Opinión

Vendió su auto, sus muebles y se despidió de su familia por un amor a primera vista

Señorita Heart

Contadora de "Historias de Amor" reales

viernes 9 de noviembre de 2018 - 2:37 pm

(Columna publicada originalmente en La Nación)

“No gracias, sólo vengo a estudiar. No me interesa conocer a nadie en este momento”, le dijo Tracy a Kitty, mientras desarmaba sus valijas y se instalaba en el barrio de Belgrano, en la ciudad de Buenos Aires, en la casa de familia que la iba a hospedar esos meses. Por el programa de intercambio cultural, era la cuarta vez que visitaba la Argentina y conocía acerca de las costumbres de nuestro país. Sabía que la dueña de casa tenía las mejores intenciones al decirle que quería presentarle a Nicolás, el hijo de una familia amiga que estaba soltero. Pero acababa de dar por terminada una relación con compromiso incluido en su Ohio natal, en los Estados Unidos y simplemente no estaba preparada para vincularse nuevamente.

Pero el destino quiso que a los pocos días finalmente Tracy e Ignacio coincidieran en una reunión de alumnos de la Universidad de Belgrano, donde ella estaba cursando sus estudios. “Me habían dicho que era un hombre de unos 30 años que luego de varias relaciones fracasadas, sólo quería encontrar el amor de su vida. Yo jamás me imaginé que podía entablar una relación con alguien de otro país. ¡Y menos después del primer encuentro! Pero ese mismo día algo fuerte empezó a pasar entre nosotros y me invitó a salir”.

Fue amor a primera vista. Y no demoraron en salir una segunda, una tercera y cuarta vez. Hasta que perdieron la cuenta de las ocasiones en las que la habían pasado bien juntos y formalizaron el vínculo. Todo marchaba sobre ruedas, pero llegó el momento en que Tracy tuvo que regresar a los Estados Unidos: su visa vencía y no le dejaba otra alternativa. “Le dije a Ignacio que iba a volver. Y para facilitar mi regreso, él me ofreció su departamento y probar una convivencia.

Se despidieron en el aeropuerto de Ezeiza, con más dudas que certezas y prometieron volver a verse. De regreso en Ohio Tracy se dejó guiar por lo que le mostraba su corazón. Vendió su auto, sus muebles, se despidió de su familia y seres queridos y volvió a la Argentina. “Hicimos unas semanas de adaptación para que cada uno evaluara cómo era vivir juntos en un departamento de 30 mts cuadrados. O sale muy bien o sale muy mal, pensamos los dos. Y resultó que todo fue positivo”.

¿Cuál era la chispa que se había encendido entre ellos? Tracy asegura que tuvo algunos indicios que le mostraron que estaba frente al hombre indicado: “La primera cosa que me hizo saber que Igancio estaba hablando en serio y que lo nuestro no era algo pasajero fue cuando me ofreció vivir junto a él mientras yo buscaba un departamento propio. Un hombre que no está preparado para decir siquiera te quiero, no se anima a semejante propuesta. Eso me llamó mucho la atención y me generó como mariposas en la panza”.

Como contrapartida, Ignacio pudo comprobar de primera mano que Tracy estaba asumiendo un gran desafío cuando decidió dejar todo por amor y mudarse a la Argentina. Lo vio con sus propios ojos cuando en 2012 viajó a conocer a la familia de su novia. “En ese viaje pudo ver que, además de mi familia, en Ohio hay mucha gente que me quiere y aprecia. Ese es un motivo de sobra para que alguien quiera quedarse en su tierra. Me dijo que eso lo ayudó a darse cuenta de que yo lo amo de verdad”.

Estaban dadas todas las condiciones para dar el siguiente paso. Y el lugar elegido fue la costa argentina. Manejaron hasta Valeria del Mar para celebrar el aniversario del día en que se había conocido. Ignacio organizó una tarde romántica. Compraron alfajores, un CD de Micahel Bolton y estacionaron el auto en la playa frente al mar. “Estábamos escuchando mi canción preferida, When I’m Back On My Feet Again y le dije no hay nada más perfecto que este momento, comiendo chocolate, con una vista hermosa y un hombre maravilloso.” Ignacio tenía todo planeado: abrió la guantera, sacó una cajita, le dijo a Tracy que quería estar a su lado por siempre y le pidió matrimonio.

Se casaron en la Parroquia Santiago Apostol en el barrio de Núñez, una tarde de noviembre con sus familias y amigos como testigos de su amor. Kitty, la dueña de casa donde se había hospedado Tracy, fue la madrina.

Pero no todo fue color de rosas. Después de varios intentos, de pelear por un bebé que no llegaba y tras haber perdido un embarazo, finalmente llegó Nicolas. “Hoy, a pesar de nuestras difrefentes culturas e idiomas, formamos una hermosa familia basados en el amor. Yo extraño y recuerdo a mi querida Ohio todos los días, pero por este hombre y el amor, y mi illusión de tener la familia que tengo, todos los dias sigo apostando por nuestro amor”.

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