Opinión

De Adam Smith a Matrix y la criptoeconomía

Manuel Calderón

Director del Programa Ejecutivo en criptomonedas, blockchain y contratos inteligentes para inversores y emprendedores, (UCEMA).

miércoles 28 de noviembre de 2018 - 2:59 pm

Columna publicada originalmente en Infobae

Adam Smith nos enseñó que la mayor parte de las instituciones como sistemas de reglas que coordinan y organizan nuestra vida cotidiana, y nos dan prosperidad como sociedad, no son el plan de algunas pocas mentes iluminadas, sino el resultado acumulado de cientos, miles y millones de pequeñas interacciones y experiencias, pasadas y presentes, de individuos ignotos que solo buscan un poco de prosperidad para sus vidas. Esta búsqueda los impulsa a preguntarse qué es lo que podrían hacer para obtener lo que desean y a actuar en consecuencia, especializándose en una profesión, descubriendo nuevos conocimientos y tecnologías, desarrollando sus talentos. Por ejemplo, sin propiedad privada no habría mercado, sin mercado no habría división del trabajo, sin división del trabajo no habría talentos, y sin talentos no habría prosperidad ni individual, ni social.

Esta es la forma en que las instituciones impactan sobre nuestras vidas y, a su vez, nuestras vidas sobre las instituciones. La relación es circular, de retroalimentación. Nadie nunca tuvo la revelación ex nihilo de la conveniencia de diseñar un sistema de propiedad privada para generar hombres talentosos, aunque paradójicamente sí hubo muchos hombres talentosos que tuvieron la revelación de que la propiedad privada era un obstáculo para alcanzar la prosperidad. En última instancia, la prueba que nuestras sociedades deben superar constantemente es la de sobrevivir en este mundo, y los sistemas de reglas que las regulan serán evaluados en ese sentido de manera objetiva.

La forma en que las instituciones y las tecnologías se nos presentan es como si tuvieran una vida propia, si están ahí es porque son útiles y generan valor, y si esto no fuera así, desaparecerán o serán suplantadas por otras con independencia de nuestras voluntades o deseos. La primera ley de la naturaleza es que si existe la posibilidad de obtener algún beneficio, tarde o temprano esto se aprovechará; las reglas que descubran ese beneficio suplantarán a las que no lo hacían. Esta es la clave para entender la evolución.

En este sentido, estamos presenciando de forma cada vez más perceptible por su aceleración una serie de cambios tecnológicos disruptivos. La capacidad que nos está dando la tecnología, para resolver los problemas que nos limitan y obtener mayores beneficios de nuestro esfuerzo, está creciendo de manera exponencial. Cada vez más nuestros comportamientos e interacciones están mediatizados, coordinados y potenciados por una maquinaria que resuelve nuestros asuntos cotidianos, que perfecciona el producto de nuestro trabajo y que expande nuestra capacidad de comunicarnos.

En toda sociedad, no solo el trabajo y la riqueza están divididos entre sus integrantes, sino también la información y el conocimiento; de aquí el gran valor social de cualquier innovación que mejore nuestra capacidad de comunicar e intercambiar lo que tenemos y lo que sabemos por lo que queremos tener, y lo que queremos saber. En los últimos años, internet emergió como la tecnología que revolucionó la forma y las posibilidades para comunicarnos e intercambiar: una red donde la información fluye entre sus integrantes de forma libre, autónoma y descentralizada. Cada vez más, una mayor parte de lo que hacemos (trabajo, educación, entretenimiento, comercio, consumo, vida social) lo hacemos dentro de esta red, y nos está permitiendo también inventar y poner a prueba nuevos procedimientos para hacer mejor lo que ya hacíamos.

El blockchain y las criptomonedas son ejemplos de estas nuevas herramientas nacidas del paradigma internet. Blockchain permite el registro, el almacenamiento y la distribución de todo tipo de información (tanto pública como privada) de forma descentralizada, consensuada, transparente y accesible a todos los integrantes de la red; y dentro de esta plataforma, las criptomonedas son un instrumento para almacenar valor y para realizar transacciones comerciales. La criptografía permite aplicar los conceptos de identidad, autorización y acuerdo, del mundo de las relaciones presenciales al mundo de las relaciones virtuales. También se está desarrollando una serie de esquemas de incentivos que permiten que estas organizaciones autónomas descentralizadas (como el bitcoin) funcionen correctamente alcanzando coordinación entre los nodos que conforman la red.

La disciplina que estudia estos esquemas de incentivos para el diseño de mecanismos y mercados en entornos virtualizados, autónomos y descentralizados se ha dado en llamar criptoeconomía, pero no es otra cosa que la adaptación tecnológica del conjunto de principios de economía que Adam Smith vislumbró hace aproximadamente dos siglos y medios.

COMENTARIOS