Opinión

Adultocentrismo

Cecilia García

Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social (UBA)

viernes 26 de octubre de 2018 - 11:24 am

Una maestra de escuela primaria filma a sus alumnos en el recreo mientras les hace cantar “viva Perón”. En otro colegio una alumna interpreta con su clavicordio la marcha peronista para el intendente que había ido de visita a repartir mochilas, guardapolvos y zapatillas en el marco de un programa municipal. Ambas filmaciones se viralizan y en los noticieros no tardan en aparecer las críticas… Las críticas al peronismo.

Se dice que es un fascismo, que está probada su ineficacia histórica. Otra periodista –más sensata– se pregunta si no deberían cuestionarse el resto de los himnos a próceres pretéritos, y concluye –con acierto– que la diferencia radica en la actualidad de la cuestión política detrás de la interpretación del himno a Perón. Todo gira, en definitiva, en torno a si es bueno o malo el peronismo. ¿Y los chicos?

Durante el último mundial de fútbol un argentino fue inhibido de asistir al resto de los partidos – con justa razón- por haberse aprovechado de la inocencia de una adolescente rusa a la que le hizo repetir una frase con contenido sexual en castellano, idioma que ella desconocía. Los contextos son diferentes, pero tienen en común a los adultos poniendo a menores a hacer cosas que no entienden – porque no tienen las herramientas para decodificarlas -para uso político o entretenimiento de otros adultos.

La orientación política de los chicos que fueron filmados cantando “viva Perón” la definirán ellos mismos cuando tengan las ganas o la necesidad de hacerlo. Lo que aprendan en el aula, en la casa o en la calle formará parte del repertorio de saberes a partir del cual ellos elaborarán su propia identidad política en el futuro. Poniendo el foco en los supuestos peligros de educar a los niños en tal o cual ideología –como si la educación fuera además un proceso tan lineal– se disfraza de preocupación universal por la infancia una intencionalidad política de coyuntura. Lo cual es, una vez más, una cuestión de adultos.

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