Copa Libertadores

Un colombiano definió el Superclásico: la final Argentina más larga del mundo

El cóctel terminó siendo de lo más variado: la final fue entre dos equipos argentinos, se jugó insólitamente en el Santiago Bernabéu de España y la definición fue de un colombiano que no estaba en los planes de muchos

domingo 9 de diciembre de 2018 - 8:17 pm

Por Tomás Coronel (@tomascoronel)

La final Superclásica entre River Plate y Boca Juniors, la Copa Libertadores más larga de la historia, llegó a su fin. Finalmente, la tan hablada revancha, llena de especulaciones e incidentes que desnudaron todos los vicios de nuestro fútbol, por fin se terminó. Fue un mes y un puñado de días que agotaron a todos. Jugadores, periodistas e hinchas.

El cóctel terminó siendo de lo más variado: la final fue entre dos equipos argentinos, se jugó insólitamente en España y la definición fue de un colombiano que no estaba en los planes de muchos.

El estadio del Real Madrid fue testigo de algo inusual, que no se volverá a repetir. El inédito escenario jugó y mucho. Para empezar, el césped del Bernabéu, pensado para las zancadas de Gareth Bale o Asensio, estuvo muy rápido para el juego del fútbol Sudamericano.

Ante este panorama, Guillermo tomó la sabia decisión de cederle la pelota a River para no tener que elaborar y sí cortar y salir jugando rápido. El Millonario se hizo cargo de la pelota, pero estuvo irreconocible. Los más experimentados en la defensa y el mediocampo estuvieron nerviosos y repetitivos en los pases sin profundidad.

El primer tiempo fue chato, casi sin situaciones de peligro. Seguramente los espectadores europeos vieron asombrados que el nivel de juego de cada fin de semana en sus ligas tiene mucho más voltaje. Pero ni se imaginan lo que genera el Superclásico, y más en una final de Copa Libertadores, con lo que implica consagrarse y también
caer derrotado. Las consecuencias estarán a las claras en pocas horas.

Benedetto casi que estuvo solo como un loco en campo de River. Pero en la única jugada que el Xeneize tuvo el escenario que imaginó, facturó: contragolpe con espacios y ventaja en velocidad para los centrales para adelantarse 1-0 en el final del primer tiempo. El partido le sonreía a un Boca que parecía tener todo más claro.

El complemento cambió radicalmente para el equipo de Gallardo, o de Biscay. El ingreso del colombiano Juanfer Quintero le cambió la cara a River. El talento del mediocampista le otorgó calma a un equipo que fue puro nervio. El equipo fue más profundo y explotó la banda derecha, primero con Montiel y después con Mayada. Por ese costado llegó el empate desde una jugada asociada, de las pocas que brindó el partido. Calidad antes que cantidad.

La definición de Pratto puso las cosas iguales otra vez. Con el empate, el partido se fue a la prórroga y en el inicio tuvo a otro protagonista cafetero. La expulsión de Wilmar Barrios condicionó a un Boca ya al límite de lo físico por una prórroga que solo atenta contra el estado de salud de los jugadores. De las tantas cosas que deberá rever CONMEBOL en su interior, el tiempo extra es una de ellas.

De colombiano a colombiano. Juanfer frotó la varita, o su pie zurdo. El remate del ex Porto fue digno de su calidad. Pero con el 2-1 el partido no terminó ahí: los últimos minutos fueron la materialización exacta del fútbol nuestro. La vorágine y las emociones se hicieron presentes con un Boca jugando con nueve por la fatídica lesión de Gago, el remate en el palo de Jara que significaba el empate y los penales y el gol final.

El gol del Pity Martínez fue la última jugada de una Copa larguísima que debió terminar el 24 de noviembre en el Monumental de Buenos Aires, y que nos advierte todo lo que debemos cambiar en el fútbol argentino y sudamericano para que la fiesta que hoy se vivió en Madrid no nos la vuelvan a quitar.

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