Opinión

Macri depende del éxito del G20 para ser reelecto

jueves 29 de noviembre de 2018 - 12:37 pm

Columna publicada originalmente en TN

Reunir en Buenos Aires a este selecto grupo de gobernantes fue desde el comienzo una jugada de riesgo. ¿Y si las cosas salían mal, no se volvía un pelotazo en contra difícil de manejar? Por la situación política, económica y social que atraviesa el país, esos riesgos encima se agravaron desde que Macri insistió en ser anfitrión de la reunión de este año. Pero aún así no debe estar arrepentido, porque si algo todavía valora la sociedad de su gestión es que ha vuelto al mundo, y recuperado lazos con los países centrales que no deberían haberse roto; y porque es a todas luces evidente que si su gobierno sobrevive es precisamente por esos lazos.

La calle

¿Cuáles son los riesgos que corre y qué chances existen de que los sortee? Para empezar, esta la cuestión del control de la protesta, que en este caso es doble, o triple.

Primero, porque acaba de hacer un papelón mayúsculo en un evento deportivo que debió ser una fiesta, y se convirtió en un desastre. El horno no está para bollos desde el sábado pasado: si Macri y su gente no dan señales contundentes de que pueden controlar la calle, aunque más no sea conteniendo el desorden, la confianza interna y externa en su capacidad de gobierno, ya muy baja desde que se le desbocó el dólar, se derrumbará.

Segundo y fundamental, porque en este caso las protestas no van a estar tan dirigidas al conjunto de los gobernantes, como al anfitrión. Van a ser mucho más locales que en Hamburgo el año pasado, en que los globalifóbicos fueron sus protagonistas exclusivos. De allí que, aunque Angela Merkel pasó un muy mal rato, pudo repartirse los 1000 heridos y cientos de detenidos que esos disturbios acarrearon con los demás socios de su club. En cambio, Macri va a tener difícil compartir responsabilidades.

¿Es razonable que haya puesto su destino en manos de grupos radicalizados con ganas de incendiar la ciudad y de fuerzas de seguridad mal entrenadas y en ocasiones peor coordinadas, que además de heridos en cualquier momento pueden provocar un muerto? El riesgo que corre es muy alto. Disturbios es inevitable que haya. Y si son acotados seguramente en la percepción social va a primar la valoración de haber logrado organizar el encuentro internacional más relevante de nuestra historia. Y aunque más no sea por el cholulismo ante el espectáculo que brindan los poderosos, Macri va a sacar buen provecho de este asunto.

La diplomacia

Aparte, hay que considerar los resultados diplomáticos, comerciales y financieros de la cumbre. Y aunque en este terreno el gobierno argentino corre con más ventajas, también los riesgos son altos.

El globalifóbico más peligroso con el que tendrá que lidiar es el principal invitado a la cumbre, Donald Trump. Y sería una pésima señal para nuestra economía, dado lo precario de su situación, que el ánimo rupturista del presidente norteamericano se imponga: si da señales de avanzar con su agenda proteccionista, en particular en la guerra comercial que ya inició con China, los precios de nuestras exportaciones van a caer y las tasas de interés de nuestras deudas van a subir.

Aún en ese caso, el gobierno de Macri calcula que esta reunión le va a servir para obtener apoyos y concesiones que podrían compensar un mal resultado global: acuerdos comerciales, proyectos de inversión, tal vez alguna cosa más. El problema es que estos beneficios contabilizarán en lo inmediato no más que algunos cientos de millones, mientras que aquellos perjuicios, de producirse, habría que calcularlos en el orden de los billones.

Es un mundo bastante inhóspito el que nos encontramos cuando decidimos volver a él. Macri va a tener que demostrarle a la sociedad argentina que, aún siendo así, vale la pena. Porque de otro modo el ánimo nacionalista y aislacionista que en general ha predominado entre nosotros, y por suerte pese a la crisis que atravesamos todavía no se ha reactivado, va a volver a imponer su visión de las cosas.

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