Música

El último concierto de B.B. King: la noche donde la emoción se fue

Un día como hoy de 2014, el padre del blues daba su última presentación en vivo. El show duró apenas unos minutos y debió ser suspendido por su delicado estado de salud. Murió siete meses después, a los 89 años

miércoles 3 de octubre de 2018 - 1:36 pm

Por Federico Rozanski

Medio desorientado, sonríe incómodo. Mueve su guitarra pero no la toca. Reparte algunas púas al público y mira a sus músicos, que continúan a la espera de su aparición. B.B. King toma fuerza y arranca tocando algunas notas débiles, aproximativas, vacilantes. Las definitivas jamás llegaron y el show fue suspendido. Ese 3 de octubre de 2014, el padre del blues dio su último concierto.

El parte médico reveló un cuadro de deshidratación y agotamiento. El cantante de 89 años sufría además de diabetes e hipertensión desde hacía más de una década y su salud se había deteriorado notablemente en el último tiempo. Luego del episodio fueron suspendidas las ocho presentaciones que le quedaban al tour.

La actuación de esa noche en The House of Blues (La casa del Blues) de Chicago marcó el fin de una exitosa carrera de más de 60 años en la que el oriundo de Misisipi dedicó su vida a predicar y popularizar el blues en todo Estados Unidos.

El documental inglés B.B. King: On the road, estrenado en mayo de este año, es la producción más novedosa sobre la vida del músico. Al igual que la premiada película B.B. King: The Life of Riley (2012), y con su mismo director, Jon Brewer, contiene apariciones de figuras como Buddy Guy, Carlos Santana, Bono y Eric Clapton, aunque el punto más destacable es que recupera los últimos años y la muerte del bluesman a través de sus compañeros de ruta. Su última presentación en vivo es narrada en detalle por sus protagonistas.

La noche del 3 de octubre quedó sellada en la memoria de sus músicos como una jornada de confusión y tristeza. Al respecto, el trompetista James “Boogaloo” Bolden, que acompañó a B.B. King durante 36 años desde 1978 hasta 2014, cuenta: “Él tenía que abrir y no salía del camarín. Tocamos un par de canciones más hasta que al fin salió al escenario”.

“La sala estaba llena de gente entusiasmada y no esperaba algo distinto a lo que siempre hacíamos”, suma Ernest “Cool Breeze” Vantrease, tecladista del blusero entre el 2000 y el 2014. “Sabía que no estaba bien. Cuando tomó su púa y rasgueó las cuerdas de su guitarra no hizo ningún sonido”.

James “Boogaloo” Bolden en el documental B.B. King: On The Road
James “Boogaloo” Bolden en el documental B.B. King: On The Road

“Todo fue de repente. Olvidó cómo tocar la guitarra. Eso es algo que jamás pensé que iba a pasar”, recuerda ‘Boogaloo’, que además confiesa que el guitarrista sufrió de demencia y Alzheimer, aunque jamás se los blanqueó de manera directa.

“Lo vi bajar la guitarra y ponerla en sus piernas boca abajo. Fue triste. La gente no sabía si era parte del espectáculo o era sólo lo que estaba pasando”, cuenta Vantrease.

“Se quitó a Lucille y la puso en el soporte. Se sentó y la miraba. Nunca lo había visto hacer eso. Estaba congelado, parado, apoyado sobre su rodilla derecha. Luego recuerdo que Boogaloo vino al escenario con una tolla y terminaron el concierto”, rememora Walter Riley King, hijo y saxofonista de B.B. “Estaba muy débil, sumamente débil”, añade.

Walter Ridley King en el documental B.B. King: On The Road
Walter Ridley King en el documental B.B. King: On The Road

“Recuerdo tener que tomar la guitarra y decirle que se había terminado”, cuenta Boogaloo. “Le dije: ‘Se terminó el espectáculo, ya está’. Él me dijo: ‘Está bien’, se despidió del público y se bajó del escenario. En el documental, el trompetista afirma que en ese momento, por primera vez desde que conoció a B.B., éste le reconoció “estar terminado”.

Esa noche, B.B. King comprendió que su carrera como músico, su larga travesía por la ruta que lo llevó a transformarse en el Rey del Blues, había terminado. Tiempo antes, en una entrevista decía: “Cuando empiece a sonar tan mal como creo que lo haré, cuando llegue a cierta edad, espero que esa pequeña campana en mi cabeza diga: ‘Es hora de parar’.

La campana llegó y dijo “basta”. En The thrill is gone, uno de los mayores éxitos de su carrera, el padre del blues cantaba “The thrill is gone away from me/Although I’ll still live on/But so lonely I’ll be” (“La emoción se ha ido lejos de mí/aunque todavía sigo mi vida/pero muy solo voy a estar”). Ese 3 de octubre la emoción se fue: B.B. King sonó en vivo por última vez.

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