Psicología

Podés estar destruyendo la autoestima de tu hijo sin saberlo

Once aspectos a tener en cuenta

miércoles 12 de diciembre de 2018 - 7:06 am

Todo padre quiere lo mejor para sus hijos. Se aspira a ser el padre perfecto para un hijo también perfecto, pero es sabido que la perfección no existe.

Por supuesto que ningún padre en su sano juicio quiere dañar el autoestima del hijo. Sin embargo, hay ocasiones en la que se da el mensaje incorrecto, ya sea a través de palabras o conductas.

Si te ves retratado en alguno de los siguientes casos, es hora de replantearse ciertas cuestiones.

Sobreprotegés

Cuidar a los hijos es una cosa, sobreprotegerlos otra. Evitar que puedan hacer por sí mismos, no dejar que tomen decisiones ni se equivoquen es una forma de destruir su autoestima.

Los niños aprenden y crecen a cada paso, no siempre podrás protegerlo, algunas veces tropezarán y caerán. Hay que enseñarlos a levantarse y sobreponerse.

Insistís constantemente en sus errores

Vivir se trata de cometer errores, darse cuenta de ello y aprender cuál es el camino correcto. Sin embargo, si en vez de motivarlo a aprender, insistís constantemente en señalarlo por sus errores, no es bueno.

Lo comparás con otros

Compararlo con un hermano o con otro niño de la escuela o el vecindario es malo. No lo ayudás a mejorar ni a esforzarse más, solo le hacés creer que es “inferior” al otro, cuando es único.

Te burlás o minimizás sus sentimientos

Un niño que se siente mal por alguna circunstancia no necesita que sus padres se burlen o minimicen sus sentimientos. La desvalorización de sus sentimientos lo lleva a pensar que no te importan sus problemas.

Destruís sus sueños

Tu hijo sueña con ser pianista o astronauta. Más allá de que pueda tener o no el talento, si no lo alentás a que se atreva o a que destaque sobre lo que considerás los estándares promedio le destruís su autoestima.

Criticás lo que es diferente

Para algunos padres darse cuenta que sus hijos tienen características o habilidades diametralmente opuesta a las propias es fuente de dura crítica contra sus ellos. Son padres que quieren que sigan sus mismos caminos y al percibir las diferencias arremeten con críticas y descalificaciones.

Humillás y ofendés

Cada vez que usás frases como “no servís para nada”, “siempre hacés todo mal”, estás tomando la humillación y la ofensa como forma de corregir a tu hijo.

Esperás y exigís el éxito

Exigís altas calificaciones y no tolerás que no lo logre. Medís las capacidades de tu hijo en función de la nota que aparece en el boletín escolar. No valorás el esfuerzo que realiza, ni el compromiso ni la responsabilidad.

Si fracasan o se equivocan, no buscás entender las razones. Preferís renegar de sus capacidades y, en los casos más extremos, hasta de tu paternidad o maternidad.

Exigís obediencia absoluta

Los padres controladores que no admiten sino la obediencia ciega son muy negativos para los hijos. Los niños deben cumplir normas ciertamente, pero también tienen derecho a opinar y a que su punto de vista sea escuchado.

Nunca pronunciás una palabra de aliento

¿Te cuesta decirle “te felicito” o “qué bien lo hiciste“? Quizás creas que si lo alabás lo volverás vanidoso o que los elogios son innecesarios cuando los niños hacen lo que se espera de ellos.

Las palabras de aliento son el estímulo que necesitan los niños para saber que lo están haciendo bien y continuar mejorando.

Ignorarlo

Son muchos los padres y hasta “asesores” de crianza que indican que a los niños hay que ignorarlos como fórmula para corregir un mal comportamiento, una rebeldía o una rabieta. Nada puede ser más doloroso para ellos que su padre o madre lo ignore. Le enseña que no merece la atención de las personas que más ama.

Fuente: Vida sana

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