Opinión

Macri jaqueado: la opinión pública y el riesgo del boca a boca negativo

Hugo Grimaldi

Docente. Periodista. Conductor de Periodismo A Diario. Ex director de Agencia DyN

viernes 16 de noviembre de 2018 - 12:26 pm
  • Columna publicada originalmente en Cronista.com

A Mauricio Macri le han rodeado la manzana con críticas dirigidas al costado cualitativo de su gestión. Pese a que suele correr detrás de los acontecimientos, la holgada votación del Presupuesto en el Senado indica que sigue teniendo la iniciativa en muchos temas aunque, como la famosa gota de agua que horada la piedra, es un hecho también que por estas horas la opinión pública y algunos medios le están pegando mandobles cada vez con mayor virulencia a la credibilidad del Presidente por derecha y por izquierda, ya sea “porque bogas”, pero también “porque no bogas”.

Y aunque en principio, se hace un poco el desentendido ante una pregunta concreta sobre el grado de preocupación que puede haber al respecto, en una charla informal con este periodista, una fuente de la Casa Rosada desliza que efectivamente han detectado el fenómeno y que está siendo analizado por los estrategas comunicacionales del Gobierno quienes, quizás para no conceder que el momento es de un pico ciertamente crítico en materia de opinión pública, le echan la culpa de la ponzoña ambiente a la picardía opositora vía redes sociales, mientras que a regañadientes se consiente que el Presidente ha comenzado a padecer un fenómeno negativo de difícil resolución: el boca a boca en contra.

El evidente matiz de desaliento que sobrevuela la sociedad, basado en la costumbre muy argentina de no reconocer nunca un fracaso como propio, supuesto error al que, para disimular la responsabilidad de haberlo elegido a Macri, se le tira tierra encima, se esparce desde varias usinas. La diferencia con casos anteriores es que aún la gente no dice “yo no lo voté”, sino que lo confiesa pero muestra cierto grado de arrepentimiento por haberlo hecho.

Lo traumático para el Gobierno es que, debido a lo difícil que está la situación de los bolsillos, todo este panorama ya se ha instalado de lleno en el seno de las familias y de las amistades y está en la discusión diaria de los medios y a través de Internet sobre todo, canal de comunicación este último que el Gobierno decía dominar, desde donde se critica cada día y cada vez con menos pudor, la gestión del Presidente. Un consultor de opinión pública advirtió al respecto que la experiencia le indica que cuando el fenómeno “se transforme definitivamente en moda será imparable”.

La cantidad de dardos envenenados que se le arrojan al Gobierno han saturado el ambiente y hoy le caen desde todos lados: los más ortodoxos califican a Macri como un populista de buenos modales y le hacen reproches porque, sin decidirse a cortar de una buena vez el gasto, dicen que dilapida el dinero de los contribuyentes subiendo impuestos y ayudando al parate productivo, mientras que, del otro lado, tildan al Presidente de insensible, de no llegarle a los talones al gobierno anterior y de servir a los intereses del FMI.

Hay una cuestión que emparenta las críticas, ya que todos por igual hacen notar la “mala praxis” gubernamental y dicen que, tras haber encontrado el país con varias bombas cebadas, tras casi tres años de gestión y con la experiencia del fallido gradualismo (“que querían, que abandonáramos a suerte a los pobres que nos dejó Cristina Fernández”, dice la fuente), el Presidente se metió solo en el berenjenal en el que está y terminó detonando un artefacto propio. Es obvio que el escenario actual es poco alentador para el Gobierno, pese a que se notan algunos atisbos de mejora que podrían llegar a los bolsillos como paliativo veraniego.

Lo cierto es que hoy la economía se arrastra en un profundo valle recesivo y se pronostica que el fenómeno de alta inflación seguirá con sus estertores al menos hasta fines de año. Mientras, el dólar y la tasa de interés han comenzado a bailar la música que le ponen desde el BCRA que, dicho sea de paso, sigue sobre-cumpliendo el compromiso de emisión cero. En tanto, para el año que viene se confía en que habrá dólares comerciales para sumar reservas genuinas. En este contexto de tantas incertidumbres económicas, la aprobación del Presupuesto 2019 con la pretensión de cerrar el año con déficit cero, no deja de ser un alivio para Macri, sobre todo en su relación externa y ya mirando a la reunión del G-20.

En general, el diagnóstico está y lo tienen bien tabulado todos los economistas, aunque lo que nadie imagina con cierto grado de certeza es cuál será el momento de normalización de las variables, si antes de las elecciones, demasiado antes o nunca, ya que la volatilidad económica, política y social es una constante imposible de controlar en la Argentina, además prendida de circunstancias externas aún en la nebulosa, como será la política futura de la Reserva Federal o la llegada, con Jair Bolsonaro, de una nueva corriente a la presidencia de Brasil.

Desde ya que la economía es el primer blanco de buena parte de lo que se le critica al Gobierno, aunque a veces se lo hace con argumentos débiles y sobre todo contradictorios: si el dólar sube, se muestra preocupación porque el alza se traslada a la inflación, pero si como efecto de su represión las tasas están muy altas, se alega que mucho más sufre el financiamiento de las Pymes y familias. Ahora, si el dólar cae al piso de la banda, el supuesto drama sujeto a crítica es por qué el BCRA no compra dólares y si bajan las tasas o baja la nafta, como acaba de ocurrir, no hay comentarios al respecto.

Otro tanto ocurre con las declaraciones de los funcionarios y como muestra están las recientes del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne quien, en una charla para agradar el oído de eventuales inversores, dijo que la Argentina “nunca se hizo un ajuste de esta magnitud”. En vez de señalar que es la primera vez que se reconoce la cosa con brutal sinceridad, desde las redes sociales (y algunos comunicadores también) le pegaron al economista con singular fiereza por señalar que el Gobierno iba “a ganar las elecciones” o por defender un ajuste que, finalmente, cierra con suba de impuestos, cosa que no eludió y prometió retomar como línea gubernamental de fondos. Más ejemplos: por izquierda, se critica el préstamo que otorgó el Fondo Monetario como si fuesen fondos espurios, pero sin decir qué alternativa se podría haber seguido, mientras se olvida que con ese paquete se está financiando el gasto social, que representa 70 por ciento del nuevo Presupuesto. Y por derecha, se plantea por qué motivo los contribuyentes pagadores tienen que sostener tanta cantidad de planes sociales y otros gastos superfluos del Estado.

Toda esta incertidumbre, a la que nadie en el Gobierno le sale el cruce con cierta coherencia para explicarle a la gente las jugadas de modo didáctico para ver si se logra parar la bola de nieve, junto a la imposibilidad de la opinión pública de volver a creer en las zanahorias gubernamentales, hace que la ponzoña anti-gobierno se multiplique, a veces porque el silencio concede y otras, porque está potenciada por muchos trolls opositores quienes, haciéndose los desencantados, meten fichas en las redes sociales escudándose en el hashtag #YoLoVoté.

Igualmente, pese al fenómeno de gran desgaste que sobrevuela el Gobierno, si se mide la imagen del Presidente y se evalúa su gestión por cantidad, todavía los números parecen generarle cierta tranquilidad a quienes piensan que, con un repunte de la economía el año que viene, le va a alcanzar a Macri para llegar a las elecciones con chances de seguir en el Gobierno. En ese sentido, si enfrente tiene a Cristina Fernández, hoy muy bien posicionada, pero líder en imagen negativa, sería “casi imposible” que perdiera el balotaje, dicen los analistas de opinión pública.

Lo concreto es que el modo en que se esparcen tantas críticas sobre el actual gobierno, hechas con mayor o menor piedad, está pegando de lleno en la base electoral de Cambiemos, la hoy frustrada clase media, mientras que, por otro lado, hay muchos votantes de centro-derecha que se dicen desilusionados, mientras buscan opciones concretas que empiezan a visibilizarse en ese espectro. Este punto no es nada menor, ya que si el Gobierno supone que saca alguna ventaja si enfrenta a la senadora con el peronismo partido, ni que decir si le pasa lo mismo y muchos de sus votantes naturales, desilusionados porque el Gobierno no toma el toro por las astas y baja el gasto de una vez, se aferran a otra opción. Basta con leer las declaraciones del provocativo Alfredo Casero al respecto.

Con el optimismo que caracteriza a los funcionarios de Cambiemos, la fuente gubernamental supone que finalmente todo este mal momento pasará y que, a la hora de la verdad, “cuando le saquen el banquito a la gente y se quede sola en el cuarto oscuro, los votos van a ser para Mauricio otra vez. Si tantas cosas más que graves se le perdonan a Cristina y dicen que es competitiva”, añade. Entonces, apareció una pregunta que muchos ya se están haciendo en la coalición gobernante, especialmente en el radicalismo: “Y si la bronca actual va en aumento y la gente castiga a Macri en las PASO?”. No sabe, no contesta.

COMENTARIOS