Estados Unidos

El caso de la mucama indocumentada que le hacía la cama a Donald Trump

Dos mujeres contaron a The New York Times cómo siendo ilegales trabajaron en uno de sus clubes de Golf. Y aseguran que había más

sábado 8 de diciembre de 2018 - 1:53 pm

Durante más de cinco años como ama de llaves en el Trump National Golf Club en Bedminster, Victorina Morales hizo la cama de Donald Trump, limpió el baño y le sacó el polvo a los trofeos de golf de cristal. Cuando él visitó el lugar como presidente, la obligaron a usar un pin de la bandera estadounidense decorado con un logo del Servicio Secreto.

Debido al apoyo “destacado” de Victorina a las visitas de Trump, en julio le entregaron un certificado de la Agencia de Comunicaciones de la Casa Blanca con su nombre inscripto.

Todo un logro para un ama de llaves inmigrante que vive en un país sin permiso legal.

El recorrido que hizo Morales, desde cultivar maíz en una zona rural de Guatemala hasta esponjar almohadas en un complejo de golf exclusivo, la llevó de la frontera sudoeste, donde dijo que cruzó ilegalmente en 1999, hasta la tierra de los caballos en New Jersey, donde la contrataron en la propiedad de Trump en 2013 con documentos que según ella dijo, eran falsos.

Relató que no fue la única trabajadora en el club que ingresó al país ilegalmente.

Sandra Díaz, 46, nacida en Costa Rica, quien hoy es una residente legal de los Estados Unidos, dijo que ella también, estuvo en el país sin permiso legal cuando trabajó en Bedminster, entre 2010 y 2013. Las dos mujeres dijeron que trabajaron durante años como parte de un grupo de mucamas, empleados de mantenimiento y paisajismo en el club de golf, que incluía a un grupo de trabajadores en el país sin permiso legal, aunqueno podían precisar cuántos eran. No hay evidencia de que Trump o los ejecutivos de la Organización Trump supieran acerca de su condición de inmigrantes. Pero al menos dos supervisores en el club lo sabían, afirmaron las mujeres, y tomaron medidas para ayudar a las trabajadoras a evadir la detección y conservar sus empleos.

“Hay muchas personas sin papeles” dijo Díaz, quien también afirmó que fue testigo de que varias personas a quienes conocía y fueron contratadas estaban viviendo en el país sin permiso legal.

 

Sandra Díaz muestra el uniforme de trabajo que usaba en el Trump National Golf Club, en Bedminster./ Christopher Gregory/ The New York Times

Sandra Díaz muestra el uniforme de trabajo que usaba en el Trump National Golf Club, en Bedminster./ Christopher Gregory/ The New York Times

 

Trump ha hecho de la seguridad en las fronteras y la lucha para proteger los empleos de los estadounidenses, un hito de su presidencia, desde el muro fronterizo que prometió construir, hasta los allanamientos en los lugares de trabajo y las auditorías a las nóminas salariales que ha llevado a cabo su administración.

Durante la campaña presidencial, cuando se inauguró el Trump International Hotel para negocios en Washington, Trump alardeaba de que había utilizado un sistema de verificación electrónica, E-Verify, para asegurarse de que solamente quienes estuvieran en condiciones legales de trabajar pudieran ser contratados.

“No teníamos empleado a ningún inmigrante ilegal”, dijo Trump en aquel momento.

Sin embargo, durante toda su campaña y su administración, Morales, 45, aparecía informada como trabajadora en el campo de golf de Trump en Bedminster, donde todavía figura en la nómina salarial. Un empleado del campo de golf la lleva a su trabajo junto a un grupo de otros trabajadores todos los días, afirma Morales, porque se sabe que no pueden obtener licencias de conducir de manera legal.

Morales contó que se sintió herida por los comentarios públicos de Trump desde que asumió como presidente, incluyendo sus comentarios en los que equipara a los inmigrantes latinoamericanos con los delincuentes violentos. Dijo que fue eso, junto con los comentarios abusivos de un supervisor en el trabajo respecto de su inteligencia y su condición de inmigrante, lo que la hizo sentir que no podía permanecer más en silencio.

“Estamos cansados del abuso, los insultos, la manera en la que habla de nosotros cuando él sabe que lo estamos ayudando a ganar dinero”, afirmó. “Nos rompemos para atender cada necesidad y tenemos que tolerar su humillación”.

Victorina Morales muestra unos 'pins' con la bandera de EE.UU. y el logo del servicio secreto, que se le pidió usar durante una visita de Donald Trump./ Christopher Gregory/ The New York Times

Victorina Morales muestra unos ‘pins’ con la bandera de EE.UU. y el logo del servicio secreto, que se le pidió usar durante una visita de Donald Trump./ Christopher Gregory/ The New York Times

 

Morales y Díaz se acercaron al New York Times a través de su abogado de Nueva Jersey, Aníbal Romero, quien las representa en temas de inmigración. Morales dijo que comprendía que podían despedirla o deportarla como resultado de avanzar en este asunto, aunque se ha postulado para protección conforme a las leyes de asilo. También está considerando un juicio para reclamar por abuso y discriminación en el lugar de trabajo.

Por separado, en entrevistas de varias horas de duración, en idioma español, Morales y Díaz suministraron relatos detallados de su trabajo en el club y su interacción con la gerencia, incluyendo a Trump. Las dos mujeres describieron al presidente como demandante, aunque amable, y que a veces les ofrecía propinas considerables.

Mientras que no fueron muy claras acerca de las fechas precisas de los acontecimientos, parecían recordar eventos y conversaciones claves con precisión.

Morales ha tenido tratos con Trump que datan de hace años, y su esposo confirmó que en una ocasión había vuelto a casa contenta porque el dueño del club le había dicho un cumplido, o le había entregado 50 dólares de propina, o incluso, a veces, 100 dólares.

Una caja de M&Ms que se repartió durante una visita de Donald Trump al Golf Club./ Christopher Gregory/ The New York Times

Una caja de M&Ms que se repartió durante una visita de Donald Trump al Golf Club./ Christopher Gregory/ The New York Times

 

Para comprobar que de hecho era empleada del club, The Times chequeó los cupones de pago de Morales y los formularios W-2, que mencionan al campo de golf como su empleador. También puso a disposición, su número de identificación tributaria individual, un número de nueve dígitos emitido por la IRS a los extranjeros, que los habilita a tributar sin estar como residentes permanentes de los Estados Unidos. Tener el número no le confiere elegibilidad para trabajar.

The Times también examinó los documentos que Morales presentó como prueba de que tenía derecho a trabajar, una tarjeta de residente permanente, o green card (tarjeta verde), y una tarjeta de la Seguridad Social, que, según dijo, compró a alguien en Nueva Jersey, quien le dio documentos falsificados para inmigrantes.

The Times investigó el supuesto número de la Seguridad Social de Morales a través de varias bases de datos de registros públicos y en ninguno apareció el número, algo que a menudo indica que no es un número válido. El número al dorso de la tarjeta verde que presentó Morales en el campo de golf no corresponde al formato de los números utilizados en la mayoría de las tarjetas de inmigrantes legítimas. Por ejemplo, incluye las iniciales que no se corresponden con las de ningún centro de servicios de inmigración que emite las tarjetas.

Díaz presentó documentos similares, aunque desde que obtuvo la residencia legal, ha utilizado una tarjeta de la Seguridad Social y tarjeta verde auténticas.

La Organización Trump, dueña del campo de golf, no hizo comentarios específicos sobre Morales o Díaz. “Tenemos miles de empleados en todas nuestras propiedades y tenemos prácticas de contratación muy estrictas”, dijo Amanda Miller, vicepresidente ejecutiva para marketing y comunicaciones corporativas de la compañía, en una declaración. “Si un empleado presentara documentación falsa en un intento por desviar la ley, su contratación terminará inmediatamente”.

La Casa Blanca se negó a hacer comentarios.

Al contratar trabajadores que ya están en los Estados Unidos, se requiere que los empleadores examinen los documentos de identidad y la autorización para trabajar y que se registre a los empleados en un formulario de elegibilidad para el empleo. Sin embargo, no se requiere que las compañías en la mayoría de los casos, tome medidas adicionales para verificar la autenticidad de los documentos. Como falsificar estos documentos es tan fácil, E-Verify, que es obligatorio en 22 estados, avanza un paso más en compararlos con los registros de la Administración de la Seguridad Social y el Departamento de Seguridad Nacional.

La entrada al Trump National Golf Club en Bedminster, Nueva Jersey./ Christopher Gregory/ The New York Times

La entrada al Trump National Golf Club en Bedminster, Nueva Jersey./ Christopher Gregory/ The New York Times

 

La lista federal cargada en Internet de los empleadores que utilizan el sistema E-Verify incluye al club de golf de Trump en Carolina del Norte, un estado que lo requiere, pero el club Bedminster en Nueva Jersey, donde no es obligatorio conforme a las leyes estaduales, no figura en la lista.

Morales espera tener que dejar el empleo, en cuanto su nombre y su condición laboral se hagan públicos. Comprende que podría ser deportada. El jueves, pasó el día con su abogado, y a medida que las novedades sobre su revelación se difundieron, no respondió las llamadas telefónicas de su supervisor en el campo de golf. Dijo que no esperaba volver a su trabajo.

Comentó que está segura de que sus empleadores, quizás incluso el propio Trump, estuvieron en conocimiento de su condición ilegal todo el tiempo.

“Me pregunto, ¿es posible que este señor piense que tengo papeles? Sabe que no hablo inglés”, dijo Morales. “¿Cómo no se iba a dar cuenta?”.

Por Miriam Jordan. ​c.2018 New York Times News Service

Fuente: Clarín

COMENTARIOS