Opinión

Violentos, peronistas y opositores: siempre al servicio de Macri

Pedro Paulin

Periodista. Colaborador en Perfil.com.

El Presidente deberá agradecer a la oposición, o parte de ella, para lograr sortear las exigencias de la castigada clase media

jueves 25 de octubre de 2018 - 11:19 am

La media sanción del proyecto de la Ley de Leyes logró desnudar una vez más lo evidente en cada coyuntura crítica para el Gobierno: cuando tenga problema, siempre tendrá un opositor, un violento o el peronismo más torpe para solucionarlo. Así es como un presupuesto cuestionable en algunos puntos se encontró ayer con quórum gracias a la solidaridad puntana por unos 380 millones de pesos en obras locales —un pragmatismo propio de la elevación moral de la familia Rodríguez Saa— para dar puntapié a una serie de hechos cinematográficos que incluyeron sonrisas, llantos, disparos, fuegos artificiales, corridas y el final feliz que el oficialismo no pensó que iba a obtener subestimando la capacidad opositora de resolver problemas propios. Dato aparte, ayer empezó la interna más brutal de la política reciente, los hermanos puntanos a matar o morir en las urnas para retener el poder.

Las 138 manos que lograron reunir Nicolás Massot y Emilio Monzó, la dupla parlamentaria de la que Macri no podrá prescindir hasta el final de su mandato si pretende aprobar leyes, fueron lo que dio respiro a Cambiemos tras 18 horas de comedia trágica, chicanas de un vuelo difícilmente más bajo, insultos de cancha de fútbol entre hombres de traje importado, bravucones de alicaída esgrima verbal remontándose a los manipulados años setenta y una calle absolutamente anárquica que terminó de consolidar el triunfo de Macri, una vez más, a pesar de Macri en algunos puntos.

El progresismo discursivo, ya en un nivel de travestismo inusitado para buena parte de la opinión pública, llegó en forma de cartel anti FMI para ser una vez más su gracia, es decir: no sumar votos, pero que nadie los tome en serio tampoco. La encargada fue Victoria Donda, inclasificable dirigente que logró como pocos, haber sido en diez años aliada política de Néstor y Cristina Kirchner, Alfonso Prat Gay, Elisa Carrió, la famiglia Moyano, Hugo Chávez y Hermes Binner. Pocos se han atrevido a tanto, quizás su capacidad de enroque haga comprensible su actual matrimonio espasmódico con Felipe Solá, sólo le falta crear un espacio contra su superyo.

La temperatura subió a medida que las horas pasaron, y la política empezó a desnudarse para que nadie se olvide qué tan torpe se puede ser con tal de aprobar una mala ley. La izquierda argentina, violenta y contradictoria pero peor representada, volvió a llevar a cabo las mismas rarezas creativas de los últimos sesenta años, bien innovador. Trenes cargados de violentos desde el Conurbano, sin que las fuerzas de seguridad lo noten, llegaron con mochilas con bombas caseras, “tres tiros” que no caben en un bolsillo, unos martillos a prueba de banco de Plaza de Todos y otras herramientas para lograr llevar a cabo su proeza. Destruyeron el espacio público, fueron corridos tardíamente por las Fuerzas de Seguridad, y volvieron a casa. Fin de la jornada para el PTS, Izquierda Socialista y otras expresiones aún más marginales electoralmente. Sí, se puede.

Patricia Bullrich había diseñado el plan para evitar mayores caos y asesoría internacional ya trabaja junto con la ministro, contaron a Perfil fuentes oficiales. Los antidisturbios fueron exitosos aunque no se evitó que se destruya lo que los contribuyentes volveremos a pagar el mes entrante. El debate entre la tibieza de la Ciudad y la firmeza de Bullrich vuelve a representarse en cada ocasión. En este punto de encuentro, Patricia Bullrich choca con la mirada del jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta, quien con asidero piensa en ser presidente del país. No es el único, pero es mejor mirado por el Círculo Rojo, sabe más de política que casi todo Cambiemos y Macri no subestima su candidatura. La tibieza de Larreta tiene lógica a la hora de no reprimir: nadie quiere un muerto en su distrito antes de reconocer que quiere ser presidente en el futuro. Así entonces, ese contrapunto entre Bullrich y Larreta no pasó a mayores, las Fuerzas trabajaron y la calle fue un caos durante dos horas, hasta que destruida parte de la Ciudad, volvió a la normalidad.

Quienes no somos especialistas en Seguridad no entendemos el porqué de algunas situaciones: ¿no se puede detener antes que explote su bomba contra el Congreso de la Nación a los que viajan con botellas de nafta en colectivos y trenes en sentido al centro estos días? Los partidos políticos que van con banderas representativas del espacio, cuyos militantes tienen sus remeras y agitan sus banderas mientras destruyen cordones, veredas y empujan vallas, ¿no deberían pagar por los destrozos estando ellos filmados? Es justo que los que cuidan y mantienen limpia la Ciudad financien la ira de personas que siguen tirando bombas caseras y huyendo en las calles mientras citan sociólogos y gobiernos que terminaron su mandato o dictadura de izquierda hace setenta y ochenta años?

Así queda entonces Cambiemos en una encerrona particular. Quienes sufren el aumento generalizado de precios producto del fracaso del plan económico, ayer trabajaban en el centro con más ruido que el habitual. Quienes van a percibir el 80% del presupuesto, casi 10 % del PIB, hace ya unos meses que a diario recorren las calles marchando en nombre de reclamos sociales en algunos casos muy justos, pero sin trabajar.  Exponentes de la talla de Juan Grabois quedan en la mira del entrañable José Luis Perales: De dónde es, a qué dedica el tiempo libre, pregúntale.

No todo está perdido, mientras buena parte de la oposición trabaja sin pausa pero con prisa para que Macri sea reelegido el año que viene, todavía hay un peronismo que intenta rearmarse y lo hace bien, de a poco, con altibajos pero en pos de un armado nacional, federal y con cuadros políticos. Allí no todo es lo mismo y los más jóvenes lograrán satisfacer las ansias de una alternativa seductora si se despegan de los que ya han demostrado incapacidad de gestión. Es el caso De Diego Bossio, de quien no se puede denostar por falta de honestidad incluso brutal según recuerdan ex funcionarios de la senadora de Kirchner entre gritos y discusiones que nadie se animaba a plantea en Olivos en tiempos de AnSes. Si figura aglutina peronismo, su edad le permite soñar con los restos de Buenos Aires tras el tifón Daniel. Para eso, Bossio, Urtubey, Massa y otros dirigentes deberán sacarse de encima figuras que ya se ven en sepia, haciendo que actos modernos parezcan de manual de historia. Quizás el 17 de noviembre, día de la militancia, haya otra foto y se eviten presencias piantavotos. EL peronismo no Cristinista sigue pensando que el 70% de la argentina es opositora a Macri, que están en 22 puntos a nivel país y que la senadora de Kirchner sólo caerá en las encuestas hasta quedar fuera de un hipotético balotaje. Confirmación de los armadores a Perfil confiaron en ese esquema para llegar al poder.

Una vez más, Mauricio Macri deberá agradecer entonces a la oposición, o parte de ella, para lograr sortear sus propios errores o exigencias a la castigada clase media. Así, quienes tributan para que otros puedan manifestarse sin tributar pero destruyendo el espacio público, pueden volver tarde o esquivando piedras a sus casas, para pagar más impuestos, mantener más personas y esperar la próxima marcha, es decir, un día.

Columna publicada originalmente en Perfil.com

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