaleas, insomnio, alteraciones del carácter y la memoria, graves dolores en el cuerpo, cambios drásticos de humor”. El padecimiento crónico es el “saturnismo”.

Hay especialistas que aseguran que en tres años y un presupuesto de 300 millones de dólares para su limpieza total el Riachuelo pasaría a “ser apto para el desarrollo de actividades recreativas pasiva y de vida acuática”. ¿Sueños de una noche de verano?

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