Opinión

Tecnología y capital social en barrios vulnerables

Guadalupe Rojo

Doctora en Ciencia Política y Magister en Economía por la Universidad de Duke y Magister en Estudios Latinoamericanos (Stanford)

viernes 23 de noviembre de 2018 - 11:59 am

Columna publicada originalmente en Infobae

En Argentina, más de la mitad de los hogares en condiciones de vulnerabilidad no disponen de red cloacal. No hace falta que la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos recuerde la importancia del saneamiento urbano para evitar enfermedades. Sí es necesario recordar que la falta de inversión en infraestructura social es un eslabón más en la transmisión intergeneracional de la pobreza. En este sentido, todos los caminos conducen al sistema de rendición de cuentas de la política. ¿Cómo construimos una ciudadanía capaz de castigar las omisiones de sus representantes? ¿Cómo la existencia de grupos de WhatsApp contribuye a la acción colectiva en el barrio y al empoderamiento de la comunidad? ¿Cómo asegurar un uso equitativo de los nuevos mecanismos de participación ciudadana que nos brinda la tecnología?

El acceso a la red cloacal, agua potable o tendido de gas en asentamientos informales o barrios populares son ejemplos de bienes públicos locales que requieren gran inversión del Estado. En un contexto de recursos finitos, la fortaleza de la demanda por infraestructura y servicios públicos influye en la decisión gubernamental de dónde invertir. Existe evidencia de que las comunidades más conectadas son más efectivas para articular sus demandas, elevando el costo electoral de los políticos que no cumplen. En este desafío de acción colectiva, la tecnología representa una buena noticia para la coordinación de grupos y la toma de decisiones entre vecinos. La organización social es un ordenador de problemas colectivos, máquina que procesa demandas desordenadas, y las devuelve simplificadas y priorizadas, listas para lanzarse al espacio público y llegar a oídos de los políticos. La fuerza transformadora de la tecnología en las dinámicas de comunicación entre vecinos (capital social) es aún más importante en poblaciones vulnerables.

Posiblemente en el futuro todavía existan asambleas barriales, aunque se presupone una participación ciudadana sostenida sobre todo en el uso de teléfonos inteligentes o dispositivos que aún no se inventaron. Por ejemplo, los grupos de WhatsApp entre vecinos del barrio pueden cumplir un rol fundamental en el reemplazo del agente intermedio. Si antes un referente barrial era el nexo inexorable entre vecinos y municipio, ahora el grupo virtual matiza la necesidad de un líder coordinador. La comunicación entre vecinos ya es dinámica hoy, pero para 2030 probablemente veamos una evolución en la interfaz que relaciona vecinos entre sí, por un lado y comunidad-Estado, por otro.

Sin embargo, también existe el riesgo de que la herramienta sea cooptada por intereses no alineados con el objetivo del grupo, como por ejemplo la viralización de noticias falsas con intencionalidad política. En su origen, WhatsApp se mantenía dentro de la esfera privada, facilitando relaciones interpersonales, y de logística de la vida cotidiana. Paulatinamente su diferenciación con las redes sociales (incluyendo el anonimato) comienza a desdibujarse. Tanto en Brasil como en India, WhatsApp fue el principal mecanismo de propaganda política durante las últimas elecciones, incluyendo mensajes engañosos e incitando a la violencia religiosa. Sin duda, esta circunstancia presenta nuevos desafíos para el Estado, como la necesidad de proteger a los ciudadanos del bombardeo masivo de información, cuidando especialmente a aquellos que son iletrados digitales.

En este sentido, en el futuro una de las habilidades más valiosas será la de poder identificar información útil y confiable, distinguiendo conocimiento de basura virtual. Esto último cobra especial importancia en poblaciones vulnerables. El desafío es fortalecer capital humano y habilidades socioemocionales (HSE), fomentando la conectividad y el capital social, mientras vinculamos ciudadanía-Estado más directamente. No se trata simplemente de una capacitación tecnológica de la ciudadanía, sino de asegurar igualdad en el uso de dispositivos inteligentes en materia de participación democrática.

Debemos reconocer, entonces, tres dimensiones de estos cambios. En primer lugar, la importancia que tienen los desarrollos tecnológicos, en especial comunicacionales, para los lazos comunitarios. En segundo lugar, la urgencia de disponer de herramientas para identificar información certera y relevante. Y, en tercer lugar, la posibilidad de implementar más y mejores plataformas virtuales en las que vecinos puedan interactuar de forma directa con autoridades gubernamentales. Lo que nunca debemos perder de vista es el horizonte: ¿Cómo potenciamos el costado positivo de la tecnología, específicamente en lo que refiere a acción colectiva en el barrio? ¿Cómo se protege al ciudadano del aluvión de información virtual? Al final del día, lo importante del crecimiento exponencial de la conectividad no son las herramientas per se, sino las razones por las que nos conectamos.

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