Psicología

Cómo detener un ataque de ansiedad

Tu cuerpo te da varias señales cuando estás por tenerlo; qué podés hacer al respecto

martes 30 de octubre de 2018 - 7:33 am

Aunque ataque de ansiedad no sea un término formal en la medicina occidental, sí se utiliza para describir un estado emocional parecido al de un ataque de pánico. Estos dos términos suelen ser confundidos, y, si bien tienen síntomas comunes, también tienen diferencias sustanciales, sobre todo cuando se trata de la raíz del problema.

La diferencia más grande entre ambos es que el primero ocurre sin causa aparente. Muchas veces, las personas que sufren ataques de pánico desarrollan miedo ante los lugares o situaciones en los que tuvieron que pasar por uno. Por el contrario, las personas que sufrieron un ataque de ansiedad pueden identificar la causa.

Los de ansiedad, aunque no estén reconocidos por la medicina, se entienden como un subidón repentino de todos los síntomas relacionados con la ansiedad. Así, si normalmente sufrís de ella, podés estar preocupándote demasiado en tu día a día. En un ataque de ansiedad, esta se vuelve mucho más intensa, tanto que te paraliza.

Un ataque de pánico no tiene como síntoma la preocupación excesiva; sino que la preocupación suele venir sobre el ataque en sí (la persona puede llegar a tener miedo de estar muriendo) y no sobre una causa externa. Por ejemplo, quien sufre un ataque de ansiedad generalmente tiene pensamientos repetitivos sobre un tema en particular que le causa preocupación, durante el ataque.

Los síntomas emocionales de un ataque de ansiedad suelen ser: preocupación excesiva, aprensión, temor, inquietud y miedo. No está el miedo a morir ni el sentimiento de despersonalización característicos del pánico. Los síntomas físicos suelen ser los mismos: frecuencia cardíaca acelerada, dolor en el pecho, falta de aire, boca seca, tensión en la garganta (sentir que te ahogás), sudoración, náuseas o dolores en el estómago, entre otras incomodidades corporales. En ambas ocasiones, podés sentir que estás enloqueciendo.

La ansiedad puede irse apilando gradualmente. La clave para detener un ataque es detectarlo, y para eso debés estar atento a lo que te está ocurriendo emocionalmente.

Si te notás muy preocupado u obsesionado con un tema en particular, podés ser propenso a tener un ataque de ansiedad en algún momento, si dejás que la preocupación vaya incrementando. Un ataque de ansiedad también puede surgir de forma inesperada, debido a un evento sorpresivo.

Respirá

Primero, necesitás comprender que debés detenerlo, y para eso tenés que distraerte. Hacé un ejercicio: inhalá y exhalá mientras contás hasta cinco, para ayudar a concentrarte en tu respiración. Te falta el aire, pero tan pronto como comiences a controlar tu aliento recuperarás tu capacidad pulmonar.

Calmá tus ojos

No fijes la vista en nada. Calmá tus ojos para que todo se vea borroso. Esto indicará a tu cuerpo que es tiempo de relajarse, como cuando te vas a dormir.

Estirate

Aunque estés temblando, estirar tus músculos, como si te estuvieras desperezando, e incluso bostezar, te ayudará a engañar a tu cuerpo y a hacerlo creer que es hora de descansar.

Tomá un vaso de agua fría

Esto ayudará a tu cuerpo a regular su temperatura si tenés mucho calor. Tomalo de a sorbos pequeños, con tranquilidad.

Enfrentate al miedo

Cuando te hayas calmado, planta cara a los hechos y analiza las posibles causas del ataque, si no las tienes demasiado claras. Una vez hayas encontrado una respuesta, la solución será enfrentarse al miedo, siempre estando atenta a tu respiración y a las señales de tu cuerpo.

Fuente: Vix

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