Salud

Las consecuencias en los niños que se convierten en fumadores pasivos

De qué se trata el humo de segunda y tercera mano y qué peligros genera en el chico

jueves 25 de octubre de 2018 - 7:40 am

Los riegos de que un chico se exponga al humo del cigarrillo cuando sus padres fuman se extienden más allá de la inhalación del humo porque, una vez que el cigarrillo se apaga, las sustancias tóxicas perduran en todo tipo de superficies, desde los muebles hasta las paredes.

El humo ambiental del tabaco (de segunda mano) que convierte a quienes no fuman en fumadores pasivos es un enemigo conocido por muchos, al igual que los daños que ocasiona en la salud, pero muy pocos saben que también existe el humo que no se ve, el llamado de tercera mano.

“Se trata de la mezcla invisible de gases y partículas que –una vez apagado el cigarrillo-, permanecen adheridas al pelo y la ropa de los fumadores, y quedan pegados a los muebles, tapizados, electrodomésticos, juguetes, etc. Estos materiales absorben las toxinas que se encuentran en el humo del tabaco y que se liberan gradualmente nuevamente. Los niños son los más perjudicados al estar en contacto con objetos que suelen poner en su boca y con superficies contaminadas cuando gatean o juegan en el piso”, indicó la pediatra Natalia Escobar.

Las sustancias tóxicas incluyen metales pesados, toxinas e incluso materiales radioactivos que pueden permanecer hasta dos semanas después de que se ha ventilado la habitación donde se estuvo fumando.

“Si los niños están expuestos al humo y/o partículas del cigarrillo, después de un cuadro viral (por ejemplo, la bronquiolitis) es muy probable que sigan sibilando, lo mismo ocurre con la gravedad en los cuadros de asma”, añadió.

Las principales consecuencias que el humo de tabaco -ya sea de segunda o tercera mano-, puede ocasionar en los niños son:

  • Caída de la función pulmonar.
  • Sibilancias.
  • Tos crónica.
  • Más episodios de asma.
  • Bronquitis.
  • Infecciones severas.
  • Neumonía.
  • Otitis.
  • También aumenta el riesgo de padecer el síndrome de muerte súbita del lactante, principal causa de muerte en el primer año de vida. El riesgo aumenta más en el caso de que la madre fume durante el embarazo.

“El monóxido de carbono, la nicotina y otras sustancias tóxicas (mercurio, cadmio o plomo, entre otros) pasan al feto a través de la placenta, reducen la llegada de oxígeno, aceleran su ritmo cardíaco y alteran el crecimiento y el desarrollo normal de algunos órganos como los pulmones. También disminuyen la circulación de sangre por la placenta, recibiendo el feto menos nutrientes, alterando así el desarrollo cognitivo e inmunológico y aumentando la predisposición a enfermar”, indicó la especialista.

Fuente: El tribuno

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