Opinión

El culo subversivo de Jimena Barón

Cecilia García

Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social (UBA)

lunes 4 de febrero de 2019 - 12:58 pm

El reciente cruce entre Jimena Barón y Julia Mengolini serviría para pensar alguna cuestión acerca del feminismo. Para Jimena mostrar el culo es un acto de libertad. Para Mengolini representa esclavitud y sumisión al mandato patriarcal.

Según el discurso dominante, una mujer que muestra el culo es una puta. Tiene un sentido negativo. Ese mismo discurso también sostiene que “donde hay dos mujeres siempre hay quilombo”. Esto es porque, según este modo de pensar, las mujeres compiten entre sí por la atención masculina. El discurso machista provee un conjunto de estereotipos que estipulan lo que a las mujeres les está permitido ser y hacer: la que muestra el culo es puta, la madre no puede usar escote, la inteligente nunca es linda y la linda debe ser inútil. Y cuando las mujeres discuten, seguro es porque se tienen envidia.

Hace algunos días la periodista Julia Mengolini subió una foto de su panza de embarazada y en el comentario de la foto se comparó con Jimena Barón y las fotos que sube mostrando su cola. Jimena, que percibió cierto rasgo peyorativo en el comentario, respondió con acidez que ella cuando estaba embarazada mostraba fotos de su panza y también de su cola, y esto derivó en una sucesión de mensajes en las redes sociales donde cada una tomó posición respecto de lo que opina que debe ser o no ser el feminismo.

Jimena estimó que la liberación femenina también es poder mostrar el cuerpo todo lo que una quiera, y Julia sostuvo que mostrar un cuerpo tan escultural, que requiere horas en el gimnasio, es apoyar los valores que el feminismo le critica al patriarcado, porque reproduce su estereotipo de belleza.

Julia misma lo admite: tener ese culo lleva mucho trabajo. Pero ¿por qué sería ese esfuerzo menos valioso que el que se requiere, por ejemplo, para estudiar una carrera universitaria? Julia arguye que el culo de Jimena Barón, por adecuarse a los parámetros de lo que la estrategia del poder define como el culo femenino ideal o perfecto, refuerza esos parámetros y contribuye a que quienes no lo tienen se sientan frustradas. Pero este argumento solo se sostiene dándole la razón al fundamento machista de que las mujeres en última instancia siempre compiten entre sí por poseer aquellos atributos que resulten más atractivos para el hombre. Como si el deseo femenino solo pudiera existir entre aquello que el discurso patriarcal instituye o en contra de él, como deseo de destruirlo.

El planteo de Julia supone que todas queremos tener el culo de Jimena, porque “el contexto”- el modelo hegemónico- nos lo impone. Si bien hay mucho de cierto en lo que respecta a la fuerza coercitiva que ejercen las estructuras del poder sobre las conciencias y los cuerpos de los individuos, también es cierto que sus mandatos no pasan al torrente sanguíneo de aquellos como si fueran inyectados con una aguja. Se topan con y quedan enredados en lo que Michel de Certeau llama “contextos de uso”. Es decir, con aquello que los usuarios hacen con lo que reciben. A esta producción silenciosa, furtiva, contracultural, de Certeau la llama “tácticas”, y son aquellos desvíos de sentido que se producen en el proceso de asimilación o recepción de una representación que es impuesta desde una instancia de poder. Estos movimientos no constituyen un espacio propio, porque no pueden. Deben actuar en el terreno que se les impone y dependen de él. (1)

Entonces la pregunta es: ¿qué hace Jimena con su culo? Una de sus publicaciones más recientes dice: “Aca mirándome al espejo. Re que era un cuadro pero nadie se daba cuenta porque estoy en ogt”. Es el texto que acompaña a una foto que subió a Instagram, vestida solamente con una tanga, “mirándose al espejo”. Cuando observamos bien, el supuesto espejo es en realidad un cuadro. El sentido de la broma es que nadie presta atención a ese detalle, porque lo que todos miran es que ella está “en ogt”. La acción denotada es mirarse al espejo pero la connotada es mostrarnos su cuerpo. Señalando el truco, haciéndolo explícito, Jimena revierte los términos del lugar común “mujer- objeto pasivo del goce sexual del hombre” pasando a un rol activo: ya no es la que “se hace la que” sino la que hace. En este sentido, Jimena efectúa un uso subversivo de la fotografía de su culo. ¿Revoluciona los patrones culturales de la belleza? No, pero los perfora.

 

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Acá mirándome al espejo ??‍♀️ Re que era un cuadro pero nadie se daba cuenta por que estoy en ogt.

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Desde otro ángulo Julia le responde que el feminismo no puede ser solo táctica. Y le reclama una “conquista colectiva”, un proyecto global. Escribe en su cuenta de Twitter: “el feminismo no puede ser solo una realización personal, tiene que ser una conquista colectiva. Es un feminismo bastante liberal e individualista ese que se conforma con que ‘cada uno hace lo que quiere’ (O nos quedamos con el slogan o hacemos política).” Creo que su ambición es válida, pero su lectura errónea, porque interpreta el gesto de Jimena como un acto de sumisión, cuando en realidad éste opera en el mismo sentido que sus ambiciones políticas.
A lo mejor no se trata de que las mujeres nos dediquemos a destruir todo aquello que nos pueda parecer funcional al patriarcado, sino de que nos animemos a desear a pesar de aquel. La lucha no es por dejarnos crecer la panza mientras tomamos cerveza porque eso es lo que los hombres hacen. La lucha es por recuperar el cuerpo para cada una. Para que el feminismo se realice lo que se tiene que caer no es el culo de Jimena, es la creencia en los mitos del patriarcado.

(1) Michel de Certeau, La invención de lo cotidiano I: Antes de hacer, Méjico, UIA, 2007, pp 35-48.

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